La perseverancia de un artista cubano llamado Tomás Sánchez

Un documental de largometraje dedicado a la vida y obra del célebre pintor cubano se presenta este lunes en el Koubek Center Theater como parte de la programación del Festival Internacional de Cine de Miami.
El artista en plena faena en su estudio en Costa Rica. Foto: Julián Trejos.

Adentrarnos en sus paisajes es una aventura de seducción que combina el placer de transitar la belleza con un hálito de misticismo y fulgor. Una experiencia que conmueve a espectadores de las más diversas sensibilidades y lugares del mundo, atraídos por las visiones de un creador excepcional. Tomás Sánchez figura hoy por hoy como el pintor cubano vivo mejor cotizado en el mercado internacional de las artes plásticas. Pero sobre todas las cosas, es un artista que nos ha enseñado a mirar, a percibir nuestro entorno de otra manera, a pensar la realidad y disfrutar la naturaleza con un especial sentido de responsabilidad hacia el universo que habitamos. Eso es, en esencia, ayudar a vivir mejor en este mundo convulsionado y muchas veces insensible de nuestros días.  

Ese es el sentido que tiene su pintura, cubanísima y universal, ya sean sus bosques y lagunas deslumbrantes como sus basureros de alarma ante la devastación –física y espiritual—del planeta. Una reflexión de Gabriel García Márquez refiriéndose a la trascendencia de la obra de Tomás Sánchez nos recuerda que si de verdad el mundo merece ser hecho de nuevo, es para que se parezca lo más posible a su pintura, al embrujo que emana de sus creaciones espléndidas y luminosas.

Esta es una conversación pendiente desde hace largo tiempo con el pintor ilustre y el amigo de muchos años. Además del interés que siempre despierta su pintura y su vida, esta entrevista está particularmente motivada por el hecho de que este lunes se estrena en el Festival Internacional de Cine de Miami el documental Perseverancia, del realizador mexicano Juan Carlos Martín, dedicado al artista, a su trayectoria creativa e incluso a su proyección social.

Afinidad perfecta

Quisiera empezar hablando sobre por qué se produce este documental, hecho en Costa Rica y con rodajes alrededor del mundo, incluyendo Cuba. ¿Cómo surge este proyecto?

Fue muy interesante, porque Juan Carlos Martín, su familia y yo somos amigos desde 1990, cuando yo llego a México. Ha sido como mi familia en México,  además de la señora Nina Menocal y toda una serie de amistades con las que estuve compartiendo ahí todo el tiempo. Pero en el caso de Juan Carlos Martín, yo admiraba mucho su talento. Él estaba estudiando cine, conocía a su familia, a sus hijos. Él iba a mi casa en Tepoztlán practicamente cada semana, y hablábamos de todo, de filosofía, de meditación, de cine, de arte. Pero nunca pensé en que Juan Carlos me hiciera un documental. Él estaba muy interesado en el arte contemporáneo y, de hecho, hizo dos documentales excelentes sobre la obra de Gabriel Orozco, el artista contemporáneo conceptual mexicano. Hace unos dos años Juan Carlos me llamó y me dijo, Tomás, quiero hacer un documental de tu vida y tu pintura. Era algo que siempre yo había  deseado, pero nunca pensé que partiera de él. Y fue increíble porque desde ese momento hubo una afinidad perfecta. Él sabía por dónde llevar el documental, teníamos muchos intereses comunes, sobre todo filosóficos, y todo fluyó, pero también fluyó con el equipo de filmación, que fue impresionante. No sé cómo se puede reunir un equipo que sea todo tan afín, todos tan afínes unos con otros, y que las cosas funcionen con tan extrema armonía.

Estoy muy impresionado porque desde que se anunció la proyección de tu documental, se generó una rápida expectativa en Miami y la función ya está totalmente vendida en el Koubek Center. El festival ha tenido que establecer una fecha adicional para una segunda presentación. Para ti, que fuiste un residente de Miami durante mucho tiempo, ¿qué significación tiene que este documental de alguna manera empiece su ciclo en esta ciudad?

Para mí es muy importante. Miami es, aunque sea Estados Unidos, otra parte de Cuba. Yo soy cubanoamericano, me siento muy orgulloso de ser cubano y me siento también orgulloso de ser ciudadano americano. Escogí vivir en Costa Rica por la naturaleza. Este es un país con una naturaleza increíble y todo está accesible. Logré tener un terreno, una montaña, restaurar un pedazo de bosque y tener unas vistas maravillosas que me alimentan todo el tiempo. Pero a Miami siempre lo llevo en mi corazón. Ya en este momento, hace mucho tiempo que no voy a Miami.  Llevo nueve años sin ir a Cuba y siete sin ir a Miami.

En su estudio en Escazú, Costa Rica. Foto: Julián Trejos.

El sonido de Cuba

¿Cuando y por qué dejaste de visitar Cuba?

A Cuba dejé de ir en 2017 cuando vi que todo el proyecto que estaba proponiendo Barack Obama no fue tomado en cuenta. Tuve esperanzas de que eso pudiera ser aceptado, que pudiera haber un cambio en Cuba, que el país se abriera a una economía de mercado y se resolvieran todos los problemas que nos han estado azotando hace tantos años, pero no fue así y decidí no volver a Cuba. Seguí yendo a Miami, pero eso fue antes de la pandemia. Estuve en Miami en 2019 y después no he vuelto. Incluso las partes que se filmaron en esa ciudad las hizo el equipo del documental, pero yo no estuve. Tampoco estuve obviamente en las filmaciones en Cuba. Estuvimos recorriendo varios países, se hicieron dos sesiones de filmación en México, dos en Costa Rica, una en Bélgica y otra en Nueva York en la Casa Museo de Frederich Edwin Church, pintor con el que tengo una afinidad más espiritual incluso que estética, aunque me gusta mucho toda la escuela de Hudson River. Fue una cosa muy intensa, pero a todas estas yo tenía que seguir trabajando y no podía ir a todas partes.

