Por Rosa Marquetti Torres
Cuando el año del centenario de la Reina de la Salsa se aproxima a su fin con un merecido saldo de tributos y recordaciones, el concierto Celia Sinfónica —este 22 de noviembre en Miami— motiva una mirada retrospectiva al modo en que el gran formato orquestal que incluye cuerdas, vientos y percusión, incidió en su fulgurante carrera.
En Cuba, antes de ser famosa con La Sonora Matancera y en sus aclamadas presentaciones en los cabarets Sans Souci y Tropicana, Celia Cruz ya había cantado acompañada de formatos sinfónicos conducidos por notables directores, que se interesaban en ella como intérprete del llamado género afro y sus conexiones con el universo de la herencia africana representado en obras de los más importantes compositores. Como tal era reclamada para conciertos y celebraciones en teatros, radio y después, en la naciente televisión.
Era usual que cada emisora de radio y en los 50, cada canal de televisión tuviera su propia orquesta de planta, cuya formación instrumental se articulaba, según los requerimientos del programa y su elenco, entre la jazz-band y la sinfónica. La versatilidad de Celia Cruz debe mucho a su trabajo con diferentes formatos musicales, e hizo casi natural que cantara lo mismo con un conjunto como La Sonora Matancera, que con una orquesta jazz band o sinfónica en sus frecuentes apariciones en la televisión cubana.

La prensa de la época muestra varias referencias a actuaciones de Celia Cruz con orquestas conducidas por prominentes directores como Enrique González Mantici, Roberto Valdés Arnau y Félix Guerrero, desde sus inicios profesionales en 1945 en la radioemisora Mil Diez, cuya orquesta de planta todos ellos dirigieron de manera sistemática.
Con Gonzalo Roig, la primera experiencia documentada de Celia Cruz data del 13 de diciembre de 1947 con su inclusión en el elenco de la zarzuela Cecilia Valdés a cargo de la Compañía Lírica Cubana, con dirección orquestal del propio Roig en el hoy teatro Martí. Celia asumió un pequeño papel, cantando el lamento de La esclava, que años después en posteriores presentaciones de la zarzuela derivó en un rol masculino.
En 1950 Celia fue invitada por primera vez a cantar en un evento anual de importante significado para los compositores cubanos: el Día de la Canción Cubana, orientado a estimular la creación musical, premiar las mejores canciones presentadas a concurso y recordar las de mayor trascendencia. Celia subió al escenario del teatro Blanquita el 27 de abril cantando Mamá Inés (Eliseo Grenet), con Enrique González Mantici al frente de la nutrida orquesta, compartiendo cartel con figuras muy reconocidas del canto lírico como Marta Pérez, Esther Borja, Carmelina Rosell e Hipólito Lázaro, entre otros.
Dos años después, el 24 de julio de 1952, Celia volvió a ese evento, esta vez en el Teatro Auditorium (después, Amadeo Roldán, hoy en ruinas), con Gonzalo Roig y Rodrigo Prats dirigiendo la orquesta. A Celia le asignan la canción África (Ángel Rodríguez), ganadora del tercer premio del concurso de composición.
No se han encontrado imágenes audiovisuales de las varias intervenciones de Celia Cruz en estos eventos, ni en programas de la televisión cubana en los años 50 acompañada de orquestas sinfónicas. Única y valiosa excepción, hasta ahora, es el breve video con su extraordinaria interpretación de Ogguere (Gilberto Valdés), respaldada por una orquesta dirigida por Enrique González Mantici.
Con un magno espectáculo en el teatro Blanquita, el 19 de octubre de 1959 se inauguró en La Habana la 29ª Convención Mundial de Agentes de Viajes, organizada por la American Society of Travel Agents (ASTA). El nuevo gobierno pretendía conservar el lugar de Cuba en el turismo de la región y destinó todo lo necesario para el esplendor del evento. Los mejores cantantes y músicos desfilaron por el escenario en un espectáculo dirigido por Roderico Neyra, Rodney. Al frente de la gran orquesta sinfónica, en diferentes momentos, y también como arreglistas, figuraron directores de prestigio incontestable: Ernesto Lecuona, Gonzalo Roig, Félix Guerrero, Roberto Sánchez Ferrer. Respaldada por esta orquesta, Celia retomó el afro e intervino en uno de los cuadros del espectáculo cantando Babalú (Margarita Lecuona) y fue una los tres cantantes destacados por la revista estadounidense Variety en su reporte del evento.
Al exiliarse, Celia llevó consigo la experiencia de su trabajo en Cuba con formaciones orquestales y directores sinfónicos, algo que volvería a explorar ya con una carrera absolutamente consolidada a escala internacional. El momento más alto en este sentido, quizás sea sus dos conciertos como parte de la serie de conciertos Miami Latin-Pop, un tributo de la Filarmónica de la Florida a la música cubana y afrocaribeña y una vía para acercar a la comunidad hispana a este tipo de eventos. Bajo la dirección de su titular, el maestro Duilio Dobrin, el primero tuvo lugar el 11 de abril de 1997 en el Jackie Gleason Theater, en Miami, con Celia fue la única y especialísima invitada. (Celia Joins the Philarmonica. En El Nuevo Herald, 30 de marzo de 1997, p.18)
La orquesta interpretó clásicos instrumentales del repertorio cubano, como Malagueña (Ernesto Lecuona) y al decir de la prensa especializada, convenció al igual que Celia en este empeño. Con algunos arreglos del propio Dobrin, Celia brilló en un repertorio diverso, fuera de lo estrictamente salsero, cantó y emocionó con Facundo (Eliseo Grenet), Vieja luna (Orlando de la Rosa), Quiéreme mucho (Gonzalo Roig) y de sus años con La Sonora Matancera, Yerbero moderno (Néstor Milí) y La guagua (Juan Bruno Tarraza). De las grabaciones posteriores, en su etapa del exilio, Yo soy la voz (Rudy Calzado), Lo tuyo es mental (Anam Munar) y Bemba colorá (José Claro Fumero). Impresionó cantando ¡en inglés! una versión sinfónica de Cuando calienta el sol (Pérez/Martinoli/Rigual.

