Por Antonio Guedes Sánchez*
Cuba no ha sido una «potencia médica» tal como intenta trasmitir el gobierno instaurado en el país en 1959. La investigación que he realizado sobre la sanidad en Cuba (1902-2024) llega a esa conclusión basada principalmente en los informes de organismos internacionales, los emitidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los Anuarios Estadísticos de América Latina, así como los Anuarios Estadísticos de Cuba e informes y declaraciones de funcionarios, instituciones y medios oficiales cubanos.
Es importante tener una visión completa de la sanidad cubana durante algo más de un siglo y así poder entender y conocer su realidad. El gobierno cubano que comenzó en 1959 presenta orgullosamente al mundo y exporta sus “logros” en materia de salud. Muchos –dentro y fuera del país– repiten tal cual los enfoques oficiales, sin analizar la situación en la que se encontraba el país en el momento del triunfo de Fidel Castro, antes que se iniciaran los cambios del proceso revolucionario.
Toda conclusión de lo que ha pasado en Cuba en estos últimos años debe partir del conocimiento de cómo se vivía realmente en la isla al instaurarse el nuevo sistema social, para poder entonces valorar las posibles mejoras. El campo sanitario en la Cuba de los años 50 del siglo XX es uno de los más desconocidos por el mundo y también manipulado por el actual gobierno cubano. El país era uno de los más avanzados de América Latina y, sin duda, mucho más que todos los vecinos centroamericanos y del Caribe. Por eso abordo con datos objetivos ese período de 56 años.

Los éxitos y logros sanitarios cubanos que se dieron en la etapa “revolucionaria” tienen una base de desarrollo importante –y de vanguardia– en la Cuba de 1902-1958. Están, además, mediatizados y respaldados por la abundante y continuada ayuda que el gobierno de la Isla recibió de la Unión Soviética y los países del bloque de Europa del Este –el llamado “campo socialista”. Según la auditoría de la historiadora rusa Irina Zorina, Cuba percibió en subsidios soviéticos más de $100,000 millones de dólares en total, y el entarimado social se pudo sostener, aun, claro, a costa de sacrificios económicos, sociales y políticos. Tampoco hay que obviar, cuando se presentan los presuntos logros, que el Estado cubano ha sacrificado a todo un pueblo negándole la libertad, destruyendo su riqueza y dañando sus valores. A su vez el gobierno cubano ha estado ocultando, los elementos negativos de la sanidad desde 1959, que lleva a una debacle progresiva y que abordo aquí solo con algunos ejemplos del estudio realizado.
Atención médica de la población
En un sistema que predica la igualdad, existe al mismo tiempo una diferencia notable en el acceso a los servicios sanitarios, entre la generalidad de la población cubana y los más altos dignatarios del país, al igual que los extranjeros que visitan Cuba pagando en dólares o euros para percibir servicios médicos a través del programa “Turismo de Salud”, y reciben trato privilegiado en centros sanitarios diferentes a los de la población. Cuba cuenta con un sistema sanitario sólo para extranjeros llamado Servimed. Estos servicios son totalmente independientes al Sistema Sanitario Cubano que utilizan los ciudadanos. Servimed cuenta con 40 centros de atención primaria, adecuadamente equipados y que ofrecen consultas y tratamientos de todas las especialidades médicas.