Hay una presencia notable de Miami en el documental…

Estoy muy feliz y agradecido por las entrevistas del galerista Ramón Cernuda, de José Bedia, de Raúl Hernández y Julio Taquechel, grandes amigos míos. La entrevista a la profesora e historiadora Carol Damian, que fue excelente también. Y está Jorge Sorí, quien fue mi galerista en Miami. Pero lo más interesante es cómo iba fluyendo todo. Todo se iba solo. Y estoy muy feliz de haber hecho ese documental por lo que realmente refleja. Se filmaron muchísimas horas, creo que más de tres mil horas. y solamente se editó una hora y 48 minutos. Muy bien editado. Hay cosas que yo hubiera querido que estuvieran en el documental, entrevistas que no pudieron ponerse, pero realmente el trabajo de edición y el trabajo de sonido son extraordinarios.

Hay una anécdota personal muy cubana relacionada con la labor del sonido…

Hay una cosa muy interesante, pues se contrató a una muchacha, que es una gran músico, para ocuparse del sonido y le empezaron a poner el documental en México, Resulta que era nada menos que la sobrina de Gory [el pintor Rogelio López Marín], Valeria López Mancheva. Yo no la conocía, porque cuando yo me fui de Cuba ella era muy pequeñita. Y ella de pronto se emocionó, se echó a llorar. Dijo: “¡Ay! Frente a ese cuadro yo tocaba el piano cuatro horas todos los días. Es increíble, yo crecí rodeada de la pintura de Tomás. y ahora que me toque trabajar en el sonido y en la música de este documental…” Ella no lo podía creer. Y así se dieron muchas coincidencias en los rodajes que parecían mágicas. El sonido de la película es muy bueno, muy bueno. Hay personas que me han dicho que la música casi los pone de pie en medio de la función.

Tomás Sánchez/Descubriendo una isla (2025)

Ahora que mencionas a Gory, creo que en algún momento lo hablamos, en la casa de Gory se produjo un descubrimiento que fue importante para ti a través de un libro con los paisajes de Andrew Wyeth (1917–2009)

Ah, claro, el pintor estadounidense. La casa de Gory la frecuentábamos un grupo de amigos, sobre todo los amigos que formamos parte de Volumen Uno. La llamábamos la Casa de Cultura de la Víbora. O sea, la verdadera Casa de Cultura de la Víbora. Allí siempre encontramos la última información, el último disco que había llegado de los Beatles o de los Rolling Stones o Chicago. Era un lugar que siempre estaba efervescente de arte y de  cultura, y varios pintores trabajamos allí. Tuve la gran suerte, en un momento muy difícil de mi vida cuando mucha gente me cerró las puertas, que Gory y su familia me abrieron su casa de par en par, y estuve años junto a ellos. El dibujo que me dio el Premio Miró, en 1980, precisamente se hizo en el estudio de Gory. No tengo palabras para agradecer todo lo que significó para mí, para todos, la casa de Gory. Ahí se gestó Volumen Uno, por ejemplo. Y es digno que se destaque todo eso.

La estampida cubana

Hemos empezado la entrevista e inevitablemente el tema de Cuba aflora por los cuatro costados de esta conversación. ¿En qué medida la vida de Cuba, el dolor de Cuba, el sentimiento de Cuba sigue presente en tu creación? ¿Cómo tú has logrado procesar todo eso tras tu ausencia voluntaria desde 2017?

Nací en Aguada de Pasajeros, actual provincia de Cienfuegos, y me crié en el central Perseverancia [hoy nombrado Primero de Mayo]. Por eso el documental se titula Perseverancia, por mi vida, por la forma que he tenido que perseverar para abrirme camino, pero también por el pueblo donde nací. Además es un homenaje a la gente de ese pueblo que siempre ha sido tan generosa conmigo. Salí de Cuba en 1990 con un grupo de artistas cubanos que el gobierno cubano nos dio la posibilidad de irme a México. Era como un acuerdo: ustedes pueden estar afuera y pueden regresar cuando quieran, pero no pueden hacer declaraciones de prensa en contra del sistema cubano. Como un sello puesto. Algunos de los artistas se quedaron, la mayor parte se quedó permanentemente en México. Yo estaba en Cuba con una gran contradicción, porque mis pinturas estaban subiendo de precio y las instituciones cubanas vendían  mis cuadros en el Fondo Cubano de Bienes Culturales a la mitad del precio. Así estaban destruyendo el mercado que estaban logrando las galerías en México.

Fue un momento de ruptura de muchas figuras del mundo intelectual y artístico cubano, coincidiendo con la crisis del campo socialista…

Yo empecé en ese momento –al mismo tiempo que Pablo Milanés estaba en ese proceso– tratando de crear una fundación para utilizar mis ingresos en proyectos sociales. De hecho, empecé a trabajar entre Cuba y México y  me acompañé de un grupo excelente de personas. Cabe destacar entre ellos a Tania Bruguera, que fue esencial. Empezamos a trabajar con una escuela de niños con problemas de conducta, la cual estaba solamente una cuadra de mi casa en Guanabacoa. El gobierno municipal nos dio mucho apoyo, pero realmente todo derivó en contradicciones y discusiones con el Ministerio de Cultura y con el aparato de poder central. Y después de  tres años de discusiones infructuosas, decidí, en el próximo viaje que fui a México en 1993, irme a Miami. Ya había estado en Estados Unidos dando una conferencia en la Parsons School of Design en Nueva York. Y esa vez, con mucho pesar, decidí romper con Cuba.

