Directiva Rubio: Departamento de Estado restringe comentarios sobre elecciones extranjeras

¿Correcciones en la política exterior? ¿Ajustes de estrategia diplomática? ¿Nuevas prácticas de comunicación institucional? Tal vez de todo un poco, según el memorando emitido por el Secretario de Estado.

El Departamento de Estado restringirá drásticamente sus comentarios sobre la legitimidad de las elecciones extranjeras a ocasiones excepcionales, según una nueva directiva interna firmada por el máximo responsable del organismo y gestor de la política exterior de Estados Unidos, Marco Rubio.

¿Correcciones en la política exterior? ¿Ajustes de estrategia diplomática? ¿Nuevas prácticas de comunicación institucional? Tal vez de todo un poco.

En un cable oficial enviado a las oficinas diplomáticas y consulares el pasado jueves, Rubio indicó que los comentarios públicos sobre elecciones extranjeras «deben ser breves, centrados en felicitar al candidato ganador y, cuando corresponda, en mencionar los intereses compartidos en política exterior».

El memorando del Departamento de Estado agregó que «los mensajes deben evitar opinar sobre la imparcialidad o integridad de un proceso electoral, su legitimidad o los valores democráticos del país en cuestión».

La normativa –especificó Rubio– se aplica a las oficinas nacionales y extranjeras del Departamento de Estado.

A partir de ahora, cuando una oficina o representación diplomática desee emitir una declaración condenando unas elecciones por razones como «violencia durante la votación o fraude electoral» debe solicitar la orientación de altos funcionarios del departamento, y la autorización sería «rara vez».

“Utilice los mensajes sobre las elecciones para promover un objetivo de política exterior estadounidense; NO los utilice para promover una ideología”, escribió Rubio en sus instrucciones a funcionarios de su departamento, con una muy clara idea de lo que se debe pensar antes de redactar una declaración oficial respecto a un proceso electoral foráneo.

La recomendación de Rubio para cumplir con el protocolo es esta: “Dicho de otro modo: ¿Lo diría así el presidente?”.

El memo se sustenta, según el Secretario de Estado, en la visión de política exterior del presidente Donald Trump de poner a Estados Unidos como prioridad (America First), que implica colaborar con los países basándose en intereses compartidos y no en las diferencias sobre las libertades políticas que se tenga con una nación, consideradas «distracciones innecesarias» a la hora de fomentar alianzas internacionales con base en intereses estratégicos.

“NO utilice eufemismos para intentar eludir esta directriz”, añade la instrucción del Secretario de Estado.

El contenido del memorando fue publicado previamente por el diario The Wall Street Journal el pasado jueves y posteriormente por The New York Times. Una copia del mensaje original pudo ser revisada por CaféFuerte esta semana.

El Departamento de Estado no respondió aún a una petición de Café Fuerte para comentar sobre el significado y el alcance del memorando.

En lo que respecta a las esperpénticas elecciones para elegir formalmente un presidente en Cuba, el Departamento de Estado tiene aún margen de tiempo suficiente. El próximo proceso de designación presidencial en la isla vecina no se realizará hasta 2028.

Tradicionalmente, ha sido práctica habitual del gobierno de Estados Unidos denunciar las elecciones extranjeras contaminadas de fraude, intimidación y otras tácticas generadas por regímenes autocráticos, lo que constituye una manera de hacer política exterior en favor de la defensa de la transparencia cívica, los derechos humanos y la legitimidad de los procesos en las urnas.

La línea estratégica de Estados Unidos en la etapa de cambios internacionales que siguió a la II Guerra Mundial y estableció el sistema mancomunado de Naciones Unidas, en 1945, fue exigir una elección justa como forma de presión sobre gobiernos corruptos o totalitarios, fomentar movimientos de oposición democrática en países amenazados por la imposición autocrática, y exaltar la ética en la conducción política a nivel global.

Reacciones bajo esa convicción diplomática fueron una práctica de cajón por parte de Washington, desde Harry S. Truman a Joe Biden, en el caso de elecciones marcadas por la irregularidad y las violaciones de procedimiento en el registro y el conteo de votos.

Así, en fechas recientes, el Departamento de Estado criticó las votaciones extranjeras, incluyendo lo que denominó una «elección de pantomima» en Nicaragua, un «fraude electoral» en Bielorrusia, un «retroceso democrático» en Georgia, y un aluvión de cuestionamientos ante los resultados del proceso electoral en Venezuela, en 2024.

Fue esa también la postura del entonces senador Rubio, republicano por Florida, en consecuencia con sus abiertas críticas a las prácticas antidemocráticas alrededor del mundo, especialmente contra los regímenes del hemisferio.

Rubio calificó de «un fraude total» las polémicas elecciones en Venezuela, en julio de 2024, y también copatrocinó una resolución del Senado en 2020 para exigir al presidente bieloruso Alexander Lukashenko que celebrara en su país «unas elecciones libres, justas y transparentes que se adhirieran a los estándares internacionales».

De ese rasero crítico no escapó tampoco Vladimir Putin, a quien Rubio llamaba «tirano» y lo condenaba por robarse las elecciones en Rusia para mantenerse por la fuerza en el poder.

Pero desde que tomó el mando del Departamento de Estado, Rubio ha amainado la intensidad de este tipo de comentarios.

En un comunicado emitido este viernes para celebrar la liberación de prisioneros estadounidenses en Venezuela, afirmó que Estados Unidos «continúa apoyando la restauración de la democracia» en ese país.

De modo que está pendiente ahora verificar cómo va a manejarse el contenido de los reportes anuales del Departamento de Estado sobre la situación interna de los países, en los cuales regularmente se analiza la legitimidad de los procesos electorales y la tolerancia a la diversidad de partidos políticos en cada territorio y región.

Sin embargo, hay síntomas que resultan preocupantes para quienes ven rasgos autoritarios en la estrategia política de Trump, quien se ha alineado con presidentes de proyección nada democrática como Tayyip Erdoğan, de Turquía, Viktor Orbán, de Hungría, y ha defendido las maniobras de Jair Bolsonaro para desafiar los resultados electorales en Brasil.

Y debe recordarse que durante su primer mandato, Trump ignoró las instrucciones explícitas de sus funcionarios de no felicitar a Putin cuando se erigió como ganador de las elecciones presidenciales en Rusia, en marzo de 2018, las cuales fueron internacionalmente consideradas como fraudulentas.

Para analistas políticos, académicos y foros de discusión en organizaciones cívicas, resulta al menos una tendencia altamente preocupante la embestida de Trump hacia los puntales del sistema democrático en Estados Unidos, con reiterados ataques verbales al poder judicial, las descalificaciones de figuras y medios de prensa, y las amenazas de enjuiciar a sus rivales políticos.

El memorando Rubio sintoniza con una centralización del control de mensajes desde una entidad clave de la administración estadounidense, lo cual puede considerarse una maniobra para fiscalizar la información y homogeneizar las opiniones del Departamento de Estado con fines de consolidación política.

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