
REFLEXIONANDO SOBRE EL CINE CUBANO ACTUAL
Propuesta de los cineastas cubanos presentada ante el Congreso de la UNEAC 2008
El aumento de la producción cinematográfica, vinculado a obligaciones de eficiencia económica y organizativas para su propia subsistencia, debe asumir la fundamental incidencia que tiene en su consecución poner en práctica formas diferentes de producción que estimulen y capten el interés y motivación artística real de todos , pero en particular de las generaciones de creadores más jóvenes.
Este objetivo debe atender, de manera prioritaria, la presencia práctica de los aportes revolucionarios de las nuevas tecnologías, con sus incuestionables capacidades facilitadoras de los procesos productivos audiovisuales. Encontrar estas distintas vías para agilizar y favorecer la creación cinematográfica en Cuba es una necesidad no sólo cultural, artística y económica, sino ante todo política.
Hay que estar conscientes de que en el mundo globalizado de hoy, como señalara Julio García Espinosa, un país sin imagen es prácticamente un país inexistente, al que otros con intereses espurios se encargan de diseñarle una imagen deformada. La garantía objetiva de que la imagen auténtica de la vida y la Revolución en esta Isla continuará expandiéndose en su irreductible y hermosa complejidad, repercutiendo a nivel internacional a través del cine en sus múltiples formas, refrendada por sus profundas posibilidades de impacto artístico y no por la superficialidad engañosa de la propaganda fácil y reiterativa, reside en que los más jóvenes continuadores de este legado artístico encuentren en el ICAIC, como lo hallaron aquellas generaciones fundadoras, el apoyo y el estímulo creador a sus aspiraciones, audacias, sueños y anhelos artísticos. Y que no se sientan menguados por rémoras burocráticas o injustamente valorados, sino por el contrario motivados en su voluntad de participar junto a una institución que demuestre una flexibilidad responsable, asumiendo su papel rector y dirigente con la capacidad viva y dialéctica de cambiar lo que requiera ser cambiado, como única garantía de una autoridad que proviene del prestigio y la eficacia de sus aportes y genuino apoyo al desarrollo cinematográfico y no de decisiones administrativas y unilaterales.
Por eso, para que nuestra Cultura, Identidad y Revolución continúen presentes en el globalizado universo audiovisual contemporáneo, con la gran responsabilidad que implica todo decidido ejercicio de la libertad creadora -parafraseando a Marinello- tenemos que avanzar hacia modos más adecuados y menos conservadores en la producción cinematográfica, que nos permitan alcanzar estos impostergables objetivos.
Estas notas constituyen, y así deben ser apreciadas, la continuación de numerosas provocaciones que, en los últimos años y a través de diferentes instancias, han intentado motivar la reflexión sobre las principales problemáticas que afectan el desarrollo de la industria audiovisual cubana. El objetivo que se persigue con las mismas es asegurar la continuidad de los procesos que caracterizan el desarrollo de los sub-sectores de la industria audiovisual, adecuándolos a las condiciones actuales de nuestro país.
A partir de su creación en 1959, el ICAIC recibió la encomienda de crear una cinematografía nacional, acompañada de una sólida industria, concentrando sus esfuerzos en la formación de su personal artístico y técnico, al tiempo que dotaba a nuestra institución del equipamiento adecuado. A pocos años de creado, el ICAIC alcanzó a ser una industria reconocida por sus valores artísticos, diversidad y profesionalidad, méritos logrados a partir de su capacidad para convocar el talento del país en las más variadas manifestaciones y de conformación como industria consecuentemente dotada desde el punto de vista tecnológico. Arte e industria encontraron, en esos primeros años, una extraordinaria comunión.
Disímiles son las variables que han ejercido su influencia en la industria audiovisual de nuestro país en la última década, y señalamos, “industria audiovisual”, pues, casi imposible resulta, en las actuales circunstancias tecnológicas y globalizadas, referirse a la existencia de una industria únicamente cinematográfica, y mucho menos poner solamente el acento en el sector productivo, el cual depende en gran medida del vínculo que se establezca con los eslabones de la distribución y la exhibición.