Tomás Sánchez/Laguna con meditador (1996)

Fueron los años más duros de la hecatombe que se calificó con el eufemismo de Período Especial…

En ese momento que se produjo el Período Especial parecía que en Cuba se iban a ver forzados a hacer cambios, a permitir inversiones privadas, inversiones extranjeras. Y en 1995 decidí regresar, pero no me daban entrada, no me daban visa. Entonces llamé a Gabriel García Márquez y él habló con alguien en La Habana y pude entrar sin pasaporte, con una carta de la Oficina de Intereses de Cuba en Washington. A partir de ese momento continué regresando al país. A veces estaba dos años, tres años sin ir, pero en otras etapas iba hasta dos veces al año. Fui tutor de tesis de estudiantes de arte, di charlas sobre paisajismo y participé en algunas exposiciones colectivas. Fue un honor para mí, por ejemplo, que mis grabados estuvieran presentes en una exposición que se hizo en el Museo Servando Cabrera Moreno, que se llamó La conciencia del testigo. Como esa exposición, participé en otras que me fueron muy gratas, pero no tenía interés en hacer una exposición personal. Y cuando la Bienal de La Habana de 2015 me invitaron a exponer. Yo llevaba 30 años sin exponer en el Museo Nacional de Bellas Artes y decido aceptar la exposición precisamente por la estrategia de acercamiento de Obama y como una forma de apoyar esa política. Expuse en Bellas Artes y volví a Cuba en 2016. Pero en 2017 comencé a ver que todo iba para atrás, presencié atropellos de la policía contra la población, vi cómo golpeaban a un hombre por vender maní en la calle, y me dolió tanto que decidí no regresar. Ya yo no tengo ni padre ni madre allí, y mi hermano falleció. Solamente tengo primos y la mitad de ellos se han ido. Entonces, ¿a qué ir a Cuba? ¿A alquilar un carro y a gastar dinero allí? Y menos ahora en la situación actual. Prefiero desde aquí seguir ayudando a mi familia y a mis amigos. Y realmente rompí, no he vuelto a Cuba ni quiero volver.

Tomás Sánchez/Biscayne Bay 2 (2006)

Te preguntaba eso, porque los que estamos exiliados, seguimos llevando a Cuba de alguna manera sobre los hombros, en los recuerdos y la imaginación diaria, o otras personas tratan de separarse, pero es inevitable esa imantación con lo que han sido nuestras vivencias, nuestro país. ¿Cómo está Cuba en la vida cotidiana de tu creación?

Cuba está siempre las 24 horas del día. Yo vivo aquí en mi casa con Clara Astiazarán, que es especialista en arte y que lleva la promoción y curaduría en mi estudio; y con Vicente Ramos, que es costarricense, administrador de mi proyecto artístico y del proyecto ecológico que tengo aquí en Costa Rica. Pues siempre a la hora del almuerzo están sobre la mesa todas las últimas noticias de Cuba. Cuba no se le separa a uno, aparte que tengo comunicación diaria con mis amigos allá. Uno carga con Cuba, es algo que está en uno, que sigue en uno y que seguirá en uno hasta que no estemos en ese mundo.

Un premio para iluminar la noche

Cuando mencionaba todo tu comienzo viene el recuerdo del Premio Miró, que prácticamente te puso en el foco de atención cuando no se conocía de ti dentro de Cuba. Precísame realmente cómo fue que esos dibujos llegaron al Premio Miró, porque siempre ha habido una duda sobre eso. ¿Los mandó el gobierno, los pudiste enviar tú? ¿Cómo fue?

Es una historia en que el documental se relata muy bien, realmente es impresionante. Yo me gradué en la Escuela Nacional de Arte (ENA) y mi única ambición en la vida era poder vivir de mi pintura. Quería vivir de mi pintura,  me encantaba ser profesor de arte y tener tiempo para pintar y para practicar meditación. Practico meditación y yoga desde 1970, o sea, ya son 56 años practicando. Al graduarme de la Escuela Nacional de Arte, incluso antes de graduarme, gané un premio nacional en grabado. En los cinco años que fui profesor de la ENA, obtuve tres premios en grabado y dos premios en pintura en concursos nacionales,  En casi todos los casos, primeros premios. Pero hubo un momento en que yo le resultaba molesto a algunas personas. Había gente que aspiraba a tener posiciones dentro del Instituto Superior de Arte que se estaba creando. Yo tenía un diploma como profesor más destacado de las escuelas de arte y les hacía sombra. Entonces se inventó, basado en mi práctica de yoga, que yo era amigo de sacerdotes, de seminaristas, de pastores, de gente de la iglesia anglicana, de la sociedad teosófica, de los rosacruces. Era muy raro en un sistema ateo, marxista-leninista, una persona con todos esos  intereses. Sin embargo, al mismo tiempo tenía un diploma de haber sido el profesor más destacado en el curso de superación política e ideológica para el personal docente. Eso es muy irónico. Pero bueno, me acusaron. No me acusaron formalmente, pero dijeron que yo era agente de la CIA. Me expulsaron de la escuela. Tardaron después un año en darme la baja. Tuve la suerte de poder entrar a trabajar en un taller de teatro de títeres y marionetas. Formé un grupo de marionetas y me integré mucho en ese mundo del teatro de títeres.

Tomás Sánchez/ El río va (2020)

¿Ese grupo es el que estaba vinculado a la UNESCO?

