
Por Redacción CaféFuerte
El ex gobernador Bill Richardson admitió que su estrategia para negociar la liberación del contratista estadounidense Alan Gross durante un viaje a Cuba en el 2011 fue errada.
Ricardson, un avezado negociador de Washington en la arena internacional, aborda el tema en un artículo publicado en el diario The Washington Post, en el que ofrece sugerencias para romper el estancamiento en la batalla que libran actualmente republicanos y demócratas en el Capitolio tras el cierre forzoso del gobierno.
El artículo se titula «Yo he hecho acuerdos con dictadores. Aquí está mi consejo para el Congreso», y se publica a raíz del lanzamiento de su libro How to Sweet-Talk a Shark: Strategies and Stories from a Master Negotiator (Cómo hablarle dulcemente a un tiburón: Estrategias y testimonios de un Maestro Negociador), escrito en colaboración con Kevin Bleyer.
Aprender a callarse
Según Richardson, el presidente Barack Obama debe convocar a los líderes del Congreso y los mediadores en la Casa Blanca y cerrar las puertas hasta que lleguen a un acuerdo, porque las reuniones breves seguidas de insultos en conferencias de prensa son poco productivas. La lección -afirma- la aprendió en La Habana.
«A partir de ahora, los principales actores deben abstenerse de hacer declaraciones públicas que están destinadas a complacer a sus asambleas, pero sólo bloquean las partes en posiciones difíciles», afirmó Richardson, quien fue embajador ante Naciones Unidas entre 1997 y 1998. «Aprendí esa lección de manera difícil».
El aprendizaje -cuenta Richardson- ocurrió en septiembre del 2011, cuando viajó a Cuba con el propósito de traer consigo a Estados Unidos a Gross, condenado a 15 años de cárcel en la isla,
«En 2011, cuando las autoridades cubanas se negaron a entregarme la custodia del empleado de la USAID, Alan Gros, corrí a las cámaras e insistí en que no iba Cuba sin él. Cuatro días más tarde, me fui de Cuba sin él. Mi lloriqueo pública hizo que los cubanos estuvieran menos dispuestos a negociar; ellos estaban claramente molestos porque yo había tratado de avergonzarlos. Gross permanece hoy en una prisión cubana», confesó Richardson en el artículo.
Una llegada sorprensiva
En esa oportunidad, Richardson viajó sorpresivamente a La Habana y se instaló en el céntrico Hotel Nacional. En agosto de ese mismo año había realizado una visita de cinco días a Cuba como parte de una delegación de hombres de negocios de Nuevo México, en la que puso también el foco de su misión en la liberación de Gross.
A pesar de las múltiples apelaciones y solicitudes de personalidades políticas, organismos internacionales y líderes religiosos, Gross, de 64 años, permanece confinado a una celda del Hospital Militar «Carlos J. Finlay» de La Habana. Su caso es el principal obstáculo para avanzar las relaciones entre ambos países.
Desde la llegada de Obama a la Casa Blanca, Richardson se convirtió en uno de los más fervientes partidarios de la apertura hacia Cuba, y se ofreció como mediador entre el gobierno de Raúl Castro y los cubanoamericanos. En el 2009 cenó con el entonces presidente del Parlamento, Ricardo Alarcón, y recibió una carta del ex gobernante Fidel Castro durante una visita a La Habana.
En 1996, sus gestiones directas ante Fidel Castro derivaron en la liberación de tres presos políticos cubanos.
Pero tras el fiasco del 2011, no ha retornado a La Habana, al menos en gestiones públicas.
El libro de Richardson comenzó a distribuirse comercialmente este martes en las librerías de Estados Unidos.