ENTORNO ACTUAL DE LA PRODUCCION AUDIOVISUAL CUBANA
En su ultima década el ICAIC ha concentrado todas sus fuerzas en preservar el Cine Cubano mediante la implementación de alternativas de trabajo, que pese a adversidades internas y externas, le garanticen su identidad y lealtad a los principios que lo vieron nacer, y los medios indispensables para su subsistencia, en pos de continuar desarrollándose en nuevas generaciones.
Este quehacer se inserta en una realidad socioeconómica que sufre transformaciones importantes. La situación de Período Especial que ha caracterizado la economía cubana a partir de los noventa, al igual que al resto de los sectores del país, afectó la industria audiovisual en su aspecto productivo, financiero y tecnológico.
Industria
En términos generales es imprescindible reconocer el considerable atraso técnico y tecnológico en que se encuentra nuestra industria, la obsolescencia de gran parte del equipamiento, sobreexplotado durante más de veinticinco años, con un parque de elevado consumo energético, y en la mayoría de los casos con departamentos que, para su alta técnica, requieren de grandes gastos por concepto de mantenimiento o reparaciones constantes.
En los últimos años el ICAIC ha destinado una parte importante de sus propios ingresos a la renovación (aunque muy modesta) de áreas fundamentales del proceso productivo (iluminación, cámaras, etc.), y se encuentra actualmente enfrascado en la recuperación de su laboratorio.
La capacidad productiva del Cine Cubano estaba diseñada para asumir alrededor de 12 largometrajes de ficción al año (a razón de cuatro simultáneos), capacidad que ha disminuido considerablemente hasta esta fecha, en la que solo podemos asumir dos largometrajes (sin importar si es cine o video) a la vez, y aún así se requiere de grandes esfuerzos, inventiva e imaginación, por la deplorable situación técnica actual de la industria y desequilibrios en las diversas áreas que intervienen en los procesos productivos.
El ICAIC está obligado a subarrendar servicios y equipos (transporte ligero y pesado, plantas generadoras, cámaras y accesorios, iluminación y procesos de laboratorio, por citar algunas áreas de las más carentes) por no disponer de recursos propios. Ello trae aparejado elevados costos e importantes erogaciones financieras que, dada la inmediatez con que muchas veces se requiere en una producción, no son reinvertidas en la renovación del parque industrial, lo cual beneficiaría con carácter permanente nuestra capacidad productiva y competitividad a escala internacional.
Talento artístico y personal técnico
La drástica disminución de la producción nacional en la década de los noventa, trajo como consecuencia (junto a factores tales como la ausencia de sistemas de pago adecuados, el esquema de calificadores de cargo y un sistema de vinculación laboral obsoleto) que una considerable parte de nuestros artistas tendiesen a buscar otras alternativas de subsistencia dentro y fuera del país, teniendo incluso que sustituir transitoriamente sus prácticas profesionales por otras actividades.
Si bien no puede dejar de reconocerse que el sistema de retribución en divisas aprobado en el año 1998 para el personal artístico y técnico, así como mecanismos tales como la Agencia de Representación de Autores Audiovisuales, contribuyeron a brindar una salida a estas situaciones, y permitieron implementar sistemas de pago más beneficiosos y compensatorios para los mismos, se debe considerar seriamente que, a casi diez años de su establecimiento, dicho sistema debe ser revisado a fondo.
En el caso específico de las Agencias (que surgieron como una forma de intermediar en los pagos en divisas, dada la imposibilidad de concretar pagos directos entre las Instituciones productoras y los creadores como personas naturales) son hoy fuertemente criticadas por su papel meramente instrumental. La Agencia en estos momentos constituye, o bien un elemento de pérdida en su compensación económica al creador, o un encarecimiento en términos financieros de las contrataciones que realiza la entidad productora, al tener que incrementar la cantidad pactada con el creador en la suma que constituya la comisión de la agencia, como forma de que no le sea descontada esta cantidad al artista del dinero que efectivamente recibe.