Sí, ese grupo ya no está en Cuba. Alberto Palmero, su fundador, y su familia se fueron a México y viven ahora en Veracruz. Incluso él tiene un museo de títeres que lo creó en Cuba, títeres de muchos países. Y él lo sacó de Cuba y abrió su museo en Veracruz. En ese momento yo encuentro un mundo en el diseño de teatro. Fue muy curioso también porque estaba prohibido darme ningún trabajo que estuviera relacionado con el arte. Solamente se permitía –yo leí la carta con una circular que decía que solo se me podía emplear como pintor rotulista. Pero fue interesante porque el director del taller, Francisco Pérez, a quien no le importaba mucho eso porque era costarricense, había sido un guerrillero que huyó a Cuba y al empezar a vivir como cubano sufrió la decepción lógica. Se casó con una actriz del Teatro Nacional de Guiñol. Él me dio la plaza de pintor escenográfico, pero me permitió además trabajar en diseño de títeres. Eso fue muy lindo porque toda la gente del taller se solidarizó conmigo. Ahí estaban Ángel Norniella y Amelia Carballo, por ejemplo, que fueron ceramistas reconocidos después. Ellos me dieron mucho apoyo. Por ejemplo, Carlos José Alfonso, que todavía no se había ido de Cuba, también me apoyó mucho y habló con la gente del taller para que me ayudara. Y sucedió que tres meses después de haber entrado al taller, el diseño de  la obra Meñique en el Festival Nacional de Teatro para la Infancia y la Juventud fue seleccionado como ejemplo de lo que debía hacerse en diseño para los títeres en Cuba.

Cualquiera pensaría que esos eran méritos laborales suficientes para avanzar, pero al parecer fue todo lo contrario en tu caso…

Inmediatamente me cayó encima la Seguridad del Estado. Me hicieron un registro, me detuvieron en Villa Marista y fui sometido a interrogatorios. Por una parte tenía todo el apoyo del teatro, de Marcia Leiseca, que estaba al frente de la Dirección de Teatro y realmente me apoyó mucho. Ella después pasó a ser viceministra de Cultura y me siguió apoyando. Pero yo seguía marginado. En 1979 logro exponer por primera vez en la galería de Galiano y Concordia, pero sin la autorización alto nivel. Alcides Rivera, que en paz descanse, amigo mío y compañero de la escuela, era director provincial de Cultura, y me dio la posibilidad de exponer en Galiano y Concordia. Hubo gente que se opuso y fue a ver a Alcides para reclamarle que cómo se me iba a permitir exponer. El asunto fue que la exposición fue un éxito de público y a partir de ahí empecé a exponer con el grupo Desaparecidos, con versiones de paisajes. Fue en una exposición de este grupo que Margarita Ruiz, una gran amiga y funcionaria entonces en el Ministerio de Cultura, me dijo que porque no hacía un dibujo para presentarlo al Premio Miró. Ella era la secretaria del director de Artes Plásticas y sobre eso hay dos versiones. Margarita dice que la participación mía fue autorizada por su jefe. Otras personas, miembros de la Dirección de Artes Plásticas, me dijeron que no, que Margarita metió mi dibujo en el envío sin decir nada y que el director firmó la aprobación del envío sin leer la lista. El caso es que cuando se supo que había ganado el Premio Miró, apareció la noticia en la televisión y después se prohibió darla.

Contradicciones y desvaríos

Recuerdo un artículo del crítico Gerardo Mosquera, que fue la vía por la cual se enteró mucha gente.

Mosquera coló su artículo en Granma aprovechando que estaban realizándose los Juegos Olímpicos de Moscú y Mosquera y tituló el escrito “Otra medalla de oro para Cuba”. Y todo el mundo lo leía y lo que hacía era hablar del Premio Miró. Pero después de eso, que fue en julio, no se habló nada, ni se dio más ninguna noticia hasta septiembre, cuando Marcia Leiseca decide que había que hacerme un homenaje. Hago una exposición en el Parque Lenin y a partir de ahí ya el Fondo Cubano de Bienes Culturales empieza a mover mi obra y mi carrera cobra mayor atención. Entonces vienen otros premios, otras cosas, viajes al  extranjero, y así comienza a abrirse el mercado de mi pintura y las propuestas de exposiciones en todas partes. Pero fue un antes y un después del Premio Miró.

Por eso cuesta trabajo pensar que tus obras aparecieron de repente en las paredes del Consejo de Estado, el Comité Central y otras altas entidades del gobierno. De ser prácticamente un desconocido pasaste a convertirte en un obligatorio. Según me dicen algunas personas, todavía esos cuadros tuyos siguen colgados ahí…

Era un problema para mí porque, por ejemplo, ya entonces un cuadro mío mediano valía 30 mil dólares en México, pero si yo le decía al Consejo de Estado que un paisaje que me encargaron valía 30 mil dólares pues iba a ser un escándalo. Una vez que yo gané dos mil 500 pesos cubanos en un año eso fue tremendo. Hubo que dividir la cantidad en tres pagos durante dos años, porque no podía ser que una persona ganara más que un médico y eso fue así, una contradicción constantemente.

¿Cómo resolvías entonces esa contradicción ante las autoridades cubanas?

Por ejemplo, a veces a mi me encargaban un paisaje de la Sierra Maestra. Entonces yo decía, bueno, yo no quiero cobrar nada, yo quiero que me paguen el viaje con algunos amigos. Y en una ocasión fui con un gran crítico de arte alemán y su esposa, y con un pintor alemán y su esposa también; otra vez con Enrique Pineda Barnet y otros amigos. Hicimos recorridos por la Sierra Maestra, por la Sierra Cristal, por el sur de Isla de Pinos, llamada ahora Isla de la Juventud. Y fue muy interesante porque cambiamos cuadros por especies. Yo no tenía el apuro de causar molestias diciendo que mi cuadro valía tanto y no tenía tampoco el deshonor de dar mi cuadro por nada. Y así fue que hubo cuadros míos en las oficinas del gobierno, más los cuadros premiados en la Bienal de La Habana de 1984, que fueron después parte de la colección del Museo de Bellas Artes o están en instituciones del Estado.

Antonia Eiriz, memoria permanente

Tú has mencionado a amigos y a maestros que han tenido un papel importante en tu creación. Te referiste a una persona muy querida que ahora me conmovió recordar, el cineasta Enrique Pineda Barnet. Pero quería volver sobre esos comienzos tuyos en los que hay un nombre que evidentemente resultó decisivo en tu formación, incluso hasta en los intentos de hacerte concebir un paisaje de alguna manera abstracto: Antonia Eiriz. ¿Cómo tú la recuerdas?

