
Monseñor Agustín Román, Obispo Emérito de Miami, legó $60 mil dólares de su testamento a la Diócesis de Matanzas, en el occidente cubano.
Román falleció a los 83 años el pasado 11 de abril. El dinero se le envió a monseñor Manuel de Céspedes, obispo de Matanzas.
«El obispo Román fue ordenado sacerdote de la Diócesis de Matanzas en 1959. Siempre mantuvo un gran amor por Cuba y, en especial, por la provincia de Matanzas. Durante su vida, apoyó generosamente a la Iglesia de Cuba, y ahora, después de su muerte, sigue apoyando a la Iglesia de Cuba. Este legado del obispo Román a la diócesis de su bautismo, ilustra el tema de la gran celebración jubilar del 400 aniversario de Nuestra Señora de la Caridad: A Jesús por María: La caridad nos une», dijo en una declaración el Arzobispo Thomas Wenski, quien encabeza la Arquidiócesis de Miami.
Wenski es el ejecutor del testamento de Román. La Arquidiócesis de Miami dijo que otras donaciones establecidas por voluntad de Román serán dadas a conocer próximamente.
Vínculos sentimentales con Matanzas
Los vínculos de Román con la Diócesis de Matanzas se remontan a su formación sacerdotal, que comenzó en el Seminario San Alberto Magno, en la ciudad de Colón. Fue ordenado como sacerdote el 5 de julio de 1959 y resultó asignado a la Diócesis de Matanzas, donde ejerció su labor pastoral en las parroquias de Coliseo-Lagunillas y Pedro Betancourt. En esa provincia se hallaba realizado su labor pastoral cuando sobrevino el conflicto entre la Iglesia Católica y el régimen de Fidel Castro.
Román fue expulsado de Cuba el 17 de septiembre de 1961, junto con otros 132 sacerdotes cubanos. Llegó a la Arquidiócesis de Miami en 1966, después de ejercer su ministerio en Chile, y centavo a centavo, lideró la recaudación de fondos para construir la Ermita de la Caridad, que se ha convertido en santuario de los exiliados cubanos y la comunidad católica del sur de la Florida.
Fue ordenado Obispo Auxiliar para la Arquidiócesis de Miami el 24 de marzo de 1979. En el 2003 presentó su renuncia como Obispo Auxiliar, pero se mantuvo activo en el Santuario y en la Arquidiócesis hasta su muerte. Nunca pudo regresar como sacerdote a su Cuba natal.
Cuando en una ocasión se refirieron a él como “un héroe” por sus exitosas gestiones para poner fin a un motín dentro de una cárcel, el obispo Román respondió con humildad: “Un obispo, un sacerdote, es un servidor, no un héroe».
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