En cuanto al personal técnico, aunque ha mantenido un comportamiento más estable debido a los servicios a compañías extranjeras que incrementan el volumen total de la producción, se manifiesta desequilibrio al existir áreas que no son empleadas en dichos servicios. Por lo tanto, se dan las mismas consecuencias enunciadas anteriormente con el talento artístico. Fotografía, Sonido y Edición, entre otras, son afectadas en este sentido.
Un aspecto que nos preocupa es el de la inserción de los jóvenes. Toda la situación de crisis productiva y económica que atravesamos en los últimos años también se expresó en la falta de posibilidades de inserción y formación de jóvenes desde la propia industria, tanto realizadores como personal técnico; con el consecuente envejecimiento de nuestro cine. El hecho de que aún no recuperamos determinadas cifras de producción se manifiesta como un círculo cerrado en el que cada consecuencia es causa de otra que desencadena nuevamente en la primera.
La edad promedio actual de nuestro talento artístico y técnico fundamental oscila los cincuenta años. La industria audiovisual exige de sus técnicos una alta y permanente calificación, así como un conocimiento especializado de las nuevas tendencias internacionales en el sector audiovisual y de la comunicación. Estas cualidades requieren además de años de formación, especialización y dedicación al trabajo.
La producción propia del ICAIC y la producción externa
Durante mucho tiempo, el ICAIC fue el principal impulsor de mecanismos que funcionaran como barreras protectoras para la industria cinematográfica en Cuba.
En los primeros años del desarrollo del Cine Cubano el ICAIC se dio a la tarea de crear una sólida industria, concentrando sus esfuerzos en dotar a nuestra institución del equipamiento adecuado, en el desarrollo de sus creadores y en la formación de su personal técnico, consiguiendo ser una industria ampliamente reconocida por su profesionalidad, lograda a partir de un talento y una capacidad probada.
La adopción de esquemas de producción más adecuados a países con un cine industrial de grandes recursos financieros marcó un estilo y ciertamente contribuyó, en su momento, a que nuestra industria se fortaleciera y evolucionara. Sin embargo, con el advenimiento de la crisis económica, más allá de la adopción de las coproducciones como alternativa para afrontar los problemas de disponibilidad financiera, no hemos sido capaces de adaptar nuestras estructuras de producción a la realidad del país y de nuestro entorno audiovisual.
Llegamos a la actualidad con presupuestos que consumen el cincuenta por ciento de sus erogaciones financieras en partidas como alimentación, transporte y combustible. Si a ello sumamos factores como la escasez, la fuga de talentos; los rígidos e inflexibles métodos de calificadores de cargos y evaluaciones, entre otros, vemos cómo estamos ante un macrosistema que necesita ser reenfocado de forma tal que no cree desajustes y diferencias en las propias estructuras de producción, pues de lo contrario nos encontramos ante el hecho de que nuestra industria cinematográfica corra el peligro de verse cada vez más empobrecida.
Estrechamente unido a lo anterior, enfrentamos el hecho de que hemos generado cargadas estructuras de producción, con exceso de personal y lentitud en su capacidad de respuesta, deformada por años de Institucionalización y centralización excesiva, lo que ha provocado mecanismos mentales en las decisiones superiores, falta de iniciativa y audacia que al final devienen en una desidia palpable. Estructuras organizativas pesadas que tienden a la atención de varias actividades, lo que impide una mayor concentración en la responsabilidad fundamental de cada área y el desarrollo eficiente de las mismas.
Mientras esto ocurría, y sin mayor afectación desde el punto de vista económico para la industria, se fueron desarrollando grupos de producción independientes que asumieron este tipo de actividades con una flexibilidad en sus relaciones económicas y de contratación con personas naturales, e incluso entidades estatales, que no le está permitida al ICAIC.
Vista esta realidad, está claro que se impone un profundo estudio de la situación de nuestra industria audiovisual, que comprenda su análisis perspectivo y su modernización en todos los sentidos, de acuerdo con las circunstancias reales, las que por demás, lejos de mejorar, parecen intensificarse. Consideramos que ha llegado el momento de sistematizar el concepto de la diversificación de las formas de estructuración de la producción nacional, mediante la introducción de nuevos formatos.