A Antonia la recuerdo como mi madre en la pintura, y en gran sentido como una amiga y una madre también personalmente. Antonia fue muy severa, muy amorosa, ella sabía combinar ambas cosas, de manera muy directa. Siempre agradecí que si una cosa mía no era buena, me decía, “Eso no sirve, tienes que repetirlo, eso no es arte, lo que estás haciendo está bien dibujado, por eso no está bien compuesto…” Siempre tengo que mencionar a Antonia, y estuve cerca de ella hasta su muerte, porque murió estando yo en Miami. Me iba todas las tardes a casa de Antonia a tomar el café y conversar con ella y su familia. Entre los maestros tengo que mencionar también a Félix Beltrán, con quien aprendí cosas invaluables. A Sergio Benvenuto, padre, que fue profesor de estructura de la obra de arte. Y a Servando Cabrera Moreno, que sin haber sido profesor mío directamente, tuvo  gran influencia sobre un grupo de artistas jóvenes que lo visitábamos todo el tiempo, a pesar de la oposición oficial que había contra él. Servando y Antonia recién ahora empiezan a ser valorados realmente en Cuba y a exhibirse las obras de ambos que estuvieron prohibidas por muchos años.

Sacrificio visto a través de una caja/ acuarela, 1984. Galería Cernuda Arte.

Tu carrera pudo tomar el camino del expresionismo siguiendo a Antonia Eiriz y, de hecho, hay una marcada veta expresionista en tus primeros dibujos, estoy pensando en algunos trabajos iniciales que he visto recientemente en la galería de Ramón Cernuda. ¿Te marcó eso definitivamente? ¿Tú rompiste con eso?

Antonia realmente es uno de los monstruos del expresionismo y yo no la pondría por debajo de Francis Bacon nunca, por ejemplo, o de Antonio Saura y otros expresionistas. Antonia me ayudó a desinhibirme. Yo venía de la Academia de San Alejandro muy condicionado por la enseñanza académica, que también me sirvió de mucho después para poder desarrollar mi arte. Pero Antonia me enseñó a soltarme realmente, como también hizo un profesor de dibujo de primer año en la ENA, Alpízar, que me ayudó muchísimo. Antonia me hizo perder el miedo. Después también descubrí la pintura de James Ensor, del belga Léon Spilliaert, de Bacon, la pintura de Saura, a quien tuve el honor de conocer personalmente, y decidirme por una vía expresionista. Porque la vía expresionista era una forma de expresar –valga la redundancia– el caos que ya se empezaba a vivir en Cuba. Muchas de las escenas que relato en esas pinturas y grabados iniciales reflejan esa época.

¿Dónde están hoy esas pinturas y grabados? ¿Has podido recuperarlos?

Muchos de esos grabados se perdieron y las pinturas fueron dadas a los estudiantes para que las taparan y pintaran encima de ellas. En esa etapa yo pintaba en la escuela porque no tenía estudio, por lo que se perdió toda una cantidad de obras de transición; se salvó algo gracias a Rafael Cáceres, el maestro, fue mi alumno y es profesor de arte en Cienfuegos. Cáceres salvó un cuadro mío que se llama Excursión al natural, que es precisamente la pieza que marca el comienzo de la transición del expresionismo al paisaje.

Los días de gloria

Hablando de amigos e influencias, hay otra persona que es inevitable: Pablo Milanés. La canción Éxodo, incluida en el disco Los días de gloria, está dedicada a los creadores que como tú partieron de la isla, y la carátula del disco está ilustrada con una obra tuya. Háblanos de tu relación con Pablo en esos años

Al comiezo mi relación con Pablo era solamente de coincidencias en determinados eventos, determinadas ocasiones, pero después sí estuve yendo a su casa. Lo conocí a él cuando estaba casado con Zoe Álvarez y conocí a Zoe en ese momento también, y después lo visité varias veces cuando estuvo casado con Sandra Pérez. En una de las visitas a su casa me cantó todas las canciones del disco y a mí me encantó. Me dijo que si yo estaría dispuesto a hacer la cubierta y yo acepté. Me conmovió mucho. Primero, la canción que le da título a la obra, “Los Días de Gloria”, que sé no cayó muy bien oficialmente y recibió determinados regañitos por haberla hecho, aunque Pablo era muy independiente y hacía lo que le daba la gana, lo que él quería realmente. Pablo no fue sumiso. Si en un momento él creyó en aquel sistema, al final tuvo un proceso de gran decepción. Y el hecho de que me mencione en ese disco, fue para mí fue muy emocionante, porque yo tengo un inmenso aprecio por la obra de Pablo y por su figura. Me acuerdo que hice la portada en Trinidad, en casas de amigos, y fue una cosa que realmente no quería hacerla así. La portada es un tanto depresiva, o sea, es un paisaje visto desde lo alto con un sendero que va hacia el mar. En esa portada creo que expresé la tristeza que sentía por ver la frustración mía y ver la frustración de Pablo. Para mí es un orgullo que una obra mía esté en ese disco tan valiente de Pablo, porque lo hizo en Cuba.

Carátula del disco Los dias de gloria, de Pablo Milanés.

Disfruto mucho estar delante de una obra tuya, contemplativa, mística, pero me interesa también ver cómo la gente la percibe.  Una de las sorpresas que tiene la percepción de tu pintura es cuando las personas  descubren que no son paisajes calcados de la fotografía, sino que son paisajes imaginados, creados desde tu espiritualidad. ¿Cómo es ese proceso de creación? ¿Cómo es que tú concibes una obra? ¿De dónde sale dictada esa pintura?

