Chavela Vargas y Cuba: Debut, beneficio y despedida

Chavela pasó inadvertida en sus presentaciones en Cuba, a fines de los años 30s, de las que no se han encontrado pruebas documentales, salvo los relatos fabricados por su mente maravillosa, incluyendo el supuesto encuentro con La Macorina.

Por Jaime Masó Torres

El extranjero que recorra las calles de San José, Costa Rica, embriagado por la voz de Chavela Vargas, difícilmente encontrará algún sitio, alguna placa o mural público que evoque a la artista, a pesar de haber sido declarada Benemérita de las Artes Patrias en Asamblea Legislativa, el 20 de octubre de 2022.

La figura de Chavela Vargas (1919-2012) continúa polarizando a los costarricenses de hoy: no es un mito, ni una leyenda negra. Nombrarla en determinados espacios levanta ronchas y en el mejor de los casos una aceptación resignada. Hay quienes sí reconocen su fama, no tanto su valor artístico. Otros sienten que no les pertenece, ni tampoco les interesa. Se le tilda de “vieja apátrida” o se le critica la voz como quien se lanza a la yugular de su enemigo.

Entre gente joven su nombre, a veces, pasa desapercibido y algunos la ven como referente de mujer rebelde contra el machismo y la homofobia. Son los matices de una sociedad legalista, con una sólida democracia donde la censura no tiene cabida, pero en sus calles los prejuicios y el resentimiento todavía campean a sus anchas.

Buscando a Chavela en Costa Rica encontramos al periodista y escritor Alfredo González Campos, autor del libro Las malcriadas. Historias de mujeres que se salieron del canasto, publicado en 2023 con notable aceptación en este país.

González Campos no solo ha escrito sobre Chavela, también mantuvo una amistad con la artista durante años y conserva fotos, discos y un montón de recuerdos que, con el tiempo, le han permitido entender a la persona debajo de aquel poncho rojo.

En Las malcriadas el autor aporta un dato ignorado por otros escritores: el debut artístico de María Isabel Anita Carmen de Jesús Vargas Lizano, Chavela, en un escenario y frente a un público ocurrió realmente en La Habana durante el gobierno de Federico Laredo Brú, presidente en el período 1936-1940.

No es un registro menor, de hecho, nos da elementos para entender su apego al bolero, género nacido en Cuba pero que al llegar a México perdió “un poco lo sensual y lo sexual” para convertirlo en una música dulce y hermosa, según sus palabras.

En la isla, Isabel Vargas pasó inadvertida, no triunfa, y ese fracaso se lo atribuye al nerviosismo que le genera estar frente a los espectadores. De esas primeras presentaciones en la capital cubana no hemos encontrado pruebas documentales, salvo los relatos que fabricó su mente maravillosa, por ejemplo, el supuesto encuentro con el poeta español Alfonso Camín y la guanajayense María Constancia Caraza Valdés, conocida como La Macorina:

Después, el amanecer
que de mis brazos te lleva,
¡y yo, sin saber
qué hacer
de aquel olor a mujer,
a «mango» y a caña nueva,
conque me llenaste al son
caliente de aquel danzón;
gallo de fino espolón
de un bardal primitivo;
un tambor de piel de chivo,
un timbal y una ocarina!
«Pon,
ponme la mano aquí,
Macorina.

Ya con fama consolidada, Chavela repetiría a viva voz que ella había musicalizado los versos del asturiano Camín, a quien –decía– conoció en La Habana. Quienes le creyeron, obviaron que Alfonso Camín emigró con 15 años a la capital cubana y fue redactor en Diario de la Marina, La Noche, El Diario Español, El Liberal, El Cubano Libre, La Correspondencia, Hojas Cubanas, El Progreso de Asturias y otros.

Después de salir Camín de Cuba, aproximadamente entre 1917-1918, sus visitas a la isla fueron esporádicas, estableciéndose en México durante tres décadas como exiliado del franquismo. Por tanto, si el primer viaje de Chavela a Cuba fue a finales de la década de 1930, ya el periodista y escritor español no se encontraba allí.

Si Camín escribió los versos y se los dio a Chavela ipso facto, eso no es lo que plasmó el poeta en sus memorias Entre palmeras. Vidas emigrantes (Revista Norte, México, 1958). A la altura del capítulo XII, dice:

Pero si «La Campana» no dejó huella en mí, en cambio nunca olvidé los paisajes del río Cauto, ni la garza, ni la mujer, ni el surco, ni la palmera. De la otra parte del Cauto nació «Macorina». Arriba las estrellas y abajo los cocuyos, daba la impresión de que la noche se había volcado sobre los potreros y cañaverales. La fiebre estaba en mí y estaba en la noche. Hasta que cantaron los gallos y rompió el alba. Y una mujer que iba lejos, perdiéndose en el horizonte, entre la noche y el día.