Debemos tener en cuenta que la producción audiovisual (y la cinematográfica dentro de ella) es una maquinaria sumamente compleja y costosa que, a diferencia de otras expresiones artísticas, requiere de muchos elementos durante un período generalmente muy largo. Es también una apuesta permanente contra la incertidumbre. Una película que en el papel augura una obra maestra puede convertirse con frecuencia en una cinta fallida y viceversa. No es misterio ni azar, sino la especificidad de una industria cuyo producto final es obra colectiva.
En el año 2004 tuvimos una primera experiencia en este sentido, al realizar con tres jóvenes como directores un largometraje compuesto por tres cortos, dentro de un esquema de producción absolutamente por encargo, y con cifras de presupuesto pre acordadas.
A partir de ahí, y utilizando las propias estructuras con que contaban estos realizadores, diseñamos un esquema de producción que pretendía optimizar al máximo los recursos de la institución y las aportaciones de los realizadores- coproductores, los tiempos de las distintas fases, sin perder de vista en ningún momento la calidad artística.
De manera general, consideramos que la experiencia resultó favorable para aquel momento. Nos referimos a tiempos de realización, costos (incluye la participación económica de los realizadores en la producción, a partir de la aportación de recursos propios), equipo técnico vinculado a la producción, flexibilización y búsqueda de soluciones más prácticas y menos gravosas a los distintos problema que fueron surgiendo durante todo el proceso de producción, y lo más importante, la existencia en estos tres realizadores de talento y dominio de las técnicas y posibilidades del lenguaje audiovisual. Permitió probarse igualmente, a jóvenes con un alto nivel de profesionalidad y posibilidades, como fotógrafos, sonido, e incluso en el ámbito de la dirección de producción.
Contribuyó especialmente a esto el hecho de que se vinculó en esta producción, personal muy experimentado del ICAIC con jóvenes que por primera vez trabajan en un proyecto de ficción, pero que llevan tiempo trabajando en grupos de producción que centran su labor esencial en el mundo de la publicidad y el video clip, y que tuvieron una muy buena relación de colaboración y trabajo conjunto.
Hay aspectos que deben ser estudiados y mejorados, para preverse de otra manera en experiencias futuras. La realización de la obra, en régimen de coproducción, o simplemente bajo el régimen del encargo, debe transformarse en una relación que se exprese en términos claros y transparentes. De lo contrario solo se está enmascarando la verdadera naturaleza de la relación en el establecimiento de subterfugios y variantes que evaden limitaciones en estas relaciones, artísticas y económicas.
Consideramos igualmente que no debe entenderse solo como una alternativa para los jóvenes, sino más bien una alternativa para la producción nacional en general. Siempre debe triunfar el mejor proyecto y debe garantizársele un espacio a los mejores talentos, debutantes o consagrados. Irrenunciable debe ser el carácter de vanguardia rectora del ICAIC. Su misión fundamental, enunciada hace ya medio siglo, debe seguir siendo la de propiciar la continuidad de un cine auténticamente nacional y la formación de un nuevo público.
La creación de estructuras y mecanismos de producción nuevos, donde se reconozcan los cambios en un importante grupo de variables del entorno macro y micro económico de la realidad nacional, se impone como un camino a recorrer en virtud de reacondicionar la industria audiovisual a las nuevas condiciones. Esto no significa desregulación o contradicción con las normas que rigen las diversas actividades, desde el punto de vista creativo y económico, sino su evaluación y adecuación a la situación actual, también diseñando fórmulas para estimular la necesaria colaboración entre los diferentes actores que intervienen en estos procesos.
Lo anterior implica, ineludiblemente, el reconocimiento de un sector audiovisual productivo, muchas veces equipado con mejor tecnología que la del ICAIC, que se desarrolla de manera paralela, ya no como intrusismo profesional o bajo la equívoca denominación de independientes, sino como complemento o aliado a la cultura nacional, le brindaría al ICAIC, y con ello al Cine Cubano, posibilidades de desarrollo aún no exploradas.
