Por Mauricio de Miranda Parrondo*
En los años noventa cuando el gobierno cubano implantó una dualidad monetaria, con el uso del dólar estadounidense como moneda para transacciones domésticas, expresé mi opinión contraria. Allí comenzó una fractura en la sociedad cubana entre quienes tenían acceso a las divisas y quienes no. Por cierto, esto era algo bastante lejano al «socialismo» tantas veces cacareado por la propaganda oficial. Además, al hacerlo, se limitaba la función del peso cubano como moneda nacional.
Desde entonces, consideré inconveniente para la economía cubana que se mantuviera una tasa de cambio oficial de 1 USD=1 CUP y que apareciera otra en el mercado cambiario oficial para las transacciones de personas naturales con un valor diferente, es decir, siempre he estado en contra de tasas de cambio múltiples, como siguen existiendo ahora en los circuitos estatales.
Cuando el gobierno decidió reemplazar la circulación de los dólares estadounidenses por «pesos convertibles» (CUC) a una tasa de 1 USD = 1 CUC y este igual a 24-25 CUP, alerté sobre el peligro que representaba emitir más CUC que los que aseguraban la convertibilidad. Fue lo que hicieron. Emitir a dos manos. Aquello era como emitir billetes del juego «Monopolio» que, alguna vez tuvo su versión nacional (antes de «nuestra era») en el juego de «Capitolio».
Los CUC terminaron siendo literalmente «chavitos», algo muy parecido, por cierto a los vales de los latifundios que mis maestros de primaria mencionaban como ejemplo de trampa de los latifundistas para obligar a los campesinos a comprar en las tiendas del latifundio. Y pensándolo bien, como se han comportado quienes dirigen el país, es algo bastante parecido a un latifundio (sí, porque como yo tengo muy buena memoria, tampoco me olvido de las «casas del oro y de la plata») y a ellos como latifundistas, con la diferencia que ni ellos ni sus padres compraron la tierra. No, se apropiaron del país y lo han exprimido hasta que ya no sale casi nada, porque para que no salga jugo, ya ni guarapo sale.
Cuando anunciaron la Tarea Ordenamiento, que en realidad desordenó mucho más lo que ya estaba desordenado, expliqué que era un error adoptar una tasa de cambio fija que no reflejaba las condiciones del mercado. Entonces no se tomaron el trabajo de investigar el mercado, actuaron chapuceramente y repetían a diario que el «diseño era correcto». Y no era correcto. Y muchos economistas lo dijimos entonces. Y hablamos de la secuencia incorrecta.
Además, esquilmaron a quienes confiaban en el sistema bancario cubano y tenían allí sus dólares o euros convertidos a CUC, con la particularidad de que esos CUC fueron convertidos en CUP a la tasa de 24 x 1 que impusieron los irresponsables que adoptaron la medida del «Ordenamiento» y quienes con su aceptación la aprobaron a todos los niveles del esquema de decisión del país. Todos son responsables de esa esquilmación de los recursos de los cubanos y de sus familias.
En muy poco tiempo la diferencia de 10 o 15 CUP entre la tasa oficial y la tasa informal se multiplicó por varias veces, además de que quienes tenían cuentas originalmente en divisas vieron cómo se evaporaban como resultado del desgreño con el que quienes ejercen el poder en Cuba, manejan los recursos del pueblo.
Y ahora el ministro de Economía y Planificación de Cuba, Joaquín Alonso Vázquez, dice, con toda tranquilidad, que «durante la Tarea Ordenamiento se eliminó la dolarización». Me gustaría saber en qué mundo fue que eso ocurrió, porque en este no fue. ¿O es que las famosas tiendas en MLC no fueron una dolarización parcial? Por supuesto que lo fueron porque para comprar en ellas había que disponer de una tarjeta MLC respaldada por una cuenta en divisas.
Cuando ya habían exprimido a quienes colocaron sus divisas para adquirir las tarjetas MLC y no tenían como asegurar los suministros de dichas tiendas, entonces crearon las nuevas tiendas en USD para las que había que contar con cuentas nuevas alimentadas con recursos «frescos» porque los otros ya se los habían tragado y una nueva tarjeta «Clásica».
Y ahora salen con estas resoluciones del Ministerio de Economía y Planificación y del Banco Central de Cuba en las que se apela, una vez más, a la dolarización y se crean nuevos mecanismos burocráticos orientados a continuar con la política de extracción de rentas.
El mantenimiento de circuitos económicos separados en los que funcionan monedas diferentes es un craso error de política económica. Ya lo he dicho, escrito y argumentado.
Persistir en la dolarización parcial es un craso error de política económica y, además, un error político grave. Ya lo he dicho y argumentado.
Es lesivo para la soberanía nacional; es un golpe de muerte al peso cubano como moneda nacional. En la medida en que aumenten los espacios dolarizados se depreciará más el peso cubano; y ante la parálisis de la producción nacional, ello significará más penurias para los cubanos, porque tendrán que pagar cada vez más caro lo que necesitan y que seguirá llegando vía importaciones.
Todavía recuerdo «al Gil» decir que «el principal problema del país era la escasez de divisas» y muchos economistas insistíamos en que el principal problema era la parálisis productiva. Y ese es el principal problema económico, aunque en realidad el principal problema del país es el político.
En estas notas siento la necesidad de expresar que –en mi opinión- nunca ha tenido Cuba una dirigencia tan incompetente, tan irresponsable y tan mediocre, pero que, además, ha rebasado todo límite de insensibilidad con la tragedia que vive el país y muy especialmente el pueblo trabajador y los jubilados.
Estas medidas son más de lo mismo: más centralización en las decisiones y por supuesto, en el manejo de las divisas; más discrecionalidad cuando se dejan cosas «a lo que se decida»: vacíos en la legislación. Sin embargo, algo contra lo cual no podrán hacer casi nada es con la falta de credibilidad de las instituciones cubanas que ha llevado a buena parte de la población al hastío.
*Economista. Doctor en Economía Internacional y Desarrollo, y Profesor Titular de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, Colombia. Codirector de CubaXCuba-Laboratorio de Pensamiento Cívico.