Eduardo del Llano: Lo que pasa es que el comandante no lo sabe

El cineasta y humorista Eduardo del Llano, conocido por sus cortometrajes satíricos sobre el acontecer cubano, reflexiona sobre una frase que ha recorrido durante años el sentimiento nacional  para justificar los errores y la ineficiencia en el país.

«Esa frase esa frase daba por natural y justa una estructuración social que convertía de facto en divina la intervención del poder supremo», comentó el artista en un texto publicado este lunes en su blog personal.

Del Llano, de 49 años, estrenó recientemente su película Vinci, que estuvo rodeada de una controversia tras ser excluida de competencia por los organizadores del XXXIII Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, el pasado diciembre.

El realizador fustigó entonces duramente al fundador del festival, el octogenario Alfredo Guevara, quien dijo que había que «sacarlo a cañonazos» de la dirección del evento.

Del Llano acaba de concluir el corto de ficción La verdad acerca del G-2, que ironiza sobre la realidad cubana a partir de la realización de un supuesto documental sobre grupos cubanos de rock. El material está circulando ya clandestinamente en Miami.

A continuación, CaféFuerte reproduce el texto de Del Llano sobre la socorrida frase popular.

LO QUE PASA ES QUE EL COMANDANTE NO LO SABE

Por Eduardo del Llano*

Lo tienen engañado, vaya.

En el imaginario popular, durante décadas, esa frase explicaba por qué sucedían cosas mal hechas y absurdas en la vida real: Fidel era bueno, él no permitiría nunca que ocurriera algo así, lo que pasa es que está en tantas cosas a la vez, pobrecito, que no se ha enterado de esto, en cuanto lo sepa ya verán como arregla y castiga.

Para empezar, esa frase daba por natural y justa una estructuración social que convertía de facto en divina la intervención del poder supremo. Con independencia de los méritos, en obra y pensamiento, que efectivamente convirtieron a Fidel en un líder cuyas decisiones mucha gente daba por infalibles (y, en consecuencia, acataba ciegamente) la anulación de los medios para la expresión impune del disenso, incluso del mero debate público dentro de una sociedad en perenne estado de excepción frente a la amenaza externa, la conversión paulatina en normal de lo que era emergente y debió ser provisorio, dio lugar al pensamiento inmovilista que hoy más que nunca nos está jodiendo la vida.

Ahora el daño está hecho, y se ha vuelto contra sus creadores: aunque el Gobierno jure por su madre que se puede y debe hablar libremente, que en verdad muchas cosas van a cambiar, la prensa, la policía, los funcionarios intermedios y la gente simplemente ya no saben cómo se hace eso.

En segundo lugar, esa frase implicaba la fe en que nada malo podría venir del hombre que encarnaba la Revolución, que la culpa era de otros. Por extensión, entonces, Fidel era el único Bueno con sello de garantía, el único capaz de otorgar a un hecho dado la condición de definitivo: sólo él orientaba las campañas y decidía cuándo detenerlas, distribuía los recursos y los retiraba, y eso no sólo a nivel macroeconómico, sino cada vez más hacia la sociedad profunda.

El funcionario intermedio pensaba: antes de decidir cualquier cosa es mejor consultarlo, para qué voy a ponerme en evidencia si en definitiva una sola palabra de arriba lo cambiaría todo. La gente pensaba: en cuanto Fidel termine con esto o aquello, seguro se ocupará de nuestro problema y pondrá las cosas en su lugar. Y Fidel pensaba… bueno, eso nadie más que él (Él) lo sabe.

Poniendo las cosas en contexto, el nacimiento de semejante fenómeno en los años tempranos de la Revolución era comprensible y casi inevitable: para el cubano de a pie, Fidel constituía el epítome del valor, la lucidez, la hombría, la dignidad, la voz que llamaba a repartir tierras, alfabetizar, ser un país libre. Un tipo así no se equivoca; es más, la gente no quiere que se equivoque. Pero el tiempo, los errores, la distancia creciente respecto a ese mismo ciudadano de a pie y el modelo soviético hicieron de las suyas.

Hoy nadie dice que esto o aquello ocurre porque Raúl no lo sabe.

*Cortesía del blog de Eduardo del Llano

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