El bajo nivel de la producción del ICAIC frena la inserción de jóvenes profesionales en nuestra industria, y la falta de alternativas concretas dentro de ella, y ha determinado que muchos jóvenes hayan optado por buscar sus oportunidades fuera del ICAIC, e incluso fuera de nuestro país, encontrando además relaciones económicas y una forma de retribución más satisfactoria para las necesidades que impone la realidad actual del país.
No pueden dejar de reconocerse esfuerzos como las Muestras de Cine Joven, el otorgamiento de becas e incluso la creación de un área específicamente dedicada al trabajo con los jóvenes. Aunque la solución principal del problema pasa claramente por el aumento de nuestro número de producciones, y con ello la existencia de posibilidades concretas de ocupación e intercambio entre los más experimentados y los talentos que surgen, a la vez que su oportunidad de demostrar realmente sus capacidades. En esa dirección, creemos que pueden darse algunos pasos que contribuyan a reencausar el problema y su apertura a verdaderas soluciones a la luz de las condiciones actuales.
En estos momentos ya no resulta válido intentar medidas que limiten el surgimiento de nuevas formas de producción, pues de hecho ya existen. Debemos incorporarnos a una realidad que está ahí, y de la que, en todo caso, debemos tomar lo que puede enriquecer y renovar nuestras viejas estructuras.
Los nuevos formatos tecnológicos, e incluso los nuevos canales de difusión permiten disminuir gastos, agilizar procesos, obtener un buen resultado artístico y acceder a un público global. Brindan una oportunidad a los jóvenes creadores que en la actualidad pierden años en consumar su primer proyecto por medios tradicionales, sin dejar de mencionar el ejercicio de formación que les supone abordar estos formatos.
Adoptar esta realidad ofrece más ventajas que dificultades y más posibilidades de acceso a nuestros creadores y profesionales. En todo caso, lo que debe ser la meta de los caminos a emprender, es que los recursos sean más racionalmente utilizados, con mayores posibilidades de reflejarse en la obra, quedando libres de la aberración estructural de una industria que obliga, como ya mencionamos antes, a destinar la mitad de un presupuesto en alimentos, transporte, combustible y otros elementos, aspectos que no enriquecen el resultado de “lo que se ve en la pantalla”.
La exhibición
La gran importancia del sector audiovisual radica en su doble condición: cultural y económica. La producción cinematográfica nacional es esencial para la defensa y desarrollo de la identidad cultural y es una potente herramienta para la promoción de la imagen-país y de su identidad.
La del entretenimiento es también una industria de carácter estratégico y se ha convertido en las dos últimas décadas en la industria de mayor crecimiento en el mundo, sustancialmente a partir de la explosiva multiplicación de oferta de exhibición de las películas por diferentes medios y formatos.
Importante resulta tomar en cuenta que, no pocas veces, la disminución de los gastos en la producción, y su correspondiente y natural recuperación en la exhibición, resulta contradictoria. A veces, visto el deterioro de las salas de cine, lo obsoleto de su equipamiento y lo anticuado del estilo en que se desarrolla este tipo de actividad en nuestro país, pareciera que nuestros exhibidores, descansaran únicamente en la voluntad estatal de subsidio de la entrada en taquilla para que sea accesible a toda la población, y no tuvieran en cuenta la motivación de las ganancias.
La realidad hoy día apunta a una proyección digital que gana en presencia en todo el mundo, y lo hace desde estándares de calidad (proyecciones de 2 y 4K) que nada tienen que ver con los lamentables parámetros de proyección digital que padecemos a partir de equipos “cuasi” caseros instalados, incluso, en nuestros más prestigiosos cines de estreno. Parte del éxodo del público de nuestras salas está dado porque esas mismas películas las pueden ver con mayor calidad en sus casas. Esto supone el pago de un precio particularmente elevado para el cine nacional. Una película cubana en un circuito de estreno es un suceso de enorme trascendencia cultural que debe cuidarse al máximo.
