Contra viento y marea, sobreponiéndose al reto que significa sostener una publicación sin otros recursos que la contribución personal y el entusiasmo profesional de sus gestores, Café Fuerte cumple hoy la heroica cifra de 15 años.
El sitio fue fundado el 5 de julio de 2010 por los periodistas Ivette Leyva y este servidor, con la colaboración inicial de los comentaristas deportivos Alberto Águila y Raúl Arce, todos residentes en Miami. Poco después se incorporó como reportero desde Cuba el periodista Daniel Palacios, quien hoy reside en Estados Unidos.
La idea era potenciar un espacio para la cobertura de asuntos cubanos, en la isla y en la diáspora, con un perfil editorial que abarcase temas generales desde una perspectiva de transparencia informativa y periodismo de rigor. Nada cubano nos debía ser ajeno, pero entender lo cubano significaba asumir los temas y problemas con la mayor amplitud y diversidad de fuentes y miradas, sin acallar ninguna voz por discordante que pudiera resultar. Estábamos en los umbrales del florecimiento de las redes sociales y aún no existían los influencers ni otras figuras del ecosistema mediático que, como el Diluvio, nos empañó a todos.
La página tomó su nombre de un proyecto radial que impulsamos en Miami, en 1995, un grupo de exiliados cubanos, y que sería conducido por los actores Magaly Agüero y Larry Villanueva, pero el programa nunca llegó a materializarse por las trabas financieras y las reticencias conceptuales de los ejecutivos radiales, que lo consideraron “demasiado irreverente”. Pero valga el recuerdo agradecido en esta ocasión, sobre todo para Magaly Agüero, que ya no nos acompaña.

El sitio se sufragó desde sus inicios exclusivamente con los recursos personales de los dos periodistas fundadores y se mantiene hasta la actualidad como un proyecto autofinanciado. Nunca recibió financiamiento o patrocinio de una entidad privada, pública o gubernamental, aunque el gobierno cubano y su maquinaria de reciclaje propagandístico se encargaron desde muy temprano en asignarnos fondos (¡esa obsesión reverberante con el dinero de los demás!) que nunca existieron.
Durante este largo trecho, Café Fuerte perseveró como un grupo de colaboradores y amigos con intereses comunes que enviaron reportes noticiosos y artículos de opinión sin cobrar un centavo. Para todos ellos, nuestro agradecimiento más entrañable. Ha sido realmente una proeza, con distintas etapas de intensidad y oscilación en la producción de materiales, debido a otras responsabilidades laborales que en distintos momentos debieron sortear sus editores. Sostenerse en la precariedad ha constituido su sello de identidad en estos 15 años.
Hoy, justamente cuando me preguntan sobre “el equipo” que hace Café Fuerte, sonrío y me remito a parafrasear la definición de Flaubert sobre Madame Bovary: “Café Fuerte soy yo”. Quisiera poder contar con ese team maravilloso que hiciéramos la publicación en contacto creativo permanente, pero por el momento me dedico a asumir íntegramente la producción y edición de lo que se publica en el sitio, así como la promoción en redes sociales, y los programas MESA DE INMIGRACIÓN y JUSTICIA Y LEY que conduzco semanalmente por el canal de YouTube, con el aporte invaluable de los abogados Willy Allen y Julia Kefalinos, y la asistencia del colega Ismael Requejo.
Lo que nos ha guiado en este empeño harto laborioso es nuestro compromiso con el periodismo, convencidos de que se trata de una misión de servicio público de alta trascendencia para la cultura de un país y sus relaciones con el mundo. Sin pretensiones excesivas, pero con determinación profesional, pretendemos que Café Fuerte sea un espacio de confluencias, con amplitud de enfoques y diversidad de aproximaciones a los asuntos que conciernen a Cuba y los cubanos, abierto a temas y problemáticas relegados con frecuencia en las publicaciones dedicadas al acontecer cubano.
Defender los valores tradicionales del ejercicio periodístico es en nuestros días una faena a contracorriente en un ámbito de circulación de contenidos que ha trastocado las esencias informativas, los hechos y la deontología de la profesión en un escenario de indolente improvisación, donde la chapucería, la banalidad y el desconocimiento parecen ser los atributos de legitimidad para ganar audiencias y seguidores.
¿Tiene posibilidad de reivindicarse la profesión periodística en este ambiente degradado, donde los credos políticos y el fanatismo más desconcertante están imponiendo sus credenciales por encima de cualquier actividad razonada y pertinente?
No solo es posible, sino que es una necesidad perentoria para adecentar nuestros consumos informativos y pavimentar un camino de rescate y sedimentación cultural para el futuro, que hoy parece condenado a la insensatez y la incomunicación, por muy tecnológicamente conectados que estemos.
En La estrategia de la ilusión, Umberto Eco nos alertó sobre la responsabilidad peculiar del periodismo bajo el reto de la inmediatez en tiempos modernos. En el discurso periodístico la responsabilidad no es menor que en el discurso científico por el hecho de emitir hipótesis profesionales. Por el contrario, “es también hacer política correr el riesgo del juicio inmediato, de la apuesta cotidiana, y hablar cuando se tiene el deber moral de hacerlo, y no cuando se tiene la certeza (o la esperanza) teórica de hacerlo bien”.
El periodismo que estamos urgidos de hacer es ese y no otro. El ejercicio que hacemos parte de la convicción esencial de que la relación entre medios de comunicación y sociedad, es decir, nosotros, es impensable por fuera del terreno de lo político, y hay que asumirlo así con todo rigor en esta hora amarga tanto para el periodismo como para la política, si es que pretendemos salvar a ambos.
Lo otro elemental que no podemos olvidar –y Café Fuerte quiso tenerlo presente desde su nacimiento- es que a menos que sepamos cómo reconocer a la gente, según ven, sienten y experimentan el mundo, en Cuba, en Miami o en la diáspora, no seremos nunca capaces de ayudarlos a reconocerse a sí mismos y a mejorarse como ciudadanos actuantes en el lugar donde se insertan. Sin esa sensibilidad fundamental para interpretar las señales de nuestra cotidianidad y los signos de la calle, el periodismo y la comunicación suelen ser rutinas inservibles.
Me permito al final una nota estrictamente personal. El aniversario de Café Fuerte coincide con otra fecha importante de mi trayectoria profesional. Hace 50 años, siendo aún un adolescente, publiqué una brevísima nota en la sección de corresponsales deportivos del diario villaclareño Vanguardia, y comencé a hacer mis primeras incursiones en la programación deportiva de Radio Sancti Spíritus, ayudado por la extrema generosidad de Alberto Águila y del inolvidable Arnaldo Prado Zúñiga, allá por el ya lejano 1975.
Desde entonces no me he podido separar de esta profesión, en la que me he desempeñado en casi todo, pero que enfrento con la humildad de que cada día nos reserva un nuevo aprendizaje. Sigo apegado al periodismo y ahora volcado en Café Fuerte con la modesta aspiración de proporcionar una alternativa de comunicación y una voz auténtica en el panorama de la prensa independiente, comprometido a defender el pluralismo, la participación y la transparencia informativa que deberán ser los pilares del periodismo en una Cuba democrática.
Gracias por seguir y compartir Café Fuerte. Seguiremos apostando por las noticias más completas, las opiniones más diversas y las verdades menos imperfectas. Y, como se comprenderá, queda mucho por hacer todavía.