Opinión: Vencer la intolerancia

Opinión: Vencer la intoleranciaPor IVETTE LEYVA MARTÍNEZ

Nunca olvidaré el único acto de repudio al que asistí. Fue cuando el Mariel: yo tenía 8 años y ninguna idea de adónde íbamos.

Recuerdo que, afortunadamente, una maestra con expresión consternada se empeñaba en que permaneciéramos todos callados a pesar de la gritería circundante. Sé que no hicimos nada concreto, sólo dar algunas vueltas y escabullirnos, gracias, sin dudas, a esa educadora que buscó la manera de que los menores a su cargo no fueran cómplices de los atropellos contra quienes deseaban irse de Cuba.

Hoy mi hijo tiene casi la misma edad que tenía yo cuando los actos de repudio del Mariel, y  me angustia constatar cómo 30 años después mis paisanos viven sumergidos en el mismo ambiente de intolerancia que dio pie a uno de los episodios más vergonzosos de la historia cubana contemporánea y que muchos creíamos cosa del pasado distante.

Estoy convencida de que el principal reto del futuro en Cuba es que los cubanos aprendamos a escuchar y aceptar las diferencias sin descalificar al contrario, sin agredirlo, sin insultarle, sin escupirle a la cara, sin pretender acallarlo; aprendamos a coexistir con quienes no comparten nuestras ideas. Sin tolerancia no habrá paz ni verdadera prosperidad en nuestra nación.

Está tan entronizada la intolerancia entre los cubanos, que a veces temo que se haya convertido, en el último medio siglo, en un rasgo de nuestra identidad. Sus tentáculos llegan incluso a los espacios virtuales, con brigadas de twitteros oficialistas que se encargan de repartir por cada rincón de internet improperios a todos los que critiquen al gobierno cubano -y son enfrentados con los mismos métodos por sus opositores.

Los propios oficialistas difundieron esta semana, con absoluta fanfarronería y orgullo -más propios de una pandilla que de portavoces gubernamentales-, las imágenes de los violentos actos de repudio contra un grupo de mujeres que conmemoraban el aniversario luctuoso de Orlando Zapata Tamayo. El oficialismo movilizó a cientos de personas para acallar, con vulgar gritería de consignas e insultos, las voces de un puñado.

La intolerancia de la sociedad cubana es más visible en los actos de repudio contra los opositores, pero permea cada aspecto de la vida -el derecho a profesar una religión, a escoger una enseñanza para nuestros hijos, o simplemente seguir una moda- y se cuela incluso en los espacio menos esperados. Hace poco leí, con total desconcierto, cómo un par de cubanos -uno residente en la isla, otro en Miami- le daban órdenes a la propietaria de un perfil en Facebook sobre los temas que  no debía comentar ¡en su página personal!

Opinión: Vencer la intoleranciaDe los violentos actos de repudio del Mariel quedan muchos recuerdos, pero pocas imágenes granulosas donde no se puede identificar bien a los represores. Hoy, afortunadamente -gracias incluso a las contribuciones de los propagandistas del gobierno cubano en internet-  la intolerancia tiene rostros, nombres y apellidos. Y nosotros tenemos memoria. La lucha contra el poder, ya lo decía Milan Kundera, es la lucha de la memoria contra el olvido.

Dentro de unos años, gracias a las tecnologías que apuntalan la memoria humana, recordaremos, estoy segura, esos rostros del odio, esa violencia verbal contra quienes hoy quieren una Cuba diferente. Los recordaremos para que no se repitan jamás. Y ojalá para entonces, muchos de los protagonistas de los actos de repudio de esta semana estén avergonzados.

Años después del Mariel, visité una casa y observé cómo la vivienda de enfrente aún tenía las manchas amarillas de los huevos lanzados contra sus habitantes -que no lograron salir del país en esa ocasión. ¿Por qué no lo han lavado?, pregunté. Los dueños de la casa no quieren, me respondieron. Quieren que todo el mundo recuerde lo que les hicieron.

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