PROPUESTAS
Adopción por parte del ICAIC de nuevos y diversificados formatos de producción
Desarrollar líneas de producción que permitan realizar anualmente un número de obras audiovisuales con determinados límites productivos y económicos que sirvan como ejercicio para las nuevas generaciones. Una vez realizados, en 35 mm o mediante la inclusión del digital, se podrá decidir su exhibición en las diferentes ventanas y soportes de difusión. Estos también deben presentarse al interés de los distintos difusores, tanto nacionales como extranjeros, como forma de realizar el sentido cultural y formador de los mismos.
Experiencias que no resultan ajenas a un género como el documental y en el cual, con toda seguridad, la aplicación de diversos formatos de producción, donde no se excluyen la obra por encargo bajo parámetros productivos (de presupuesto artístico y económico), previamente definidos por el ICAIC o la pre-venta, en primer lugar a la televisión nacional y principal responsable, en tanto ente público, de la difusión de las producciones nacionales, como forma de financiamiento local, favorecerán un notable incremento de su producción.
Las propuestas anteriores no significan en ningún caso el abandono de los formatos de producción tradicionales y probados, pero sí quizás revisar las actuales estructuras de la producción, en aras de hacerlas más flexibles y tener la posibilidad real de ajustarlas a las necesidades de cada proyecto.
Lo anterior permitiría brindar respuestas desiguales a múltiples problemas que presenta la creación de cada obra audiovisual, en las diferentes fases de los procesos artísticos. Cada una de estas variantes y modalidades ayudarían a buscar verdaderas soluciones a las principales problemáticas derivadas de la producción y la distribución nacional.
Para el cine nacional, el kinescopado debe ser la meta de cada obra digital cuyo resultado lo amerite. Esto determinará no sólo la potencialidad de su ciclo promocional y comercial, sino que reforzará su carácter patrimonial y su alcance como vehículo emisor de la cultura nacional. A la vez, se incrementará su propio valor de origen (el que le confiere haber pasado a 35mm) a la hora llegar a la TV y de “bajar” a los formatos domésticos, que son los de mayor difusión en la actualidad.
En consecuencia, por ejemplo; ¿por qué no diseñar ayudas o créditos previstos para llevar a 35mm el cine digital cuyos valores lo amerite? Esta podría se una de las vías por las que, de algún modo, se relacionarían esos productores autónomos que hoy tenemos, y a veces perdemos, con la Industria. La importancia que cobran acciones de este tipo nos llevan al énfasis en el próximo acápite de nuestras propuestas.
Adquisición de derechos de obras producidas de forma autónoma
Una posibilidad es la participación a partir del ICAIC de diversas formas en la terminación de proyectos inconclusos. Esto se realizaría mediante la presentación de los proyectos, en qué fase se encuentran y sus requerimientos. Ello liberaría al ICAIC de la carga exclusiva de la financiación de los mismos, propiciando a su vez que nuestro catálogo incluya nuevas propuestas más frescas y novedosas. Otros también correrían con nosotros los enormes riegos de la aventura audiovisual.
Cuando hablamos de diversas formas esbozamos que puede tratarse de compra de derechos de exhibición a materiales terminados (para distribución nacional y como agente de ventas internacionales, a evaluar en cada caso), como lo es ya el caso del filme “Mañana” o “Personal Belongings”.
Esta modalidad constituye una de vías por las que el ICAIC puede contar con un catálogo de producción terminada más amplio y enriquecido en temáticas, estilos y posibilidades de difusión.
En este momento el reto está en intentar rescatar a estos creadores y sus producciones de una forma diferente a las tradicionalmente utilizadas hasta el momento para la distribución de cine cubano o, de lo contrario, muchas de ellas quedarán únicamente en el ámbito doméstico de circuitos muy pequeños y marginales de exhibición, e ignoradas en su posible alcance internacional.
Se sabe que no todas las propuestas realizadas fuera de los marcos institucionales pueden ser adquiridas por el ICAIC. En aquellos casos en que identifiquemos las obras audiovisuales que tengan posibilidades de ser adquiridas por el ICAIC para su distribución y exhibición, debemos tener en cuenta varios elementos para enfrentar estas nuevas relaciones. Una vez que las producciones audiovisuales (en cualquiera de sus fases de producción, en aras de ganar mayor flexibilidad) hayan sido vistas por las personas encargadas de tomar las decisiones de involucrarnos o no en el proyecto, se pasaría a la propuesta económica y contractual, si es de nuestro interés.
