Por Gustavo Arcos Fernández-Britto*
No se trata de defender la Revolución, porque ella hace rato que no existe. Ustedes mismos la agotaron y mataron.
No se trata de salvar el socialismo, porque en este país ninguna de las conquistas sociales que nutrieron ese proyecto y que tantos apoyaron, permanecen viables.
¿Dónde está el bienestar social, la equidad, el respeto a los trabajadores, al salario, a la estabilidad familiar o al crecimiento económico que conformaron la base de esa doctrina?
¿De qué soberanía se habla cuando solo arrastras enormes deudas y dependes política y económicamente de los que te ayudan o entregan migajas?
¿Qué podemos realmente ofrecer en cualquier discusión si tenemos un país quebrado, vulnerable, empobrecido, atrasado industrial y militarmente?
¿Dónde está la moral, los principios que dices defender si tienes que callarte ante las violaciones, invasiones y crímenes de tus amigos?
¿Cómo puede sostenerse el discurso de la multilateralidad y el respeto a los derechos de los pueblos del planeta si eres incapaz de aceptar la diversidad y los derechos a la libre expresión de tu propio pueblo?
¿Cómo se pudo luchar y vencer a una dictadura para luego instaurar otra?
¿Qué sentido tiene hablar todo el tiempo del pasado cuando lo que debes pensar es en el futuro?
¿Cómo puedes hablar de los héroes y mártires de la Revolución si la gran mayoría de ellos no dio su vida por lo que luego fue o es? Ellos se unieron a una causa justa para restablecer una constitución violentada, fueron a las armas para derrocar a un dictador tras un golpe militar, creyeron en los valores de la democracia, el pluripartidismo, las libertades y los derechos que le habían sido anulados. Muy pocos de nuestros mártires lucharon por el comunismo, o el socialismo.
¿Cuándo, en qué momento los historiadores, las autoridades, el Partido, empezaron a tergiversar la Historia del país, a silenciar convenientemente, a esconder, censurar y manipular las palabras y los eventos?
¿Por qué debemos morir por un sistema que lleva años generando pobreza, desigualdad, clases sociales, miseria, frustración? ¿Dónde está hoy la justicia social?
¿Cómo puede el presidente hablar en nombre de los ciudadanos y colocarlos ante la posibilidad real de desaparecer, si no fue elegido por el pueblo?
¿Qué prestigio, que autoridad moral tiene este gobierno si no consigue cumplir ni una sola de sus promesas?
¿Cómo es posible que el país lleve décadas conducido por un Partido que no representa a la mayoría de los ciudadanos? ¿Qué grado real de legitimidad tiene eso?
Todo lo que fue, ya no es. Ni el contexto, ni el liderazgo, ni los ciudadanos, ni las ideas son las mismas. Durante un tiempo este fue un país que significaba algo para una parte del mundo, significaba un camino para los pobres, para los pueblos que marchaban en la oscuridad, el olvido, para los millones que eran ninguneados, preteridos, colonizados culturalmente. ¿En qué momento todo eso cambió ? Ese capital simbólico ya no existe , desapareció y no porque se hable una y otra vez del pasado, se podrá traer al presente.
Hablando de los otros, nos olvidamos de nosotros mismos.
Alguna vez la izquierda significó algo, porque pretendía ofrecer una alternativa viable, posible para los pueblos pero lidiando contra la corrupción se volvió corrupta. Prometió liberar y ofreció aún más control. Prometió respetar y terminó persiguiendo y violentando. Partió de la ira y del dolor pero luego exigió complacencia y docilidad.
¿Por qué los niños y jóvenes deben morir siguiendo las órdenes de los viejos de 70, 80 y 90 años?
¿Cuándo nos olvidamos de la vida?
Presidente, no se trata de salvar la Revolución, se trata de salvar y pensar en Cuba.
*Crítico, historiador y profesor de la Facultad de los Medios de Comunicación Audiovisual. Reside en La Habana.