¿Qué quieren ser de mayores?: Una burda campaña contra la Fábrica de Arte Cubano

A las autoridades gubernamentales no se les ocurrió otra cosa que apelar a viejas tácticas de los tiempos de la esclavitud, la plantación y el barracón: lanzar a la pelea a negros contra negros.

Por Rosa Marquetti*

Quienes dirigen la política cultural en Cuba deberían pedir como deseo de año nuevo que alguna fuerza divina les ayude a decidir qué quieren ser de mayores: si desean dejar alguna huella positiva de su gestión en la riquísima historia de nuestra música (para lo cual, parece que va siendo un poco tarde) o si lo que desean es pasar a esa historia como representantes de todo lo que es contrario al hecho cultural y a la libertad que el acto de la creación lleva implícita, siendo recordados como miembros destacados del destacamento pioneril «Amiguitos de Stalin».

La burda campaña urdida contra X Alfonso y la Fábrica de Arte Cubano (FAC), amplificando un incidente perfectamente solucionable por su dirección, asumiendo en declaración pública palabras y gestos grandilocuentes de dudosa credibilidad, no hace más que agregar otra raya al tigre y mostrar que cualquier cosa es más importante, incluso la prefiguración de una vendetta tropical, que mostrarse con vocación de servicio a los creadores y artistas, como servidores públicos que deberían ser, como función esencial, y no otra.

Lo ocurrido con el incidente FAC muestra también el limitado instrumental que tienen disponible para lidiar con un artista que ejerce su propio criterio. Tan limitados son esos recursos, que no se les ocurrió otra cosa que apelar a viejas tácticas de los tiempos de la esclavitud, la plantación y el barracón: lanzar a la pelea a negros contra negros. Entre lo más triste de ese saldo, la facilidad con que el activismo antirracista, desde posiciones honestas, cayó en la trampa que le tendieron. Porque muy ingenuos fueron si pensaron que sería genuino cualquier acompañamiento institucional. La exclusión siempre ha sido una política gubernamental. No olvidar la leyenda urbana según la cual un afamado trovador juró jamás pisar un hotel Meliá en Cuba, porque le fue negada la posibilidad de hospedarse con su entonces novia y pagando con su propio dinero en uno de ellos. No olvidar los cientos, o miles de casos en que, por decreto legal, personas negras y blancas han sido impedidas de acceder a hoteles por solo ser cubanas. Entonces, ¿a qué viene tanta hipocresía de fin de año?

Las instituciones culturales cubanas son las únicas en el mundo capaces de agraviar y hasta renunciar a algunas de las glorias mayores de su cultura. La adhesión a una idea política –fallida por demás– es más determinante que la obra creada, que la identidad defendida, que la cultura salvada por esos músicos. Y no escarmientan. Son la vergüenza ante el mundo que, por el contrario, venera y aprecia a esos artistas en su justa medida.

La obra construída por la familia Alfonso muestra una coherencia estremecedora en la defensa de nuestra ancestralidad africana y su reflejo en la música, sin duda uno de sus méritos mayores, junto al de haber creado un rock con sello de autenticidad, expresado precisamente, en la introducción y fusión de elementos yorubas, de inequívoca singularidad. FAC es probablemente el proyecto cultural inclusivo y diverso más exitoso, con una labor comunitaria sostenida y con numerosos reconocimientos internacionales que avalan su éxito y su pertinencia, incluso muy a pesar de las propias instituciones.

Hasta el momento en que escribo estas líneas, veo escasísimas reacciones por parte del gremio musical. Valdría la pena que los músicos pensaran qué tanto les está afectando o les afectará ese capitalismo salvaje y mafioso que se vislumbra un poco más acá del horizonte cubano, y que amaga con contaminar el espacio cultural. No tengo pruebas, pero tampoco dudas.

No sean ilusos: también vendrán por ustedes, como la famosa fábula, y no habrá ya quien pueda hablar para defenderlos o salvarlos.

**Investigadora e historiadora musical, autora de los libros biográficos Celia en Cuba (1925-1962) y Celia en el mundo (1962-2003). Este artículo fue publicado inicialmente en su perfil de Facebook y se publica en Café Fuerte con el consentimiento de la autora.

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