Todo esto nos lleva a concentrarnos en el hecho de que con la adquisición de derechos de exhibición estaríamos recibiendo una película en fase terminada (en su formato de partida digital), con potencialidades para su paso a soporte 35 mm, o lista para su exhibición en un formato digital similar al de producciones del ICAIC como “La Pared”. Pero en todo caso el gran riesgo industrial ha sido asumido íntegramente por sus productores, y el ICAIC entra sobre bases mucho más seguras, una vez vista la película, satisfecho con ella, y a partir de términos de inversión económica inferiores a los de su producción habitual. Sería, una vez adquirida por nosotros, una producción presentada por el ICAIC incluido como tal en los títulos de crédito.
Lo anterior no debe interpretarse como una única línea de acción, pues correríamos el riesgo de asumir que una obra producida de manera autónoma por sus creadores siempre está terminada en digital. Esto puede ser válido para unas, pero insuficiente para otras, por lo que lo importante es la idea de crear resortes de estímulo, fondos de ayuda o mecanismos de créditos que potencien al cine nacional, algo para lo que se requiere la cabal comprensión acerca de lo que es cine en la actualidad. Simplemente, tiene que existir una fórmula que ayude a cada obra a llegar adonde merece, donde lo que se impone es la necesidad de entender la urgencia de rescatar nuestra capacidad de asumir nacionalmente esos procesos.
La diferenciación de propuestas en este tipo de operaciones, puede establecerse como un mecanismo de estímulo y protección a la industria audiovisual cubana, y de forma extensiva a la cultura nacional. En la medida que los nuevos realizadores constaten el interés nuestro por su trabajo, más se esforzarán por crear obras de mejor factura y calidad, y el ICAIC no perdería su carácter rector y guía del Cine Cubano.
Creemos además que en esta línea de trabajo que puede abrirse, el objetivo no debe dirigirse únicamente a evaluar y adquirir películas terminadas, sino a brindar una asistencia a aquellos que les interese, durante cualquiera de las fases de producción y realización de sus materiales cinematográficos. De esta manera se coadyuvaría a lograr una mayor calidad y consecuentemente se proporcionaría mayores posibilidades para la adquisición de las mismas.
Coproducción
La posibilidad de establecer una coproducción con creadores que realizan sus obras de forma autónoma y no dentro de los marcos institucionales del ICAIC, contribuiría a fortalecer el concepto de cine nacional, a partir de la coproducción entre entes nacionales únicamente.
Ellos podrían aportar elementos de no poco valor para la producción del film, como sus derechos como autores, sus honorarios (diferidos en función de la recaudación del film), equipamiento y tecnología que han ido adquiriendo en la medida en que esta se ha hecho asequible a ellos, y un estilo fresco y novedoso mejor preparado para asumir soluciones flexibles y moldeadas en función de las necesidades de cada proyecto.
Luego correrían con el ICAIC el riesgo ligado a la suerte del éxito o el fracaso de la obra, como cotitulares y verdaderos compañeros de la Institución en el camino que, a partir de la terminación, de la obra se comeinza a recorrer.
Establecimiento de cooperativas de creación
Creemos que una propuesta que de alguna manera reconozca la realidad de creación por grupos autónomos que se ha venido produciendo en el país en los últimos años es quizás, el establecimiento de una figura del tipo de las cooperativas, similar a la que el país tiene regulada para otros sectores de la actividad económica.
Con mucho que evaluar sobre esto por delante, mediante el establecimiento de un Registro de Productores, normas internas de funcionamiento y establecimiento de las categorías de creadores y profesionales de la industria que podrían integrarlas, consideramos que permitiría dinamizar y hacer crecer al Cine Cubano, trayéndolo a la más actual de sus realidades, la democratización de los medios tecnológicos que permiten el surgimiento de una obra audiovisual, y a la par de esto, su reconocimiento para dotarlos de un marco de relaciones fluidos con las instituciones rectoras del sector.
