Todo parece indicar que el pinareño Juan Miguel Miranda encontró la varita mágica para batear en Grandes Ligas. Durante el mes de abril, su desempeño con los Cascabeles de Arizona presagiaba que nuevamente iría de regreso a las Menores, pero un repunte vigoroso en mayo, le ha consolidado como dueño del mascotín.
En el primer mes de campaña bateó un enclenque 231 con nueve hits en 39 turnos y tuvo que compartir su posición con Xavier Nady y Rusell Branyan. Pero a Branyan, que era el de menos promedio y el de más edad (36 años), lo enviaron pronto a Triple A.
En los 10 últimos juegos, el nativo de Consolación del Sur, despachó 12 incogibles en 33 veces, para un excelente 364. Cuatro temporadas en sucursales y tres intentos con los Yankees de Nueva York parece ser que le maduraron lo suficiente como para descifrar ahora los incómodos pitcheos de la Gran Carpa en esta oportunidad.
Sus numeritos completos son 25 imparables en 96 apariciones al home, entre ellos cinco jonrones y 15 impulsadas.
Es un buen momento para Miranda y para los Cascabeles de Arizona, que llevan siete triunfos al hilo y se han metido en el primer lugar de la división Oeste de la Liga Nacional.
El paso de Iglesias
De muy provechosa se puede considerar la estancia temporal del torpedero José Iglesias en las Grandes Ligas con el uniforme de los Medias Rojas de Boston.
Llamado para cubrir la vacante de Marcos Scutaro por una lesión, el cubano estuvo aproximadamente un par de semanas como reemplazo del ahora titular Jed Lowrie. El ascenso de Iglesias en el béisbol profesional ha sido vertiginoso. Con 18 años integró el Cuba juvenil en el Mundial del 2008.
Su deseo de jugar pelota profesional, le obligó a escaparse antes del final del torneo y ya en mayo del 2011 le vimos en el mejor béisbol del mundo, con uno de los equipos de mayor jerarquía y tradición.
“Todos creemos que Iglesias tiene un futuro brillante aquí”, dijo Terry Francona, manager del Boston, cuando subieron al cubano. Y agregó: “Supongo que jugará en varias ocasiones, lo utilizaremos como reemplazo en la defensa y como corredor emergente”.
Y así fue. El habanero intervino en seis juegos y se desempeñó como si fuera un consagrado de su posición. El 10 de mayo corrió de emergente y anotó carrera, y en su primera vez al plato se ponchó. Al día siguiente contra el mismo conjunto actuó el juego completo. No logró hits en tres oportunidades, pero no es fácil para un novato conectarle a los lanzadores de Grandes Ligas.
A Iglesias lo regresaron al Pawtucket y trajeron en su lugar al también joven Drew Sutton, que tiene más experiencia y que es capaz de batear mucho más que el habanero. A Jed Lowrie, quien ha bateado como todo un consagrado nadie lo puede sentar en estos momentos, incluso si regresara Marcos Scutaro.
Iglesias, a quien muchos consideran con manos privilegiadas como las de Rey Ordóñez, le es necesario avanzar en la ofensiva ya que el conjunto de Boston tiene también en sus sucursales a otros prometedores novatos como son los dominicanos Oscar Tejeda y Vladimir Frías y los norteamericanos Ryan Dent, Jonathan Hee y Brent Dlugach.