En mi etapa de estudiante yo pintaba mucho del natural, pero posteriormente me di cuenta que no me gustaba irme a la naturaleza, ponern un caballete y ponerme a pintar el paisaje. Yo prefería siempre meterme en el bosque o en la selva, subirme a los árboles, comerme las frutas, bañarme en los ríos, en las cascadas, sentarme a meditar junto a una cascada… El personaje que aparece continuamente es en cierta forma un autorretrato más allá del tiempo, porque generalmente siempre soy joven, a veces me puedo parecer más, a veces menos, pero a mí lo que me interesa es mi relación con la naturaleza y la relación del ser humano con la naturaleza. Creo que la naturaleza por sí misma –cuando uno queda inmerso en ella– tiene el poder de desconectarlo a uno de todo y meterlo en un estado meditativo. Por otra parte, cuando experimento, yo no soy persona de estar teniendo visiones de maestro, ni visiones de ángeles, ni visiones de nada de eso. Yo suelo tener visiones de espacios y de luz en espacios. En la meditación mi conciencia se amplía dentro de un espacio meditativo que no es un paisaje determinado. Sin embargo, cuando salgo de la meditación, se me ocurren ideas de determinados paisajes que están totalmente permeados por ese sentimiento que experimenté cuando estaba en meditación. Por eso es que sale la visión del espacio. O sea, yo no me pongo a buscar qué voy a pintar; a mí me viene la idea de golpe después de la meditación o sencillamente cuando tengo el lienzo delante y viene la imagen de lo que quiero hacer. Hay otro tema que trato paralelamente: el tema de los basureros, que la gente piensa que son dos etapas en mi vida.

A eso iba a referirme, porque la gente no puede a veces conciliar la exaltación de la naturaleza con la destrucción de la naturaleza que se expresa en tus cuadros…

Claro. Yo digo que soy dual, hablando astrológicamente soy geminiano. Se dice que Géminis es un signo dual. En 1980, cuando gané el Premio Miró, al año siguiente tenía que hacer una exposición en Barcelona. Y me fui a vivir para Guanabo, donde alquilé un cuartito, en la loma, y me pasaba el día entero en la playa. Me hice amigo de todos los salvavidas, los jóvenes, la gente de mi edad y más jóvenes que eran estudiantes. Había muchos estudiantes de ciencias, de biología marina, de oceanografía, y esos muchachos habían formado un grupo de protección ambiental junto con un salvavidas que desapareció misteriosamente, cayó preso un año y medio y después desapareció. Arguyen que se ahogó tratando de irse de Cuba. A mí me extraña porque él incluso daba instrucciones a la gente en qué momento salir y en qué corriente remontarse para llegar a Cayo Hueso en unas cuantas horas. Él era abogado de profesión, pero en la práctica era oceanógrafo al punto que la Academia de Ciencias lo contrataba. El grupo era un club de aficionados a la biología marina, a la ciencia, a la arqueología, a la espeleología. Y hacían todo ese tipo de trabajo. Yo me vinculé con el grupo hasta el punto que dibujaba de noche y me pasaba el día entero en la playa con ellos. Una de las cosas que hacíamos era detectar vertederos ilegales de basura. Ahí mismo en la playa de Guanabo había empresas del Estado donde los camioneros, para no gastar combustible y evitarse el viaje al vertedero nacional, tiraban la basura en la playa y usaban el combustible para bienes privados después. Y por el tipo de basura clasificamos los basureros y decíamos, esto es del turismo, esto es de los restaurantes, esto es de las pizzerías, por el tipo de pedazos de mueble o productos o los modelos de documentos que había en la basura allí. Tengo incluso un paisaje que es un basurero hecho a imaginación, pero parte de un basurero que realmente vi junto a la playa de Guanabo.

La muerte de la naturaleza

¿Entonces la idea de los basureros surgió allí en Guanabo?

Ahora que veo los basureros en Cuba por todas partes, recuerdo al principio cuando comencé inspirado por los basureros de la playa y por los basureros que llamaban planes tarecos. La gente podía botar a la calle todo lo que no querían y después venían y lo recogían. Ahora la basura se tira a la calle, se queda en la calle o la queman en la calle. Pero yo creo que el tema de la basura está presente en el paisaje de siempre y es importante llamar la atención sobre eso, porque el plástico no es naturaleza, el plástico es la muerte de la naturaleza. Y este mundo se nos está llenando de plástico.

El artista en pleno disfrute de la naturaleza costarricense. Foto: Julián Trejos.

Digamos que son visiones complementarias del mundo actual, los paisajes de ensueño y los basureros…

Creo que ambos paisajes, el paisaje de la meditación y el paisaje de la basura reflejan estados mentales. El paisaje de la meditación, de la expansión de la conciencia ante la contemplación de la naturaleza, es el paisaje espiritual, el paisaje positivo. Pero la mente humana común, cotidiana, la mente de casi todos nosotros, incluyéndome a mí, está muy afectada por el consumo. Creemos que mientras más tengamos vamos a ser mejores o más ricos. Y creemos que tener más es ser más. Entonces acumulamos cosas, acumulamos cosas, desechamos basura y más basura. Yo digo que el basurero externo es la proyección del basurero que portamos en nuestra mente. Cuando me siento a meditar, en el proceso que voy calmando mi mente me doy cuenta cuánta basura hay que sacar, quitar la tensión de esa basura para poder poner mi mente en un estado de quietud, en un lugar donde la mente se encuentre en reposo. Creo que estamos consumiendo de más, produciendo de más y mucho más de lo que la naturaleza puede dar. Estamos destruyendo literalmente la naturaleza.

¿Pintas todos los días?

A veces hasta sábado y domingo. Y a veces me voy una semana entera para un parque nacional, para una selva, para la costa.

Tú no tienes la presión de otros artistas en términos comerciales y financieros…

No me dejo poner presiones.

