Obispos cubanos: Un mensaje desde La Habana que Washington debería leer con atención

Cuba no es Venezuela, y Venezuela no es Cuba. Los funcionarios cubanos y estadounidenses deben comprender la gravedad de la situación antes de que sea demasiado tarde.
Cargamentos humanitarios deo gobierno de Estados Unidos con destino a Cuba. Foto: Café Fuerte.

Por Jason I. Poblete*

Los obispos católicos cubanos emitieron hoy una declaración sobria y, en cierto modo, inusualmente directa sobre la situación de la nación cubana. Parece haber sido recibida con discreción, sin aspavientos, pero su momento es importante. La declaración se produce la misma semana en que la administración Trump emitió una nueva orden ejecutiva sobre Cuba.

No se trata de un memorando político, pero los encargados de conducir la política exterior de Estados Unidos deberían leerlo detenidamente.

Los obispos se dirigen, ante todo, al pueblo cubano y a quienes ejercen la autoridad en la isla. Pero también hay un mensaje para los estadounidenses, especialmente para los responsables políticos, que no debe pasarse por alto. Los obispos no recurren a consignas. No piden ruptura, venganza ni caos. Ese no es su papel en la sociedad cubana.

En cambio, los obispos cubanos advierten que las condiciones en Cuba se han deteriorado aún más, que la desesperanza se profundiza y que el riesgo de colapso social y violencia ya no es teórico. Piden, con claridad y sin retórica ideológica, cambios que no produzcan más sangre, más luto ni más sufrimiento para quienes ya soportan la carga más pesada: los pobres, los ancianos, los enfermos y las familias desvalidas.

Lo que hace que la declaración sea notable no es solo lo que dice, sino también lo que se niega a hacer. Los obispos rechazan el aislamiento, la coerción y el castigo colectivo como sustitutos de la diplomacia y el diálogo. Se hacen eco de la postura de larga data de la Santa Sede de que las disputas entre gobiernos deben abordarse a través de la diplomacia, no mediante presiones que afecten indiscriminadamente a la población civil.

Al mismo tiempo, trazan una firme línea moral que también apunta en la otra dirección: la dignidad y las libertades fundamentales de los cubanos no pueden estar condicionadas por conflictos externos. La presión extranjera no puede convertirse en una excusa permanente para la represión interna. Esa línea es fundamental.

Los obispos cubanos rechazan la costumbre de Cuba de externalizar la responsabilidad, pero también es una advertencia para los actores externos de que no confundan influencia con legitimidad. La formulación de los obispos es engañosamente simple: «Que el mundo se abra a Cuba», sí, pero también que «Cuba se abra a su propio pueblo», sin exclusiones, sin favoritismos y sin estrategias diseñadas para beneficiar solo a unos pocos. El bien de la nación debe prevalecer sobre los intereses de facción. Esta es una exigencia moral, pero también una lección aprendida a base de esfuerzo sobre la estabilidad política.

Para los destinatarios estadounidenses, especialmente aquellos involucrados en el ámbito político, esta declaración debe interpretarse menos como una súplica y más como una advertencia. Las herramientas —sanciones, decretos ejecutivos, campañas de presión— no son logros morales en sí mismas. Pueden estar justificadas, y en el caso de Cuba apoyo el esfuerzo de la actual administración estadounidense por abrir un nuevo camino utilizando todos los instrumentos del poder estatal, pero no eximen a nadie de la responsabilidad por las consecuencias sobre el terreno.

Cuando un gran número de personas pierde la esperanza, cuando se cierran las vías pacíficas y cuando la verdad se deja en manos de instituciones sin poder real, los sistemas se vuelven frágiles. Y los sistemas frágiles rara vez colapsan de forma ordenada o predecible. Lo que viene después puede ser mucho peor: más impredecible, más desesperado y con un mayor riesgo de violencia o migración masiva, con consecuencias que no se limitan a la isla.

Los obispos no le piden a Washington que resuelva la situación en Cuba. Les recuerdan a todos los involucrados que la dignidad humana no es moneda de cambio y que la estabilidad construida sobre la desesperación es una ilusión. Es un mensaje arraigado en el realismo moral, no en la ingenuidad. Y la historia sugiere que cuando voces como estas comienzan a hablar con tanta claridad, suele ser porque el tiempo se agota más rápido de lo que los implicados quisieran admitir.

Cuba no es Venezuela, y Venezuela no es Cuba. Los funcionarios cubanos y estadounidenses deben comprender la gravedad de la situación antes de que sea demasiado tarde.

*Abogado cubanoamericano, fundador de la organización The Global Liberty Alliance, en Washington DC. Representante legal en Estados Unidos de Alina López Miyares, profesora condenada a 13 años de prisión en Cuba por espionaje.