¿Está cerrado el capítulo histórico de la flamante revolución de Fidel Castro y la Crisis de los Misiles que puso al mundo al borde de una conflagración nuclear en octubre de 1962? ¿Nos queda algo por conocer entre el relato oficial de las partes involucradas, los miles de páginas de investigaciones y documentos desclasificados y los entresijos de este episodio crucial de la Guerra Fría que tuvo tanto de estrategia política entre las grandes potencias como de misterios preservados en territorio cubano?
Sesenta años después de aquella gesta, unos papeles escritos y resguardados hasta nuestros días obligan a reexaminar muchas de las certezas establecidas sobre el desarrollo de los acontecimientos y a revolver conclusiones rotundas que creíamos inamovibles. Esta es una intrahistoria fecunda, acumulada en un legajo de apuntes y confesiones registradas por Jaime Caldevilla García-Villar, diplomático y secretario de prensa de la Embajada de España en La Habana, entre 1957-1967, y que rescata ahora el veterano periodista cubano Pablo Alfonso en un libro revelador.
Con El espía de Franco en La Habana, que es el título de esta investigación histórica, Alfonso saca a la luz datos y testimonios inéditos que pudieron haber cambiado el curso de la historia, y abre una incómoda interrogante sobre los secretos que España supo tempranamente y Estados Unidos ignoró sobre el proceso de sovietización de Cuba.

Mientras la revolución cubana se consolidaba y radicalizaba ideológicamente. Caldevilla elaboraba informes confidenciales desde La Habana para el régimen del Generalísimo Francisco Franco. Los reportes diplomáticos y documentos compilados, que luego Caldevilla convertirá en una cronología narrativa, muestran una trama oculta de lealtades y traiciones en momentos en que la Unión Soviética y Estados Unidos pugnan por la prevalencia sobre Cuba, mientras el anticomunista Franco mantiene una particular relación con Fidel Castro.
El espía de Franco en La Habana es un ensayo de conjeturas históricas. Hay múltiples preguntas que emanan de la lectura de los “papeles de Caldevilla” y que Alfonso ha logrado formular con sagacidad para encender la mecha de la especulación. Si desde una fecha tan temprana como mayo de 1961 la embajada española estaba en conocimiento de la llegada de funcionarios soviéticos y pertrechos militares de carácter atómico, ¿qué uso hizo la Cancillería española con esa información? ¿Le informó el gobierno de Franco a Washington de estas revelaciones anticipadas? ¿Lo desestimó la inteligencia estadounidense? ¿O fue un secreto que le guardó Franco a Fidel Castro en solidaridad por sus ancestros gallegos compartidos y la rivalidad con los vecinos del Norte, que también habían sometido a España a sanciones comerciales?
Otras referencias documentales están vinculadas a la firma secreta de un pacto de colaboración militar entre Cuba y la Unión Soviética a raíz de la visita del viceprimer ministro Anastas Mikoyán a La Habana en febrero de 1960; y a la llegada de los hispanosoviéticos, hijos de los emigrados republicanos españoles emigrados a Rusia, quienes van a jugar un papel relevante en numerosas tareas militares y de inteligencia de la emergente revolución cubana.
Como se insinúa desde sus primeras páginas, se trata de una lectura obligada para pensar la Crisis de Octubre desde una ventana insospechada y para tratar de dilucidar el ajedrez geopolítico del siglo XX, que es el padre de nuestros acuciantes dilemas actuales.
El libro de Alfonso es un incitante anticipo para la posterior publicación del legajo completo de Capdevilla, un proyecto editorial en el que viene trabajado desde hace casi dos años junto al periodista Wilfredo Cancio Isla. El testimonio de Capdevilla consta de cinco capítulos, con un total de 269 páginas, y ha implicado un minucioso proceso de revisión y edición.
Caldevilla tuvo una prominente labor diplomática durante su estancia en Cuba y fue un observador privilegiado de los sucesos ocurridos en la primera etapa revolucionaria. Figuró como experto de la delegación española en la ONU durante tres asambleas generales.
El gobierno cubano lo acusó de agente de la CIA y en 1966 lo declaró persona non grata por su vínculo con figuras de la oposición al régimen comunista.
A su regreso a España fue director fundador de la revista Iglesia-Mundo desde 1971 hasta su muerte en 1976. Fue un hombre cercano y de total confianza de Franco, a quien apenas sobrevivió por unos meses, pues el dictador español falleció el 20 de noviembre de 1975.
El diplomático español no sólo previó los acontecimientos que más tarde confirmaría la historia. Los documentó con pruebas y datos que se han ratificado con el curso de los años, en la medida en que se han ido desclasificando documentos en Rusia y Estados Unidos.
Caldevilla escribió su texto motivado para rebatir supuestos errores y subsanar omisiones en el libro Thirteen Days (Trece Días), de Robert F. Kennedy, quien testimonia su experiencia desde la Casa Blanca como fiscal general durante la Crisis de Octubre. Kennedy fue asesinado el 5 de junio de 1968 y su libro apareció postumamnente.
El espía de Franco en La Habana puede adquirirse autografiado a través del sitio digital creado para su difusión y está también a la venta en Amazon y otras plataformas digitales. Una presentación pública con la participación del autor se anunciará próximamente.