Por Mauricio de Miranda Parrondo*
A propuesta de Raúl Castro, el XI Pleno del Comité Central del PCC decidió posponer el 9º Congreso del Partido Comunista, que -supuestamente- es la «fuerza superior y dirigente de la sociedad y el Estado cubano», aunque –en mi opinión– no lo ha demostrado y sigue amparada en un artículo constitucional que condena al país al inmovilismo predominante en esa «fuerza».
El argumento: es necesario «consagrar desde ahora todos los recursos con que cuenta el país, y el esfuerzo y la energía de los cuadros del Partido, del Gobierno y el Estado, a resolver los problemas actuales, y dedicar el 2026 a recuperarnos en todo lo que sea posible.»
De acuerdo con la nota publicada en el sitio del PCC: «Adoptar esta decisión, subraya Raúl, no se puede ver como un retroceso, es una decisión necesaria y oportuna que nos permitirá cohesionar las fuerzas, mejorar la situación de la nación, y crear condiciones para un mejor y fructífero Congreso, que consolide, como refrenda nuestra Constitución, la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista». El el 9º Congreso estaba previsto para celebrarse del 16 al 19 de abril de 2026.
La decisión sí es un retroceso, pero es coherente con el retroceso al que han conducido las políticas económicas fallidas adoptadas desde hace varios años.
Por otra parte, eso de hablar del objetivo de construir el «socialismo» y el «comunismo» ya podrían dejar de hacerlo, porque si fueran posibles esos sistemas, cuya validez está cuestionada por la historia, el camino que se sigue en Cuba va en cualquier dirección distinta, a menos que se esté pensando en el «comunismo primitivo». Incluso, si ese fuera el caso, estaríamos en la etapa de descomposición de este sistema porque los «jefes de la tribu» no querrán dejar de serlo.
Frente a esa decisión, solo comentaré lo siguiente. No se qué pensarán los militantes de ese Partido, porque si el Congreso es la más alta autoridad del mismo, es allí donde deberían discutirse los problemas principales de la organización y de la sociedad. La complicada situación de Cuba, en la que está más que demostrada la incompetencia y el inmovilismo de su actual dirigencia, es precisamente la razón para que un Congreso, elegido democráticamente entre la militancia, discutiera con profundidad los problemas del país y encontrara soluciones en un cónclave mucho más amplio que el actual Comité Central y el Buró Político, donde han sido decididas todas las medidas que han contribuido al empobrecimiento de la sociedad y la profundización del subdesarrollo.
Por cierto, esta sería también una oportunidad para que ese Partido –si tuviera democracia en su vida interna– pudiera elegir a una dirección que por lo menos sea capaz de plantearse alternativas serias de política, pero eso sería mucho pedir. No se puede pedir peras al olmo.
Personalmente, tampoco tenía esperanza alguna puesta en ese Congreso, tomando en cuenta la experiencia de los anteriores. Pero si querían darle un timonazo a la situación y refrendar ese carácter de «fuerza dirigente», esta era la oportunidad.
Esto es una demostración más del carácter anti-democrático del sistema político cubano, en el que ni siquiera el único partido permitido cuenta con democracia interna. Todo debe ser cocinado en el «círculo íntimo» del poder que ha adoptado, una tras otra, las medidas que son las principales responsables de la miseria predominante en el país.
Son las políticas económicas fallidas que, al parecer, seguirán adoptándose, hasta un día, porque la historia también demuestra que nada es eterno.
*Economista. Doctor en Economía Internacional y Desarrollo, y Profesor Titular de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, Colombia. Codirector de CubaXCuba-Laboratorio de Pensamiento Cívico.