
Los últimos movimientos en el tapete político de Cuba le han dado prominencia a un territorio pequeño y del cual se genera muy poca información de trascendencia nacional, pero que parece de importancia estratégica en los planes del actual gobernante Raúl Castro y de su segundo al mando, el vicepresidente Jose Ramón Machado Ventura, quienes han puesto sus ojos en la también conocida como Balcón del Oriente.
Las Tunas, como provincia representa solamente el seis por ciento de la superficie total de la isla y es la novena por su extensión, con una población de poco más de medio millón de personas, según las cifras de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE).
En lugar de la otrora poderosa industria azucarera hoy se consolida allí la producción de acero como su mejor reglón económico, gracias a la empresa ACINOX, dueña de jugosos contratos en todas las provincias del centro y oriente para proveer de materiales a la construcción, al turismo y otros sectores. Aunque como reconocen sus trabajadores, se ve afecta por el fatalismo geográfico a la hora de la gestión de materias primas, pues el gobierno prioriza Antillana de Acero, ubicada en La Habana y considerada el símbolo de esa rama.
Pero al analizar las jugadas de Raúl, llama la atención el ascenso a la élite de dos mujeres que han pasado a dirigir dos de las organizaciones políticas de mayor peso dentro del organigrama diseñado desde hace décadas para tener sometidos y controlados a los cubanos.
Desencanto y desidia
Yuniasky Crespo Baquero, de 35 años, fue promovida a finales de septiembre al frente de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) en sustitución de Liudmila Álamo Dueñas, oscuro personaje sin ningún tipo de protagonismo ni liderazgo, quien estuvo en ese puesto desde el 2009, y que según comentarios es señalada de no revertir el desencanto y desidia existente entre los pinos nuevos.
El otro cambio fue llamativo, pero de cierta manera esperado debido a la edad de la veterana dirigente comunista Yolanda Ferrer, quien cedió el mando de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) a Teresa Amarelle Boué, primera secretaria del Comité Provincial del Partido en Las Tunas.
En menos de dos semanas, una provincia hasta el momento sin la mayor resonancia política pasó de actor secundario a protagonista en la novela del totalitarismo criollo.
No hay que esforzarse mucho para reconocer que las decisiones de quienes dirigen las organizaciones en Cuba no las toman sus miembros, sino que se determinan desde el Buro Político como burla macabra a la llamada «democracia socialista». Lo interesante en este juego conocido es cómo las flamantes dirigentes son colocadas en estos nuevos puestos sin tener resultados en sus desempeños precedentes y, mucho menos, experiencia en el manejo de tan complicadas y burocráticas estructuras como lo son la FMC y la UJC a nivel nacional, llenas de Departamentos, “cuadros” y personal en su gran mayoría innecesario para el trabajo movilizativo y panfletario que realizan.
Entonces, si no tienen la experiencia del manejo de estas organizaciones a un nivel mayor que el territorial, y más en una provincia como Las Tunas, y sus respectivas gestiones son olvidables para los tuneros de a pie, ¿a qué se debe el ascenso?
Al analizar los pasos dados por cúpula gubernamental, es fácil percatarse que en la promoción de nuevas dirigentes a planos estelares no se persigue la entrada de mentes frescas e ideas renovadoras, sino de instrumentos fácilmente manejables y adaptables, como es de esperar en una Licenciada en Marxismo Leninismo y una graduada de Historia y Ciencias Sociales, adoctrinadas hasta la médula y repetidoras de consignas oficiales.
Ráfaga de verborrea
Para los que no habíamos visto en acción a estas sirenitas del castrismo, bastarían la entrevista publicada con Yuniaski en Juventud Rebelde semanas atrás y, particularmente, la intervencion de la Amarelle Boué en la Mesa Redonda de la Televisión Cubana del pasado jueves. Los decibeles de retórica vacía de esta última dejaron incluso impávido al mismísimo Randy Alonso, sometido a una imparable ráfaga de verborrea provinciana por la nueva dirigente femenina.
En segundo lugar, podríamos señalar que el propio hecho de ser extraídas de Las Tunas, donde hasta el momento no se han levantado rumores de grandes casos de corrupción ni otros escándalos gubernamentales, coloca a los dirigentes de este territorio en una mejor posición que sus colegas a la hora de ser mirados por el turbio lente del régimen, porque lo cierto es que cada promoción es más que estudiada y analizada, pensada y debatida.
Son demasiados fiascos con jóvenes dirigentes y va quedando poca gente en quien confiar, por tanto hay que medir bien el terreno que se pisa.
Por último, si una delegada de Majibacoa tiene la osadía de ir a los medios extranjeros y criticar la incompetencia gubernamental para solucionar un problema de su comunidad, si tiene la valentía de desnudar el esqueleto del moribundo socialismo tropical que busca eternizarse en el poder, como es el caso de Sirley Ávila León, no hay mejor imagen que ascender a puestos nacionales a dos de las implicadas más directas en el asunto. La lógica totalitaria es definitivamente aplastante: no hay mejor forma de neutralizar a esta esta intrépida vocera del pueblo que darle prominencia a quienes desde sus puestos provinciales no pudieron darle respuesta a sus preguntas.
¿Será Las Tunas la última cantera política que le queda al régimen? ¿Es este el único sitio de la providencia revolucionaria donde encontrar todavía dirigentes confiables, suficientemente dóciles como para avalar los cambios impulsados por el General Raúl?
Pensando en este aporte de Las Tunas a la nomenclatura del régimen, me quedo con la caldosa de Don Kike y Marina, que resulta mucho más digerible.