
Guillermo Alvarez Guedes es lo más parecido a la Naturaleza que he conocido en la especie humana. Si tuviera que escoger una palabra para definirlo sería esa: Natural.
Nada en él era forzado, nada en él era artificial, nada en él era falso, ni siquiera las mentiras, hasta el punto de que he llegado a creer que las verdaderas fuentes del humor y de la comedia son la franqueza y la espontaneidad. Eso aparte del talento, por supuesto, pero un talento tan descomunal como el suyo no habría podido sostenerse en algo mediocre como la envidia, el disimulo o la ambición sin escrúpulos, que encadenan al ser humano. Además, el talento puede sobrar, pero si falta la plenitud individual que da la libertad, se oxida.
Porque en él todo tenía mucho que ver con la libertad. De hecho, la vida y la obra de Alvarez Guedes deberían servirnos a todos para reconocer el valor de la libertad en la plenitud profesional e individual.
Contra la hueca grandilocuencia
Su estilo de comedia unipersonal parte de una reacción al colonialismo representado por el engolamiento y a la ampulosidad que veía desde niño en los actores de la radio salidos de la escena teatral española en aquella Cuba de los años 30 y 40. En general, todo el teatro vernáculo cubano es eso, una reacción burlona a la hueca grandilocuencia del acartonamiento y la solemnidad, pero Alvarez Guedes no se veía a sí mismo como parte de ese género bufo criollo, porque a él no le gustaba enmascararse, ni pintarse ni disfrazarse para hacer reír. De manera que había mucho de rebeldía en su actitud, manifestada de la mejor forma en que la rebeldía puede llegar a ser verdaderamente fructífera: sin violencia, sin aspavientos, sin alardes. Directo al pulmón.
Por ahí llegaba a la esencia de la gente y de las cosas, y se reía de todo y de todos. Hoy sus millones de admiradores recuerdan que grabó 32 discos de chistes, y nos referimos a ellos simplemente así, como los discos de chistes de Alvarez Guedes. Sin embargo, esas grabaciones están llenas de monólogos que figuran entre las más agudas penetraciones sociológicas que haya hecho un ser humano de sus semejantes sobre una base estrictamente empírica, a partir de la pura observación y de un análisis que también le debe mucho a la naturalidad. Ideas sencillas y comparaciones sencillas, dichas con sencillez y con claridad, no sólo para que las entienda bien el mayor número posible de personas, sino para abarcar más y para calar más profundo.
Desentrañar cómo somos
Cuando alguien se refiere a esa parte del pensamiento científico que no está basada en fórmulas ni en ecuaciones ni en esquemas; por ejemplo, cuando se dice que Mendeleiev vislumbró la tabla periódica en medio de un sueño, con la imaginación en su punto, o cuando Einstein llegó a la teoría de la relatividad gracias a una especie de embriaguez artística traducida en un fugaz atisbo del orden universal, se habla del mismo tipo de talento intelectual que ejercía Guillermo Alvarez Guedes para desentrañar cómo somos y por qué somos así. O sea, para hacer reír.
Creo que Alvarez Guedes llega a la esencia de nuestros trastornos individuales y sociales escudriñando sin pudor la medida en que cada individuo y cada grupo complica las cosas porque le conviene hacerlo para conseguir algo. Es como si al desenmascararnos con la evidencia de que las cosas son así de sencillas no nos quedara más remedio que reír nerviosamente, porque nos sorprende haciéndonos los listos o los tontos por conveniencia y nadie escapa al latigazo.
Suena el teléfono y la mujer le susurra a su hermana: “Dile que no estoy”, y ahí mismo la hijita piensa: “Coño, pero entonces para que le diste el número del teléfono”. Otra, cuando explica que Fidel Castro aprovechó como nadie la envidia con fines políticos, y señalando a los ricos les dijo a los pobres: “Yo no voy a subirlos a ustedes hasta donde están ellos; yo voy a bajarlos a ellos hasta donde están ustedes”.
Promotor de superestrellas
No debe sorprendernos que con su sello Producciones Gema, convertido luego en Gema Records, Guillermo Alvarez Guedes haya sido productor musical; por cierto, un pionero de la gran producción musical, pues la música popular cubana es el otro mundo donde la aparente simplicidad del producto esconde un ordenado y complejo enjambre de sencilleces.
Aquí entra también el asunto de la naturalidad. No es raro que alguien se deje admirar más por el que toca a Beethoven que por el que toca a Arsenio Rodríguez, a pesar de que el que toca a Beethoven se ve en aprietos para hacer bailar al público. La lista de las superestrellas que grabaron su primer disco con Alvarez Guedes va desde Bebo Valdés hasta Elena Burke, pasando por Chico O’Farril, Celeste Mendoza, la Orquesta Rumbavana, el Gran Combo de Puerto Rico…
Dudo que haya un cubano más grande que Guillermo Alvarez Guedes en el sentido de cómo nos une a todos, de aquí, de allá, de cualquier lugar. Por si hacía falta, ahí está otra prueba de su grandeza. La muerte no puede hacernos perder de vista lo mucho, muchísimo, que disfrutó la vida. Era un fuera de serie más allá del genio, porque estuvo siempre demasiado vivo, extremadamente alerta, y quizás de ahí haya salido en parte su desbordado talento para el humor.
Cuesta trabajo creer que haya muerto porque no podemos imaginarlo ajeno, y la muerte siempre es ajena hasta que se muere uno mismo.
Las honras fúnebres de Guillermo Alvarez Guedes comenzarán el jueves 1 de agosto con carácter privado para familiares y allegados, entre las 4 de la tarde y las 12 de la noche. Los servicios fúnebres estarán abiertos al público el viernes 2 de agosto desde las 12 del mediodía hasta las 2 de la tarde, el mismo horario en que salía al aire su programa radial «Aquí está Alvarez Guedes». El velorio tendrá lugar en la Funeraria Caballero Rivero Woodlawn, en 8200 SW Bird Road, en Miami.
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