Creación de un Fondo de Fomento a la Cinematografía
La subvención estatal a la producción audiovisual no resulta opción ajena al contexto cubano, e incluso ha contribuido notablemente al apalancamiento financiero del ICAIC. Esta subvención, concebida como subsidio directo, o como ayuda a la amortización de la inversión inicial realizada por la entidad productora en cada proyecto, deberá seguir funcionando de manera permanente, mediante la participación del Ministerio de Cultura.
La aportación proveniente por esta vía pudiese estar referida a la creación de un Fondo de Fomento al cual pudieran acudir, mediante convocatoria bianual, los integrantes de estas cooperativas o productores autónomos como ayuda al financiamiento parcial de la obra. Variantes habría que estudiar varias para un mecanismo de este tipo: otorgamientos de fondos en el proceso de producción, de finalización de la producción (post producción), el otorgamiento de un por ciento fijo del total de la recaudación producida en taquilla durante el primer año de explotación comercial de la obra.
La cifra mínima total de la recaudación podría ser fijada de antemano, de acuerdo a los estándares históricos y una ayuda complementaria, consistente en un por ciento adicional, que estaría en correspondencia a los resultados obtenidos en taquilla.
El monto total de la subvención quedaría definido en directa proporción con la cantidad de espectadores, las cifras se encontrarían definidas en una escala de amortización deslizante. Los proyectos clasificados como ópera prima, podrían recibir una subvención especial.
Estas dos modalidades vinculan el proceso de creación a los resultados económicos y, garantizaría, por una parte, la recuperación de algunas de las cantidades de dinero de la ayuda otorgada por el Estado y, por otra, la estimulación de las nuevas formas de organización de la producción.
Igualmente debería estudiarse la manera de nutrir ese Fondo de Fomento, pues quizás no sea únicamente de recursos estatales originarios, sino de manera complementaria por los resultados de esa propia recaudación en salas.
Esto termina contribuyendo igualmente a la formación de esos nuevos creadores – productores, que llevarán adelante la producción de filmes en formas eficaces en función de los costos, preocuparse por atraer público y adoptar la responsabilidad de la distribución y venta de sus producciones. Quizás, por ejemplo, los actuales sistemas de amortización requieran de una re-actualización, mucho más cuando, por citar otro caso, los sub-sectores producción-exhibición están caracterizados en nuestro país por fuertes subsidios a la entrada al cine, que no podemos eludir pues su funcionamiento pasa de ser de una problemática económica a una política. A la vez, el nivel de explotación de cada título en las fronteras nacionales disminuye considerablemente, en tanto, además de que han disminuido las salas de cine, la asistencia del público a las salas se encuentra deprimida, los gastos de adquisición y confección de copias se producen en Moneda Libremente Convertible y la recuperación de todo el ciclo comercial se efectúa en cantidades casi “simbólicas” en Moneda Nacional. Estos y otros factores determinan que, en el estado actual de cosas, la recuperación económica sea prácticamente despreciable.
Este es el escenario donde, de manera muy general, se coloca el Cine Cubano actual. Como se comprenderá, la industria cinematográfica y audiovisual cubana requieren de un urgente e impostergable redimensionamiento. Del diseño e implementación de un conjunto de acciones, que la sitúen en altas cotas de forma que se favorezca su preservación y mantenimiento.
En este primer acercamiento hemos pretendido realizar un punteo que servirá de base para la reflexión entre nosotros. De este primer análisis ganaremos una mayor claridad que nos permita tomar las decisiones que garanticen el mejor camino.
Lo que proponemos es un cambio de pensamiento, que no se circunscribe a una fórmula específica, sino que busca la posibilidad de estudiar y ensayar diversas experiencias que contribuyan al sostenimiento y crecimiento de nuestra producción en términos no solo de cantidad, sino de calidad e interés universal. Lo anterior constituye además un esfuerzo que permitirá contar con más recursos económicos para destinar a la producción, y realizar inversiones en sectores estratégicos de la industria.
Ese es el reto que, igualmente, con estas reflexiones intentamos encarar de manera inmediata.