El admirable investigador cubano Ramón Fajardo Estrada, autor de la biografía Rita Montaner: testimonio de una época, señala que, en 1947, poco antes de partir hacia México, Montaner es invitada a una recepción organizada por Benito Coquet, embajador de ese país en La Habana.

De ese encuentro fortuito, relata Fajardo Estrada: «La velada tiene para la Montaner el encanto de permitirle charlar un buen rato con una cantante que admira de veras, Chavela Vargas, quien, para la complacencia de los presentes, entona hermosas canciones rancheras, acompañada del trío Calonge». (Rita Montaner: testimonio de una época. Tomo 2. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2017, p.138).

Cartel publicitario publicado en el periódico Hoy.

Según un anuncio del diario cubano Hoy, Chavela llega a Cuba a comienzos de agosto de 1947 como artista exclusiva de la XEW, contratada por Radio Cadena Mil Diez para actuar en el programa Radio Cocktail Musical, diariamente a partir de las 9 y 35 pm.

El diario del Partido Socialista Popular, con una intensa labor en favor de la cultura, calificó a Chavela como “excelente intérprete de las melodías regionales de México, con una hermosa voz que, unida a un exquisito temperamento artístico, hacen de ella una intérprete excepcional de las canciones típicas de México”.

Es en la Mil Diez donde la artista visitante coincide con una emergente cantante llamada Celia Cruz, como lo registra la historiadora musical Rosa Marquetti Torres en su libro biográfico Celia en Cuba (1925-1962).

Quiere decir esto que después de establecerse en México definitivamente, Chavela Vargas volvió a territorio cubano reconocida ya como una cantante popular, y es muy probable que en esa ocasión –y no anteriormente– haya conocido el tema «Macorina», incluido en su primer long-play, de 1961, Noche bohemia (Orfeón, LP 12-85), en compañía del guitarrista Antonio Bribiesca.

Para ese entonces ya en La Habana el sello discográfico Puchito, de Jesús Goris, había lanzado al mercado el LP Orquesta Sensación. Canta: Abelardo Barroso. Danzón-Cha (Puchito- MLP -557), donde está incluida «Macorina», y muchísimo antes Antonio “Papaíto” Torroella había titulado un danzón como «Macorina pon, pon».

Indiscutiblemente Chavela expandió la canción, la hizo famosa y tejió alrededor historias de dudosa veracidad.

Una declamadora, un misterio

El capítulo cubano de Chavela la vincula con otro personaje poco conocido. Según González Campos, antes de viajar a México Vargas pasó por Costa Rica acompañada por un amigo cubano y la declamadora Maritza Alonso. En aquella corta visita Isabel y Alonso ofrecieron un pequeño recital en la escuela de San Joaquín. Pero, ¿quién era aquella preciosa mujer que acompañaba a la costarricense?

Maritza Alonso, declamadora cubana.

En noviembre de 1937, desde las páginas de la revista Social, Eugenio Florit dice de ella: “Si en Maritza Alonso hemos advertido, desde siempre, una especial inclinación a lo dramático, cuando esto último se une a lo lírico la recitadora alcanza a poner en su interpretación tal gracia y tal emoción contenida, que ellos bastarían a salvar su recital”.

Un año después, el diario Hoy la califica de “genial recitadora que ha sabido captar con la exquisitez de su arte los aplausos más calurosos que le han rendido por diferentes públicos a recitadora alguna”. Y curiosamente, en octubre de 1939, el semanario costarricense de cultura hispánica Repertorio americano publica una reseña bajo el título de “Maritza Alonso. Categoría artística de la emoción”, firmada por la periodista, poeta y activista feminista Mariblanca Sabas Alomá.

Según afirma Sabas Alomá: “A Maritza Alonso hay que señalarle como fundamento básico de su calidad el buen gusto estético y la elegancia espiritual. Sobria de gestos, pero ajustada y expresiva, en cada una de estas composiciones Maritza hace derroche de comprensión y de buen gusto. (…) El arte de Maritza consagra la categoría espiritual de la emoción en la medida en que utiliza sus gamas y recursos”.

Cuando se presenta con Chavela, la declamadora ya era conocida en el círculo intelectual de San José. Sin embargo, su rastro se nos pierde sin saber qué pasó entre aquellas dos jóvenes ―immensamente bellas―, si mantuvieron algo más que una amistad o si llegaron a actuar juntas en otros sitios.

La búsqueda continúa.

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