Dibujos para descansar

¿Qué tiempo puede demorarte la creación de un cuadro?

Por ejemplo, hay mucho menos basureros que paisajes, porque un basurero me toma diez o quince veces más tiempo que un paisaje. Y generalmente pongo más paisajes que basureros, pero en este momento mismo tengo cuatro basureros alrededor mío que están en proceso. Es muy difícil decir cuánto me toma. Yo he resuelto un paisaje grandísimo en dos semanas y a veces me he estado dos años. Pinto entre cinco a diez cuadros al mismo tiempo, entre basureros y paisajes. Estoy pintando todo, me canso de uno y agarro el otro. Generalmente pinto en la mañana y dibujo o hago grabados en las tardes. Trabajo muchísimo, o sea cuando dibujo estoy descansando de pintar y así alterno, pero realmente me toma mucho tiempo el paisaje y no hago mucho caso de las presiones económicas. Tengo una gran ventaja ahora, pues como hay una gran cotización respecto a mi obra, si tuviera un apuro económico hago un trabajo de pequeño formato y lo puedo vender con rapidez. Tengo una lista, un montón de personas con encargos, esperando por mis obras.

¿Estás asociado en estos momentos a alguna galería o institución?

No tengo contrato exclusivo con ninguna galería. Desde que Marlborough desapareció, hace ya unos cuantos años y después de casi 80 de existencia, decidí no hacer ningún contrato exclusivo. He estado trabajando con la galería White Cube. Participé en una exposición colectiva con un acuerdo y ahora estamos gestionando otra exposición personal, pero ellos querían hacerla en noviembre de este año y en ese tiempo yo no podía producir una exposición completa.

¿Esa exposición dónde sería?

En White Cube, que es considerada en estos momentos una de las tres galerías más importantes del mundo. Es mucho más de lo que era Marlborough al momento de desaparecer. Tienen dos galerías en Londres, en París, en Hong Kong y en Nueva York. Y para mí es un gran honor que esa galería se haya interesado en mi trabajo y que haya sido invitado a participar en una exposición de verano dedicada al paisaje. Se presentó en Londres bajo el título de Alien Shores, y la muestra fue concebida por una curadora excelente, Susanna Greeves. Me fascina trabajar los proyectos que tienen conmigo y quieren que la primera exposición sea en Hong Kong, solo de paisajes, no quieren basureros. Es un placer trabajar con Susana Greeves. También hay otro hijo de cubanos, Emilio Pérez, que participó con mucho éxito en la exposición en Londres en el verano pasado. Y pienso así, trabajar con esta galería o con otra, pero solamente con una a la vez y sin contrato de exclusividad, sino con acuerdo por exposición. Y sin presiones.

Un gran basurero político

Has hablado aquí de los enormes basureros que por estos días se acumulan en las calles y los espacios públicos de Cuba. ¿De alguna manera eso llega a motivarte por indignación?

Sí, en parte sí. Incluso el último basurero que estoy haciendo, que lo empecé en el 2015 y aún no lo he terminado. Los elementos que están en la basura son cubanos. Hay desde retratos de mártires o de altos dirigentes tirados en la basura, hasta carteles y banderas. Es un gran basurero. Este sí es un gran basurero político; no es solamente un basurero ecológico. Ya en algún momento lo terminaré. Ese cuadro no quiero venderlo y que esté en mi colección siempre. También estoy limitando más lo que vendo, porque ya yo voy a cumplir 78 años, el próximo 22 mayo, y a esta edad uno tiene que pensar que en cualquier momento le puede tocar irse de este mundo. Y  quiero, pues, dejar un buen legado y que ese legado pueda tal vez crear una fundación para continuar el trabajo emprendido, ya sea aquí en Costa Rica o allá en Cuba. En Costa Rica o en Cuba quisiera que todo eso pudiera estar al acceso y a la visión del público.

Tomás Sánchez/Con la puerta abierta (2019)

¿Cómo ves la muerte? ¿Te preocupa la muerte?  

Voy a citar a una poeta mexicana, Elsa Cross, que practica la misma línea de meditación que yo y ya cumplió 80 años. En una entrevista, ella dijo que la muerte más bien le produce curiosidad. Y hay una cosa muy interesante. Yo he tenido una serie de experiencias en la vida que me han hecho tener una visión diferente sobre la muerte a la que tiene la mayor parte de la gente. Yo nunca he podido llorar ante la muerte de un familiar. Sencillamente he sentido que ya no estaba en ese cuerpo. Nunca he podido ver al cuerpo. Ni el de mi madre lo vi. No podía ver como mi madre. Mi madre estaba en otro lugar viendo como yo me estaba ocupando ella; tuve que vestir el cuerpo de mi madre en Cuba, porque no había quien lo hiciera en la funeraria. Y lo que dijo Elsa Cross a mí me impresionó mucho. En estado de meditación, cuando la mente se calma, cuando no hay ningún pensamiento y uno entra en un estado de expansión de conciencia, uno dice, yo no soy este cuerpo. O sea, yo soy algo mucho más grande. No es posible que esto desaparezca una vez que el cuerpo desaparece. Y después están toda la cantidad de experiencias de personas, de experiencias post-mortem, que están registradas en muchos documentales, textos y libros. Entonces no me preocupa, no quisiera sufrir dolores, pero no me preocupa el hecho de morir. Estoy agradecido por lo que me ha tocado vivir, por lo bueno y por lo malo que me ha tocado vivir. Estoy muy agradecido.

En el año 2022, tu cuadro Llegada del caminante a la laguna, realizado en 1999, obtuvo una cotización de $1.8 millones de dólares en la casa de subastas Christie’s, lo que te convirtió en el pintor cubano vivo mejor cotizado, a nivel de los grandes artistas mundiales y los clásicos latinoamericanos que se han vendido en el mercado del arte. ¿Cómo se lleva ese peso de grandeza encima?

