Alfredito Rodríguez en primera persona: «Mi revolución era yo»

Fue el cantante más popular de Cuba. Ganador por ocho años del Premio Girasol de la Revista Opina y triunfador con el programa televisivo Su noche con Alfredo, deja un legado indiscutible en la música cubana.

Por Armando López Salamó*

Alfredo Rodríguez, el cantante más popular de Cuba, ganador por ocho años (1983-1990) del Premio Girasol de la Revista Opina, triunfaba en la televisión cubana con Su noche con Alfredo, hasta que hizo la entrevista que nunca debió hacer… y escapó, como tres millones de cubanos. Hoy Opina no está, Cuba casi tampoco. Y Alfredo ¡Buena Persona!, me cuenta desde la memoria:

“Entrevisté a Papito Serguera y comenzaron los problemas. César Portillo de la Luz dijo que no creía en los que lo dirigían artísticamente; Carilda Oliver expresó que para ella tenían el mismo valor José Angel Buesa, poeta exiliado, que Mario Bennedetti, poeta revolucionario. Papito Serguera, comandante, fiscal, y presidente del ICRT (1966-1973), provocó encendidas protestas. Sabía que la entrevista de Serguera iba a ser controvertida. Y lo pagué caro. Los censores que conocían la lista de los invitados al programa, dijeron que no sabían que yo había invitado a Serguera. Me sentí burlado. Traicionado”.

¿Pensabas que en Cuba se podía decir la verdad? Eres como la balada de Nicola di Bari, El último romántico del mundo.

“Lo soy. La canción romántica va a estar para siempre. Puede que ahora no disfrute del favor de quienes la retransmiten, pero cada vez que en Cuba se pregunta qué artistas quieres escuchar, junto a reguetoneros y raperos piden a José José, Luis Miguel, Alvaro Torres, a los románticos”.

Al único hijo de Rogelio y Celina, le han dado muchos portazos en la cara. Criado en un cuarto de una casa de inquilinato en Lealtad entre Laguna y San Lázaro, en el caliente Barrio de San Leopoldo, sus padres se rompieron el lomo para mandarlo al colegito privado América. Pero Alfredito niño soñaba ser cantante. Encendía y apagaba el interruptor de la luz, ponía Radio Cadena Habana, y a cantar con Antonio Molina, Pedrito Rico y Pedro Vargas.

A los quince logró entrar en el coro de la Ópera de La Habana. Estaba feliz, cuando su profesor de canto le dijo: “Dedíquese a otra cosa, usted no sirve para cantar”. Otro se derrumba, pero Alfredo –como Palomo Linares— retó al portero de la Plaza de Toros de Madrid: “Algún día entraré por aquí…»

Se fue a ver al director de televisión Manolo Rifat, quien para quitárselo de arriba le dijo: «Canta una canción para oírte», y al fin sentenció: «Mira muchacho, pronto comenzaré un programa que se llamará Buenas Tardes, yo te llamo».

No lo llamó. Pero Alfredo se fue a buscar a Rifat y recordárselo, y acabó en Buenas Tardes (año 1968) que, por entonces, lo animaban, una semana Mirtha y Raúl, y otra Ariel y Leonor Zamora. Cuando Ariel se dedicó a la medicina, Alfredo se empató con Leonor, como animador y más… Su padre tuvo que firmar por Alfredito el acta de la boda, pues era menor de edad.

“Buenas Tardes fue mi escuela —cuenta— animábamos, actuábamos en los sketchs humorísticos, lanzábamos canciones nuevas, montábamos tríos, cuartetos… Ahí comencé a grabar mis primeros temas, que no eran discos, si no cintas que se pasaban por la radio. Llevaba dos años en la televisión, cuando el pueblo me eligió para el Festival Varadero 1970”.

¿Cómo llegas a ser el cantante más popular de la Isla? En una época en que era casi imposible grabar un disco, lograste quince de larga duración. ¿Quién te respaldaba?

“¡Nadie! ¡Mi revolución era yo! Representante nunca he tenido. Aún no tengo quien vele por mi carrera. José de la Luz y Caballero dijo ‘Hay una fuerza motriz más rápida que la electricidad que es la voluntad del hombre’. Jamás me dio pena pedir trabajo. Me criticaron. Prohibieron mis canciones. Pero insistí, a palos si era necesario”.

Una vez fuiste con un bate a Radio Progreso porque habían prohibido una canción tuya, ¿a quién ibas a pegarle, al animador Eduardo Rosillo?

