La odisea migratoria cubana está dejando también su dramática huella en Brasil.
“Deje a mi hijo de cinco años con mi madre y vendí todo lo que tenía para venir a Brasil. Hoy paso días muy difíciles, lloro sola en las noches, en ocasiones no he podido comer, y no sé cuando pueda volver a verlos. Ellos están esperanzados de mi”, comenta una madre cubana que trabaja 10 horas diarias, cinco días por semana, en el país suramericano.
Bloqueadas todas las alternativas legales para llegar a Estados Unidos y obstaculizadas las vías de acceso a México y los países centroamericanos, la nueva ruta de inmigración para los cubanos es Suramérica. La escalada comenzó después de que Estados Unidos cambiara radicalmente su política migratoria y blindara los canales tradicionalmente accesibles para ingresar al país, ya fuera solicitando asilo a través de la frontera mexicana o mediante el programa de reunificación familiar.
Brasil ha pasado a ser una opción de creciente uso para salir de Cuba en medio de una crisis sin precedentes que ha disparado las aspiraciones del éxodo hacia cualquier destino.
Los datos del Observatorio de Migración Internacional (OBMigra) indican que las solicitudes de refugio de cubanos en Brasil se proyectaron en constante aumento a partir de 2022, cuando 4,241 presentaron sus casos.
Para 2024, las peticiones de asllo de cubanos superaban las 22,300 y se duplicaron a 41,900 a finales de 2025, según los registros de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) de Naciones Unidas. El Ministerio de Justicia y Seguridad de Brasil ha identificado a los nacionales cubanos como los mayores solicitantes de refugio en el país, superando ya a los venezolanos.
Una gran industria de operaciones ilegales y tráfico de personas ha echado a andar para el ingreso de personas a territorio brasileño.

Los viajes comienzan con la compra de boletos de avión hacia Suriname, Guyana y, en menor grado, hacia Venezuela, teniendo en cuenta que son países no exigen visados. Los costos de avión fluctúan entre $600 y $1,200 dolares, y resultan cambiantes según las aerolíneas y la temporada.
Cuando los cubanos llegan a alguno de esos países de tránsito son guiados hasta Brasil por traficantes de personas. Otros viajan solos por su cuenta y muchos han sido estafados y asaltados tanto por coyotes como por delincuentes.
Existe una red de cuentas de Facebook e Instagram que brindan información para cubanos sobre el viaje, el proceso de entrada y de como encontrar trabajos en Brasil.
“Hay que tener $2,000 dólares o más para poder llegar a Brasil y asentarse los dos primeros meses. Luego a esperar que lleguen los documentos, que demoran”, comentó Milen, de 40 años, quien lleva tres meses residiendo en Brasil y no ha obtenido su Registro Nacional Migratorio (RNM).
La mayoría de los cubanos que llegan a Brasil entran por la frontera norte y se dirigen hacia el estado de Roraima. Allí viajan hacia ls ciudad de Boa Vista, donde se encuentra el Centro de Acogida para Inmigrantes y Refugiados y también la sede de la OIM. Estas entidades realizan la tramitación para la documentación legal, de permanencia y permisos de trabajo en el país.
A comienzo de febrero las autoridades brasileñas demantelaron una red que utilizaba a inmigrantes cubanos en un esquema de tráfico de personas y estafas con pasajes aéreos, operando a través de la frontera del estado de Roraima.
La arremetida policial se denominó Operación Malecón y se centró en Boa Vista, donde se procedió a la captura de un sospechoso señalado como el coordinador principal de la red delictiva. El operativo logró incautar 12 mil reales en efectivo en diferentes monedas, incluidos dólares estadounidenses y pesos cubanos, según reportes del diario g1 Roraima.
El Grupo de Acogida para Inmigrantes y Refugiados en Roraima entrega a los solicitantes de estancia el Protocolo de Refugio, CFP (Control Físico de Personas), y el Programa de Atención Primaria de Salud (PSF). Estos son los primeros documentos que reciben los cubanos al arribar al país.
