
Ya se disputaron los primeros duelos particulares de la Serie Nacional cubana de Béisbol número 52, el torneo que, como antesala del III Clásico Mundial 2013, pone a los jerarcas del deporte en la Isla a caminar sobre el filo de una navaja.
Nuevamente el torneo atlético más masivo de Cuba se columpia entre cambios de estructura: ya no hay 17 clubes, como disparatadamente se decidió hace un año, y cada provincia está representada por una sola escuadra. Para retomar un número par de participantes, La Habana debió renunciar a la presencia de su equipo satélite, Metropolitanos, y reagrupar todas sus fuerzas en el conjunto más longevo de la pelota criolla, Industriales.
La muerte de Metropolitanos, sin embargo, no fue el paso más dramático de un año para otro. Ahora cada equipo dejará de jugar 90 juegos en el round robin (o 96, como el año pasado) para dar paso a un calendario de 45 partidos, al término de los cuales ocho clubes seguirán en la liza, y los otros ocho quedarán eliminados.
El III Clásico será entonces un pivote entre una y otra fases del campeonato de Cuba, pero muchos se preguntan si en esa escisión está el remedio ante el descenso en la calidad de nuestros peloteros.
Después del pleito inaugural del pasado domingo -con el triunfo de Ciego de Ávila, 1×0 sobre Industriales-, el torneo puso en acción, a partir del martes y hasta este jueves, a todos sus participantes. Así hubo barridas de tres juegos en los casos de Mayabeque en perjuicio del campeón Ciego de Ávila; Las Tunas sobre Pinar del Río; Isla de la Juventud en contra de Villa Clara; Matanzas a costa de Holguín y Granma como verdugo de Santiago de Cuba.
Se impusieron apretadamente, dos juegos por uno, Camagüey frente a Artemisa, Sancti Spíritus sobre Cienfuegos, e Industriales como visitante de Guantánamo.
Ruge, leona
Apodado en años recientes como el León Azul de la capital, Industriales se pasea por Cuba con la aureola innegable de ser el equipo más querido y el más odiado de la nación, y en cada visita a los estadios provinciales sus enemigos en el graderío lo reciben con el incisivo coro de “¡Ruge, leona!”
Machistas por antonomasia, los cubanos encuentran en el juego semántico del cambio de sexo lo más punzante de sus bromas, así fue que -hace unos meses- el habanero Yunel Escobar no se percató de lo grave de salir al terreno con el uniforme de los Azulejos de Toronto en las Grandes Ligas y con una sombra contra el sol en las mejillas que incluía la frase “Tú ere maricón“ (sic).
No faltaría más, a Industriales le gritaron “¡Ruge, leona!” también este domingo, en su debut, y para no desentonar con la situación material del país, la trasmisión televisada del choque se interrumpió en el segundo inning… porque estalló un fusible.
Los aficionados avileños no verán más a Industriales en lo que resta del calendario regular, porque los otros dos encuentros de la serie de tres se jugarán en La Habana. Y es que en el ajiaco de modificaciones de esta Serie Nacional se cuenta con que algunos equipos disputarán ocho topes contra rivales provinciales en calidad de visitantes, y los restantes siete serán como home club, pero en los otros casos sucederá a la inversa: se trata de un capítulo inédito, porque estos duelos fueron siempre de ida y vuelta.
Un equipo menos, un torneo abreviado de clasificación y la introducción de un reglamento para los pitchers que restringe el número de lanzamientos, son las medidas de emergencia con que Cuba prepara a sus hombres para el Clásico que arranca en Japón en marzo de 2013.
Una labor decorosa ante los profesionales -por encima del quinto lugar alcanzado en 2009- prolongaría en sus cargos a los estrategas del deporte cubano, pero otra caída estrepitosa conducirá inexorablemente al degüello.