Jugando a la noria: Periodismo recalentado y refritos del FBI sobre espionaje cubano

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De la serie Spy vs Spy, de Antonio Prohías

Por Miguel Fernández Díaz

Un fantasma recorre en estos días el mundo cubano del exilio, con el aval del FBI.

El pasado 2 de septiembre, el FBI publicó un informe de cinco páginas sobre las labores de la Dirección de Inteligencia (DI) de Cuba en el ámbito académico de Estados Unidos.

El columnista sobre seguridad nacional en The Washington Times, Bill Gertz, comentó enseguida el informe, que Fox News reprodujo, mientras que ciertos sitios vinculados al tema cubano comenzaron a doblar campanas saludando que por fin el FBI sintonizaba con sus reclamos de detectar agentes castristas y estrategias para su reclutamiento.

Al parecer pasó inadvertido que el propio informe indica derivarse “en gran parte del desertor de la DI José Cohen”, específicamente de la monografía El servicio de inteligencia castrista y la comunidad académica norteamericana (2002), que Cohen publicó al amparo del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos (ICCAS) de la Universidad de Miami. Cohen escapó de Cuba durante la crisis de los balseros de 1994.

El colmo del refritaje

La conclusión del informe es más que sabida: “La academia ha sido y es un objetivo primordial de los servicios de inteligencia extranjeros, inclusive la DI cubana, [que] trabaja activamente en el mundo académico para reclutar agentes y apoyar operaciones de influencia. Infortunadamente, parte de lo que hace ideal el entorno académico para reforzar y compartir el conocimiento puede ayudar también a los esfuerzos de los servicios de inteligencia foráneos para lograr sus objetivos. No es probable que esta situación cambie, pero estar al tanto de los métodos usados para penetrar la academia puede servir de gran ayuda en la tarea de neutralizar los esfuerzos antes mencionados”.

Versiones sobre el informe replicaron y saltaron entre ciertos medios ocupados de cubrir -en ocasiones encubrir es un verbo más más preciso- los llamados asuntos cubanos.

La deformación de los criterios editoriales por pensar lo cubano en términos viciados sobre espionaje y otras asociaciones cercanas ha permitido que el informe del FBI siga su prolongado paseo por la blogosfera y los medios de comunicación, sin contextualización ni referencias que pongan en una perspectiva adecuada una información que ya resulta, al menos, desfasada y reiterativa sobre pormenores harto conocidos.

Considerar a estas alturas que la elaboración de un informe del FBI sobre los esfuerzos de Cuba para infiltrar universidades en este país es la constatación de las estrategias de La Habana para influir en la sociedad y la política estadounidense resulta una puerilidad sacada de un baúl de viejos clichés, con olor a naftalina.

La única constatación en este informe es que resume la monografía de Cohen y no aborda otras claves más allá de aquellas tocadas en ella hace más de una década.

Si se hiciera periodismo en serio -algo que cada vez va convirtiéndose en quimera en nuestros predios- debería sacarse a la luz por qué el FBI circuló ahora un resumen de dicha monografía, que es viejo material de estudio dentro de los círculos interesados en cómo los servicios de inteligencia cubanos penetran la academia estadounidense. Y todo parece indicar que la publicación del reporte da contracandela a la campaña de propaganda en torno a la liberación de los tres espías de la Red Avispa que aún permanecen encarcelados en Estados Unidos.

Daño colateral

Lejos de añadir algo sustantivo, algunos refritos recientes del cocinado informe han empeorado su propia identidad como documento de consulta. A los galimatías sobre el «chantaje y uso de los objetivos» y el embargo, se menciona que el informe cita en general centros académicos de Nueva York y Washington, sin mencionar a ninguno en particular.

Si se hiciera periodismo, deberían buscarse y citarse los centros específicos que se relacionan en la página 5 de la monografía de Cohen. Allí encontraríamos que la DI estudia “la situación operativa” por lo menos de “la Universidad de New York; Hunter College; Columbia University; American University; Georgetown University; Florida International University; Barry University; La Universidad de Miami; Harvad University; Yale University; la Universidad de Pensilvania; Berkely; MIT, etc”.

Este etcétera incluye la Universidad John Hopkins y su Escuela de Estudios Internacionales Avanzados, donde la agente de la DI Marta Rita Velázquez, alias Marta Rita Kviele o Bárbara, reclutó a quien sería la superespía de Castro en el Pentágono: Ana Belén Montes.

Para mejor contexto podríamos traer a colación el dictamen de Chris Simmons, teniente coronel (retirado) de la Agencia de Inteligencia para la Defensa (DIA), acerca de que, en la academia estadounidense, la DI “no puede reclutar a todos los que quisieran espiar [ni] tiene bastantes oficiales para atender la oferta de voluntarios a favor de Castro en el mercado del espionaje, [porque] hay muchísima gente ingenua que todavía profesa amor a la revolución cubana”.

Pero eso sería ya pedirle demasiado, casi una exquisitez profesional, a un periodismo sobre el tema cubano que está más preocupado por escandalizar, cautivar audiencias momentáneas, desatar ataques de pánico y revolver la noria del anticatrismo que en investigar y cumplir su plena función informativa.

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