El RNM es el documento de residencia para los inmigrantes, pero está demorándose para la comunidad cubana, según comentarios en redes sociales.
“Cuando llegas a Brasil te dan el Protocolo de Refugio en la frontera, luego hay que renovarlo anualmente en la Policía Federal. De esta manera ya estas legalizado en el país, pero el proceso es lento y por etapas”, relató Enrique Díaz Rodríguez, periodista independiente que está a la espera de su estatus de refugiado.
La historia de Díaz Rodríguez es singular, pues decidió torcer el rumbo migratorio hacia Suramérica en el momento de su travesía en que Nicaragua le negó la entrada de tránsito.

“Estaba en el aeropuerto de Lima, Perú, y no me quedó más remedio que pedir asilo allí mismo”, cuenta el periodista, que reside actualmente en Brasilia, la capital federal.
Pero la adaptación a Perú le resultó hostil por los episodios de violencia que percibió durante su estancia, las dificultades para acceder a tratamientos médicos y las trabas burocráticas para encaminar su petición de asilo.
“Decidí irme para Brasil, pero los cubanos no entran por donde yo entré y me dieron un Protocolo de Refugio”, contó Díaz Rodríguez. “Tengo los documentos legales, pero debo renovarlos todos los años, y ahora debo seguir un proceso para ganar el refugio”.
A diferencia de los cubanos, los venezolanos cuentan con mayor apoyo de las autoridades brasileñas, y tienen programas especiales de ayuda como la Operación de Acogida y el Programa de Reubicación Voluntaria.
Esos programas funcionan a través de la ACNUR y ofrecen servicios de recepción, identificación de los solicitantes, cuidados médicos e inmunización. También les brindan alojamiento, alimentación, un programa de educación y protección social.
La reubicación voluntaria ofrece mayores oportunidades económicas y mejor integración social.
Los cubanos solicitantes de refugio tienen que buscar sus propias rentas y el trabajo, sin recibir la misma ayuda que los programas de la ANCUR les dan a los venezolanos.
“Mi esposo tenia un trabajo muy duro, hasta 10 horas al día y le pagaban poco. Ahora busca nuevo empleo. Los brasileños son duros con nosotros”, comentó una madre cubana de 34 años, quien junto a sus tres hijos lleva seis meses en Brasil.
El Comite Nacional para los Refugiados (CONARE) o Sisconare –como también se le conoce—es el encargado de otorgar otorga el refugio, pasaporte brasileño y ciudadanía.
“Sisconare es quien se encarga de aprobar las solicitudes de refugio. Luego de cuatro, cinco años o tal vez más. Es triste la cantidad de cubanos aquí y que seguramente no les aprobarán la solicitud de refugiados, ya que carecen de evidencias de que han sido perseguidos en Cuba por problemas políticos, de religión o raza”, manifestó Díaz Rodríguez.
El ascenso de Luiz Inácio Lula da Silva a la presidencia, por tercera vez, en 2023, ha complicado los procesos de refugio para los cubanos.
“Sucede incluso que las autoridades te llegan a plantear que solicites la residencia, pero yo me siento un refugiado y quiero luchar por mi refugio”, relató Díaz Rodríguez.
Un total de 17,818 cubanos aparecen oficialmente registrados como inmigrantes en Brasil, la mayoría con residencia en el país. De ellos, un 79% obtuvo su estatus mediante procesos de reunificación familiar.
Los cubanos no solo arriban a Brasil desde Cuba. También han llegado desde México, algunos de ellos a partir de 2025, luego de ser expulsados de Estados Unidos por el Departamento de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), según la nueva política migratoria de la administración Trump.
Otros no han asentado en Brasil y se han marchado a Uruguay siguiendo el mismo camino incierto, con la esperanza de encontrar una mejor vida y poder ayudar a sus familias hambrientas y desoladas en Cuba.