“Me prohibieron cantar baladas internacionales, entre ellas la de Danny Daniel que decía Por el amor de una mujer vi mis venas desangrar. Un machista la prohibió porque decía que los hombres no se cortaban las venas… A la canción que decía Éramos como aquellos niños que ríen y rezan la editaron, porque los niños no podían rezar… La de Miguel Ríos, El Vagabundo, la eliminaron porque en Cuba no podía haber vagabundos con el pelo largo… ¿Qué te puedo decir? Rosillo no era el culpable, obedecía órdenes de los mismos que a mí me hacían la vida imposible, me mandaban a pelarme, me prohibían usar sacos cruzados, porque consumían más tela que un saco de dos botones…

“Con mis propios temas fue peor. Buena Persona pegó tanto que llegó hasta las iglesias, suficiente para que lo prohibieron en la radio, me subiera la presión del ojo y Arístide, el caricaturista, me tuviera que llevar al hospital Calixto García. Tengo el récord de ser el artista cubano más criticado por la Unión de Jóvenes Comunistas. El Caimán Barbudo publicó que mis canciones envenenaban la radio…

“Me acusaban de hacer canciones ridículas, que deformaban el gusto de la población. Yo creo que más que la sencillez de mis letras o mis melodías, fue que no quise cantarle a la revolución ni vestirme de verde olivo ni ponerme botas, seguí cantando canciones románticas en traje y corbata”.

¿Nunca te enviaron a festivales internacionales? ¿No estabas en la lista de los artistas viajables?

“Pensé que no iba a salir nunca. Mi primer viaje fue en 1980, con Rosita Fornés a México. A Rosa la fueron a ver desde las Dolly Sister hasta Mario Moreno ‘Cantinflas’ y Emilio Ascárraga, el dueño de Televisa, que me dijo: ‘Con usted no hay que hacer absolutamente nada, solamente ponerlo a cantar, pero el precio es que se quede’, y le respondí que no podía quedarme porque tenía una madre en una silla de ruedas y no la dejaba por todo el oro del mundo. También Roberto Cantoral me propuso hacer un álbum con sus canciones, y fui tan ingenuo que se lo dije a los oficiales de Seguridad que iban conmigo, y me dijeron que iban a llamar a La Habana. Y llamaron. El disco jamás se hizo”.

¿Tuviste algún enfrentamiento con la gente de la Nueva Trova?

“No me gustaban las canciones de Silvio y Pablo, no las cantaba. Yo estaba más cerca de Marco Antonio Múñiz que de Bob Dylan. Una vez Héctor Téllez me dijo: ‘No sé cómo puedes seguir cantando baladas románticas, de dónde sacas fuerzas, es arar en el mar’. Tenía razón. Por cada balada mía que los cubanos repetían me caían arriba los defensores de la Nueva Trova acusándome de deformar el gusto de la población. Dejé de componer. El escenario se convirtió en rutina… Hasta que comencé a conducir en televisión Mi noche con Alfredo, donde entrevisté a Celina González, a Silvio Rodríguez, hasta una monja del Sanatorio del Rincón…y a Papito Serguera”.

¿Has vuelto a cantar en Cuba?

“Hace unos años hice un concierto por Navidad, canté Noche de Paz. Y es que nunca escondí mi crucifijo. Siempre dije en lo que creía. Y si Él me ha dado problemas, también me ha dado fuerzas para resolverlos”.

La presentacion de Alfredito (como todos los cubanos le decimos) en The Place de Miami, fue un éxito de la nostalgia. Cabezas teñidas coreaban su Siempre es igual, a dúo con Mirtha Medina, y sus éxitos en solitario: Empapado de sudor, Buena Persona… En la pista miraba con orgullo al pianista de lujo que lo acompañaba, a su hijo, Alfredo Rodríguez Jr., rankeado internacionalmente, pupilo de Quincy Jones.

“En Miami me siento querido por mi público, por mis iguales —dice emocionado— Aunque soy un cubano raro. No me muero por la yuca y los frijoles negros… ser cubano es mucho más. Te lo siembran en la sangre cuando naces”.

Pero tú no cantas sones, ni guarachas, apenas algún bolero (excepto un tardío álbum Empapado en sudor), sino baladas románticas, fáciles, pegajosas…

“Donde quiera que se pare Roberto Carlos no necesita cantar samba, ni ponerse una camiseta del Brasil. Como yo tampoco vestirme con guaracheras, ni cantar una conga para ser cubano”.

¿Te sientes el Roberto Carlos de Cuba? ¿No te parece demasiado?

Esa pregunta no se la hice a Alfredo Rodríguez. Los ocho Premios Girasol de Opina, resultados de la encuesta en que millones de cubanos, lo eligieron, entre 1983 y 1990, el cantante más popular de Cuba, responden por él.

Hoy la Revista Opina no está. Alfredo tampoco.

Yo ahorita los alcanzo.

* Periodista, novelista y productor musical. Editor de la Revista Opina entre 1981-1991. Reside en Miami.

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