
Los Miami Marlins le dijeron adiós al mánager Ozzie Guillén al término de la cuarta peor temporada de la franquicia en sus 19 años de existencia.
La noticia fue anunciada este martes por la dirección de los Marlins durante el encuentro de balance de la organización en Nueva York.
«Después de una exhaustiva consideración luego de la decepcionante temporada del 2012, hemos decidido despedir a Ozzie», dijo el director de operaciones, Larry Beinfest. «La búsqueda del nuevo mánager comenzará inmediatamente y nuestra esperanza es que el nuevo mánager, junto con las mejorías del róster del equipo, restaurarán en nuestro equipo una cultura ganadora”.
Fue una temporada tormentosa y digna de olvidar para el Guillén. No tuvo tregua. El equipo conformado con una inversión de $190 millones, la sexta nómina más alta entre los 30 equipos contendientes en la temporada que termina, se fue a pique, carente de bateo oportuno y devastado por la inefectividad de su pitcheo de relevo, y no paró hasta terminar en el sótano de la División Este de la Liga Nacional, con 69 victorias y 98 derrotas.
Solo en tres oportunidades anteriores los Marlins habían tenido temporadas más desastrosas: en 1998, tras el desmantelamiento del equipo que ganó la Serie Mundial (54-108), en 1993, el año inaugural de la franquicia (64-98), y en 1999 (64-98).
Un fiasco colosal
En el año de la apertura del nuevo estadio de La Pequeña Habana, construido a un costo de $615 millones de dólares, todos aguardaban por una temporada ganadora y grandiosa, pero el fiasco fue colosal. Guillén no sólo defraudó a la afición y tuvo roces de carácter con algunos jugadores, sino que también desató una tormenta política en la comunidad, apenas cinco días después de iniciada la temporada regular, a causa de unas controversiales declaraciones sobre Fidel Castro.
Con tales antecedentes, lo más sensato que ha hecho la gerencia de los Marlins es despedirlo. Le tendrán que pagar aún $7.5 millones pendientes de un contrato de $10 millones por cuatro años, pero no hay otra salida que salir de Guillén ahora, pasar la página y buscar otros nombres entre la abultada lista de entrenadores y ex jugadores con potencial de tomar las riendas de un equipo necesitado de confianza y estabilidad.
El despido de Guillén, de 48 años, implicará también la salida de otros asistentes y entrenadores de su equipo, y la obligada restructuración de la franquicia. Pero necesariamente tendrá que convertirse en un momento de meditación sobre cómo despejar el horizonte para los Marlins en su nueva era con estadio de estreno.
Es importante dejar claro que la decisión sobre Guillén nada tuvo que ver con el asunto de la presunta admiración a Fidel Castro, como algunos entrevistados en la televisión de Miami insinuaron. Si bien es cierto que algunas empresas patrocinadoras y usuarios de las franjas de publicidad del estadio habían manifestado malestar sobre la continuidad de Guillén al frente del equipo local, eso no fue la razón de la medida.
Arrepentimiento teatral
Lo mejor que sucedió con el absurdo incidente en torno a Fidel Castro -incluido el teatral arrepentimiento del mánager en conferencia de prensa- fue que se diluyó pronto y el boicot declarado por el grupito de agitadores de la Calle Ocho no tuvo eco en la comunidad, que llenó el estadio cada jornada, con promedios de asistencia por partido que superaron los 23,000 aficionados.
El desmonoramiento de la autoridad de Guillén provino de su incapacidad para nuclear el conjunto y hacerlo un consistente ganador.
Pero Guillén no fue el único culpable de esta debacle.
La gerencia de los Marlins falló también en su inversión, especialmente en el soberano paquete que significó la contratación de Heath Bell por $26 millones, el cerrador que hundió al equipo desde la misma arrancada del campeonato. Y a la vez dejó escapar una figura como el cubano Yoenis Céspedes después de tenerlo entre las manos.
Hace rato ya que la dirección de los Marlins tiene que entender que un equipo de Miami, ahora con un estadio en el corazón de La Pequeña Habana, amerita contar en sus filas con dos o tres peloteros cubanos de primera línea como parte de su imagen y atractivo emocional para su público natural en esta ciudad.
Para Jeffrey Loria y la cúpula al mando del equipo miamense, las negociaciones de invierno serán tan movidas como lo fueron las del año anterior, pero ahora tal vez con menos disponibilidad en la billetera y con la deuda que tendrán que pagarle al mánager saliente.
En el caso de Guillén, el primer mánager venezolano en dirigir en Grandes Ligas y el primer hispano en ganar una Serie Mundial en el 2005, un amargo adiós y ojalá que sus acostumbrada temeridad no lo lleven a cometer otros disparates a los que ya nos tiene acostumbrados.
Fidel Castro estaría dispuesto a recibirlo en sus plantaciones de moringa y hacerle el desagravio.
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