Tomás Sánchez/ Llegada del caminante a la laguna (1999).

Realmente no es un peso. Hay una cosa que la gente no entiende. Mi objetivo fundamental en la vida es la experiencia que estoy logrando a través de la meditación. Todas las otras actividades, los procesos, relaciones y demás cosas que ha habido en mi vida han sido transitorias, experiencias que tenían que pasar y pasaron. Cuando ese cuadro alcanzó ese precio a mí me dio alegría, por supuesto, pero era una verdadera curiosidad que no podía dejar de ver sin ironía, porque por ese cuadro yo recibí, en su momento, $45,000 dólares. La galería Malborough lo vendió en $90,000 dólares, en 1999, y a mí me pagaron la mitad; de esos $45,000 dólares yo tuve que pagar mis impuestos al Tío Sam, de manera que vi nada más que una parte reducida de eso. Nunca he vendido mis cuadros en ese precio, pero sucede que la pintura ha ido incrementando su valor de manera creciente. A mí lo que me da esta venta es la tranquilidad de que puedo dedicar más tiempo a hacer la obra que quiero conservar y mantener, o la obra que quiero que esté en determinado lugar. Y no tengo esa presión económica. Pero realmente, claro, por supuesto, es una satisfacción, aunque  no he estado persiguiendo ese propósito nunca. El propósito es que lo que estoy pintando quede bien. Y después tener tiempo para irme a disfrutar de la naturaleza.

¿Tendremos pronto la oportunidad de ver una gran exposición retrospectiva de Tomás Sánchez en Miami? ¿Podremos disfrutar de ese privilegio pronto o no?

Sí, sí, es muy posible y las gestiones están avanzadas con una institución conocida. Ya incluso se está gestionando la localización de obra mía que está en colecciones privadas de Miami y tendremos pronto buenas noticias.

Cambio y reconciliación en Cuba

Antes de terminar esta conversación quisiera volver sobre Cuba, que vive actualmente una situación de crisis e incertidumbre muy dramática. Tú mismo has mencionado cómo la conversación del mediodía en tu mesa es Cuba. Estamos en un momento muy difícil y mucha gente piensa que es inevitable un cambio en Cuba, dada la precariedad y las dificultades extremas que está viviendo la población cubana. ¿Cómo tú ves el futuro de Cuba?

Creo que el cambio es inevitable. Sobre prever cuál es el futuro, si hay una intervención extranjera, tendría que ser una intervención que le diera la posibilidad a los cubanos de escoger su propio gobierno y la  posibilidad a los cubanos de Miami de invertir. Sería la mejor solución para volver a convertir a Cuba en un gran país, que llegó a ser la cuarta economía de América Latina. No planteo una solución específica ni apuesto siquiera por una solución. Pero no quisiera, de ninguna manera, que fuera una solución violenta, porque la gente tiene bastante muerte y bastante enfermedades, bastante sufrimiento y bastante hambre como para tener además que sufrir una guerra o una represión brutal, como ha sucedido en otras ocasiones. Hay algo que siempre me pregunto y lo quiero repetir aquí: cuando veo aquel discurso famoso de Fidel Castro de “La historia me absolverá”, quisiera preguntarme si realmente la historia lo va a absolver. Un sistema que destruyó todo en un país próspero y después le echó las culpas a un bloqueo externo, cuando realmente fue la ineficiencia y el oportunismo lo que acabó con ese país.

Hay un elemento que siempre nos preocupa y a veces nos sobrecoge porque lo vemos con una posibilidad muy remota y es cómo llevar a cabo un proceso de reconciliación en nuestro país que incluya el tema de la justicia. ¿Crees que es posible una reconciliación cubana, teniendo en cuenta la polarización y las tensiones sociales que se manifestan en este momento crucial?

Creo que en muchas ocasiones ha sido posible un cambio, una reforma, una apertura en Cuba. Cuando llegué a Miami me simpatizó mucho la idea de los dialogueros. En Cuba los odiaban y no los dejaban entrar al país, y en Miami los odiaban también. A Ramón Cernuda le intentaron poner una bomba una vez en su auto en Miami. Pero creo que sí es posible la reconciliación. En Cuba hay un problema grave, más grave que todo el problema económico, es la degradación social existente. En las últimas ocasiones que estuve en Cuba, vi muchas personas que habían perdido los valores humanos fundamentales. Y ahora lo veo de manera multiplicada también. Cuando observo gente drogada en la calle, jóvenes tirados en la calle en los videos que se publican en redes sociales o en fotos que me mandan mis amigos, me duele mucho, profundamente. Hace falta una reconstrucción de Cuba en todos los  sentidos, pero para lograrlo hace falta muchísimo amor. El amor patriótico, el amor patrio con los cubanos de Miami. Siempre hemos estado diciendo que sostenemos y que llevamos a Cuba en nuestro corazón, y creo que para demostrarlo tiene que haber tanto perdón como reconciliación. No puede haber ningún cambio basado en el odio. Claro, quien haya cometido crímenes tiene que pagar de alguna forma. Pero en general, mucha gente actuó o actúa aún porque son resultado de un lavado del cerebro de 67 años.

¿Te ves viviendo tú en Cuba en un futuro cercano? ¿Lo has imaginado?

Si estoy vivo para entonces, me encantaría. Me encantaría dejar mi cuerpecito allá.

La presentación de PERSEVERANCIA. UN ENSAYO DOCUMENTAL SOBRE TOMÁS SÁNCHEZ, del realizador Juan Carlos Martín, será este lunes 14 de abril, a las 7:30 pm, en el Koubek Center Theater, en el 2705 SW 3rd St, Miami, FL 33135, como parte de la programación del Festival Internacional de Cine de Miami. El artista estará presente en la función.

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