Cuba: Entre la crisis y la esperanza

Atribuir la crisis agónica actual al embargo norteamericano y no al fracaso del modelo totalitario es uno de esos sesgos ideologizados que distorsionan las valoraciones sobre la realidad cubana en los medios internacionales.
Imágenes de La Habana actual. Foto: ENRIQUE DE LA OSA.


Cuba aparece por estos días en los medios de comunicación y, con frecuencia, se apresuran análisis y valoraciones superficiales, sesgados o reductivos. Otras veces, se habla de Cuba con visiones mediatizadas por ideologías o esquematismos trasnochados. La nostalgia del mayo de 1968 o los fantasmas de la “Guerra Fría” siguen intentando apuntalar un mito sobre Cuba que hace años cayó bajo el peso de la realidad.

Trataré de acercarme a esa misma realidad de hoy en Cuba, lugar donde vivo, como cubano cristiano, y donde trabajo como director del Centro de Estudios Convivencia, el primer think tank independiente en Cuba, surgido de mi experiencia como miembro del Pontificio Consejo Justicia y Paz.

La realidad económica de Cuba hoy puede ser descrita como una crisis terminal con “fallo multiorgánico”, cuya causa principal es que el modelo económico centralizado, estatalista, y dependiente de los enormes subsidios externos, primero de la Unión Soviética, y hasta principio de 2026 provenientes de Venezuela. Atribuir la crisis agónica actual al embargo norteamericano y no al fracaso del modelo totalitario es uno de esos sesgos ideologizados.

Dos son las causas principales de esta crisis hasta 2025: la ineficacia del modelo y el cese de los subsidios. El embargo petrolero de los últimos meses de 2026 simplemente ha agravado lo que ya no funcionaba.

La realidad política de Cuba hoy está caracterizada por el agotamiento de la ideología marxista-leninista, impuesta por un régimen totalitario; por la falta de un proyecto político renovado, pragmático, sin autoritarismo; además, por la falta de liderazgos políticos con probidad, capacidad de convocatoria y vocación democrática. A todo esto, se suma el vaciamiento de las estructuras políticas por el abandono de la ideología y los mitos que le dieron origen al ya agotado proyecto político. Las crecientes protestas a partir del 11 de julio de 2021 en toda Cuba son signos del momento político que vive el país.

La realidad social cubana está caracterizada por crecientes índices de pobreza extrema, la falta de energía eléctrica, de agua potable, de alimentos básicos, de medicamentos indispensables, la falta de vivienda, el colapso del transporte y las comunicaciones, el deterioro de los sistemas de salud y educación; todo esto unido a la falta de proyecto de vida, la represión creciente a todo disenso y el atrincheramiento frente a la necesidad de cambios estructurales, han generado un notable deterioro social, aumento de la corrupción, la falta de valores morales y cívicos.

Todo eso ha provocado un éxodo masivo e imparable que ha reducido en más de dos millones la población de la Isla.

Pero el más grave y duradero problema de Cuba es el daño antropológico causado por el totalitarismo y que he definido como “el debilitamiento, la lesión o el quebranto, de las facultades cognitiva, emocional, volitiva, y de las dimensiones ética, social y espiritual de la persona humana, todas o en parte, según sea el grado del deterioro o trastorno causado, no obstante conservarse siempre la esencia de la persona humana y su dignidad”. La familia y la Iglesia tendrán una importante e indispensable misión en la sanación de este daño infligido a la persona humana.

Varios signos de esperanza comienzan a señalar el amanecer de una nueva etapa en la historia de Cuba. Mencionemos algunos de ellos: Un despertar de la conciencia crítica en los ciudadanos; la caída de los mitos de la revolución; un renovado anhelo de lo espiritual trascendente; la identificación de los responsables de esta catástrofe existencial; un renacerde la sociedad civil; una mayor disposición de los cubanos en la diáspora para contribuir en la etapa de reconstrucción del país; un estado de percepción de que el cambio sistémico y estructural está más cerca; y un ejercicio de prospección estratégica que, por primera vez, se hace desde hace 11 años para pensar, prever y planear el futuro democrático de Cuba.

Este ejercicio lo ha realizado el Centro de Estudios Convivencia con pensadores, académicos y ciudadanos que viven en la Isla y en la Diáspora. Tenemos a disposición las visiones y propuestas que este think tank publica y ofrece a cuantos desean trabajar en la reconstrucción de Cuba.

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