
LA HABANA.- Llegó el viernes y mis vecinos, Joel y Tania, tienen decidido de antemano qué van a hacer el fin de semana: irán a la Disco Temba del barrio, mientras que sus hijos, de 12 y 13 años, disfrutarán en una Disco Fiñe cercana.
Como ellos, cientos de habaneros tienen planes similares. Hace ya varios años los cubanos carecemos de una variedad de lugares para el sano -y barato- esparcimiento, pero la gente busca paliar el aburrimiento con creatividad y así surgieron las Disco Fiñes y las Disco Tembas.
Para los que nos leen y no provienen de Cuba, les cuento que en esta ínsula caribeña los términos fiñe y temba son utilizados respectivamente para denominar a los niños y los que ya peinan canas (de 40 años en adelante).
La gente asiste en masa a esta variante «limitada» de las discotecas, ahora propuestas por la iniciativa privada, debido a que no pueden darse el lujo de pagar los precios altísimos de los centros nocturnos cubanos.
Las «Disco» para niños están enclavadas en su mayoría en casas particulares y cuestan 10 pesos en moneda nacional (alrededor de 50 centavos USD). Brindan refrescos y jugos, nada de alcohol, y algunas cuentan incluso con animadores que organizan juegos de participación. Funcionan por lo general los fines de semana entre 4 y 7 de la tarde.
El Submarino Amarillo del Vedado
Las matinés más baratas en los escasos establecimientos estatales que brindan este servicio para la población más joven cuestan 1 CUC o 25 pesos cubanos (salario promedio es de 455 pesos cubanos), sin contar el consumo interno de alimentos y bebidas.
Aunque estas discotecas para los más chicos son novedosas, las Disco Tembas ya tiene historia. Llevan varios años en funcionamiento y son gestionadas por el Estado-gobierno, aunque literalmente están ahogadas por la falta de suministros.
El Submarino Amarillo, en el Vedado, es una de las más conocidas y está reservada para aquellos más «rodaditos», ya que la entrada cuesta 2 CUC más el consumo interno, con grupos en vivo y demás. Pero ya son varias las locaciones en casas particulares que prestan este servicio en disímiles lugares de La Habana.
Como base fundamental, estas discotecas ponen música de la «década prodigiosa», además de los años 70 y 80, y ofrecen una sólida variedad de productos. Nunca imaginé que en un ranchón entre las oscuras calles del barrio de Managua, cercano al conocido Parque Lenin, se pudieran consumir cervezas nacionales y de importación a la par de mariscos y langostas.
No hay dudas de que la iniciativa privada es la base de la economía y la sociedad cubanas de la actualidad. Ahí están las Disco Fiñés y las Disco Tembas.