La preocupante velocidad de Aroldis Chapman

La preocupante velocidad de Aroldis Chapman Sin lanzar una sola entrada como abridor ni haber completado un tercio de juego, Aroldis Chapman está lesionado por otros 15 días, pero probablemente sea por más de dos semanas.

El hombre que recientemente tiró la bola más rápida (106 millas) en el béisbol de Grandes Ligas, afrontó tantas dificultades con su control, que el alto mando de los Rojos del Cincinnati lo envío a la nutrida relación de pitchers lesionados con inflamación en su hombro de lanzar.

Sucedió que en sus últimas cuatro presentaciones como relevista, el holguinero de 23 años  tiró solamente un inning y un tercio, permitió 10 carreras, regaló 12 boletos, solo ponchó a tres hombres y su efectividad total escaló hasta un pésimo 6.92.

Al respecto Bryan Price, entrenador de pitcheo del Cincinnati dijo: “ El afronta ahora problemas en la mecánica de los movimientos al lanzar, pero no tiene impedimentos físicos”.

No obstante, muchos seguidores del béisbol conocen que otros tiradores jóvenes -en sus ansias de sobresalir por rapidez más que por inteligencia- han visto sus facultades mermadas al querer mostrar velocidades superiores a los demás y callar luego a sus entrenadores las molestias del brazo de lanzar.

El año pasado debutó con los Nacionales de Washington el sensacional Stephen Strasburg, el más codicionado tirador joven de estos tiempos, pero su brazo se le lastimó seriamente con unas escasos 68 innings lanzados y hoy es una incógnita después de una operación.

Lesiones entre los supersónicos

También en la contienda pasada y con el mismo equipo estuvo el boricua Luis Atilano, quien duró media temporada con problemas en el codo. Tuvo que ir a la sala de cirugía. Comenzó este año en Doble A y en su segunda aparición le fabricaron nueve carreras con ocho imparables. Ya está lesionado nuevamente. Joel Zumaya que el 2006, tiró una pelota de 104 millas a Frank Thomas, ya ha pasado por lo mismo y la semana anterior volvió al quirófano.

Durante esta semana en el Big Show la lista de pitchers lesionados en el hombro se elevó a 17 y con otras dificultades en su brazo de tirar aparecen 39. Casi todos son jóvenes y la mayoría de ellos desea impactar con rectas imbateables.

“Ningún brazo es capaz de tirar pelotas a más de 100 millas por hora sin el peligro de caer en dificultades graves”, escribió Juan Vené, un veterano y experto columnista de béisbol en el diario venezolano El Carabobeño.

Y agregó: “Nolan Ryan, fue uno de los excepcionales, no solo por sus formidables condiciones físicas, sino también por cómo se cuidaba. Desde muy temprano perfeccionó una curva y enseguida un cambio que le permitió no utilizar todo su brazo en los envíos de velocidad”.

Nuestros abuelos recuerdan a Julio “Jiquí” Moreno en la década de los 40, que era un tirador muy rápido, pero su brazo tampoco era de hierro. También se lesionó, lo mismo que le ocurrió en la pelota cubana más reciente al camagüeyano Juan Pérez Pérez y al espirituano Maels Rodríguez, quien fue la última figura cubana en lanzar “bolas de fuego” de 100 millas y más, pero su carrera duró de 1999 al 2002.

Por la gran carpa han pasado relevistas como Robb Nen (Marlins), Rod Beck (San Francisco), Armando Benítez (Mets) y Eric Gagne (Dodgers), quienes dejaron pasmados a los que seguían la pistola de radar para observar sus disparos. Pero las historias más prolongadas desde el box las cumplieron Tom Glavine, Greg Maddux y Kenny Rogers utilizando otros lanzamientos, mezclados con bolas rectas de no más de 92 millas, y se cansaron de lanzar en Ligas Mayores con notables resultados.

No solo con velocidad se hace la fama

El famoso cirujano Lewis Yucum, quien ha realizado numerosas operaciones en brazos lesionados, comentó: “Creo que cuando un lanzador llega a Grandes Ligas, ya está en condiciones de entender que no necesita tirar excesivamente bolas rápidas. Para ser efectivo hay que perfeccionar la mecánica de lanzar y conseguir otros lanzamientos”.

Sería importante para Chapman, ahora que está bajo tratamiento y reposo, que se olvide de los titulares y las entrevistas acerca de su velocidad, que observe los juegos donde lanzan Roy Halladay, Cliff Lee, Tim Lincecum y Justin Verlander, cuatro estelares que trabajan alrededor de la zona de strike, sin pasar de las 95 millas.

El reposo deberá también ser momento para la meditación del lanzador, que evidentemente está todavía bajo los influjos emocionales del desarraigo cultural. Chapman tiene un carácter reservado y a veces poco comunicativo que es parte de su personalidad, pero las entrevistas que respondió en la pretemporada apuntaron hacia otras aristas propias de un hombre joven que busca aún su lugar en una sociedad y una cultura totalmente ajenas a las que conoció hasta los 21 años.

Al comenzar la temporada, Chapman no podía hablar inglés para la elemental comunicación con sus compañeros de equipo y seguía prendido de la televisión en español, disparándose entre cinco y siete telenovelas por día.

Dusty Baker, el mánager de los Rojos, lo definió hace poco como un muchacho callado y afable, pero no ocultó que Chapman les resulta a veces enigmático: «El es todavía un poco misterioso para nosotros, pienso. Uno está curioso acerca de su pasado, pero no puede forzarlo. Y uno sabe que está nostálgico aún por su tierra, porque Cuba es un lugar hermoso».

Para Aroldis Chapman, superar los escollos emocionales y ampliar su repertorio en Ligas Menores sería una de las opciones para mantenerse a flote durante mucho tiempo en el mejor béisbol del mundo y de paso proteger su contrato de más de $30 millones de dólares.

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