Para Dobrin, concebir esta serie de conciertos, dirigir a Celia y asumir este repertorio era un reto similar al que asumió Arthur Fiedler, el fundador y director de la orquesta Boston Pops.
“Si Boston Pops podía hacerlo con lo que se conoce como música americana, nosotros podíamos hacerlo con la música latina, especialmente en este mercado. Y hemos tenido mucho éxito. El concierto que hicimos con Celia Cruz fue un gran éxito.” (González, Fernando: Philarmonic takes on pop with a cool, Latin groove. En The Herald, Miami, 2 de enero de 1998).
Celia y la Filarmónica de la Florida repitieron la experiencia un año después, dentro de la misma serie Miami Latin Pop, esta vez con el gran contrabajista Israel López, Cachao, como invitado especial, demostrando que tal unión no fue una idea extravagante y promocional, sino una alianza consciente donde orquesta y cantante decidieron mostrar cuánto pueden enriquecer la expresión musical de una canción o un género y empatizar con públicos acostumbrados a sonoridades diferentes.

Otro recordado momento que aproximó a Celia al ámbito sinfónico, ampliado con percusión afrocubana y un coro infantil, fue su intervención en el concierto Pavarotti & Friends en Módena, Italia, el 29 de mayo de 2001, donde cantó Guajira guantanamera, junto al gran tenor italiano y al músico español Pau Donés (líder de la banda Jarabe de Palo), y al cubano Alfredo de la Fe, acompañados por una gran orquesta. Celia se unió así a la labor benéfica de Pavarotti destinada ese año a ayudar a los refugiados afganos en Pakistán.
Las incursiones de Celia Cruz en el ámbito de las formaciones sinfónicas como respaldo instrumental aún hoy sorprenden a quienes no la imaginan arropada por tales sonoridades y descubren su probada ductilidad y versatilidad interpretativa, como uno de los tesoros de su legado musical.
** Los Datos sobre el espectáculo por la convención de ASTA en La Habana, en 1959, fueron tomados de Entertainment program opening session ASTA 9th World Travel Congress. Blanquita Theater. Marianao. October 19, 1959, 9.00 am (programa de mano de la gala). Archivo de Miguel Chekis; y de Travel Agents Try to Boost Cuba, But Spot Is Too Hot-Politically, en revista Variety, Hollywood, CA, USA, 28 de octubre de 1959, pps. 2 y 59.