Además de estos centros primarios, se encuentran los que atienden varias especialidades con alta tecnología, como la Clínica “Cira García”; el Centro Internacional de Restauración Neurológica (CIREN); el Centro de Investigación Médica y Quirúrgica (CIMEQ); el Centro Internacional Oftalmológico de Cienfuegos; el Centro Internacional de Retinosis Pigmentaria “Camilo Cienfuegos”; el Complejo Científico Ortopédico Internacional; los Centros de Rehabilitación Anti-Adicciones de Villa Cocal y Villa Quinque en Holguín y el Villa Colibrí en Santiago de Cuba; el Centro de Investigaciones sobre Longevidad, Envejecimiento y Salud (Centro Iberoamericano de la Tercera Edad); el conjunto de edificaciones “La Pradera”; las “Clínicas Internacionales” de: Cayo Coco, Trinidad, Varadero, Santiago de Cuba, Santa Lucía (Nuevitas), entre otras…
Estas instalaciones privilegiadas se anuncian en el extranjero en revistas como Business Tips on Cuba, las publicaciones de Servimed y Cubatur, y páginas de Internet como Onlinetours. Personalidades políticas vinculadas a diferentes estratos del gobierno o que les sirven como representantes a veces viajan al extranjero para buscar una mejor atención médica, tal como hizo en su momento la primera bailarina cubana Alicia Alonso que se atendía sus problemas oculares en la Clínica Barraquer, en Barcelona, donde fue operada en el año 1972 y logró recuperar algo de visión. Alonso falleció, en octubre de 2019, en una de las clínicas cubanas privilegiadas, el Centro de Investigación Médica y Quirúrgica (CIMEQ), de La Habana. El exviceministro de Salud Pública, Abelardo Ramírez, fue a Francia para una cirugía por su neoplasia del estómago. Hasta Fidel Castro recurrió al eminente cirujano español José Luis García Sabrido (del Hospital “Gregorio Marañón” de Madrid), cuando una intervención intestinal se le complicó. Los ejemplos son interminables. Estas desigualdades se hacen más evidente e inmorales cuando se predica una sociedad de igualdad.
El mito de la gratuidad
¿Son gratuitos los servicios de salud, ofrecidos únicamente por el Estado, luego de expropiar todo lo que antes estaba funcionando en el país, en todos los campos, sin indemnizar a nadie seriamente?
¿Después que el Estado cubano es el único dueño y por tanto el que se lleva la plusvalía de todo lo producido? ¿Pueden ser considerados “gratuitos” cuando los sueldos, precios, pensiones, costo e impuestos –directos e indirectos– los fijan o recauda sólo y siempre el estado?
La manera de pago es diversa: a través de descuentos directos del salario bruto en conceptos de jubilación, seguridad social y asistencia sanitaria –en las décadas de los años sesenta y setenta, aún venía así desglosado en las nóminas dentro de los sobres con los que se pagaban los salarios– o con la plusvalía que generan todos los trabajos y que va a parar a las manos del único empleador y propietario, el estado de economía centralizada. Varios planes sirvieron, durante décadas, para recaudar de la supuesta “no productiva” población estudiantil: luego de terminar la Enseñanza Primaria –alrededor de los 12 años– la actividad docente para los alumnos de Secundaria, Bachillerato y Universidad, se combinaba con trabajo como mano de obra no especializada.
Ocurría en dos modalidades: la “Escuela en el Campo” (las instalaciones se construían o habilitaban dentro de terrenos dedicados a la agricultura) o en la “Escuela al Campo” (el alumno estudiaba en los
centros urbanos y se trasladaba luego a granjas como trabajador a tiempo completo durante 45 días por curso). A estas actividades no remuneradas podemos añadir los llamados “trabajos productivos” o
“voluntarios” que, en su tiempo libre –fuera de las jornadas o días laborables– debían realizar todos los ciudadanos que no quisieran ser marginados a los puestos de trabajo más duros y peor remunerados, o que quisieran acceder a cualquier tipo de estudios técnicos o superiores –luego del período obligatorio de Secundaria Básica.
Estas horas de trabajo extra (en la producción o en servicios sociales) estaban implementadas en los llamados Comités de Defensa de la Revolución (CDR) –uno para cada “cuadra”–, los propios centros laborales y hasta en la escuela primaria. Los cubanos por décadas han estado obligados a las guardias de milicia y/o entrenamientos militares, los actos políticos (concentraciones en plazas, marchas, discursos), los recibimientos a autoridades extranjeras por las calles y plazas, la participación en las asambleas políticas a todos los niveles (escuela, trabajos, CDR y en todas las organizaciones “de masas” o políticas controladas por el gobierno).
La asistencia a esos eventos es obligatoria o las consecuencias en los lugares de trabajo y de estudio son graves. En las “misiones internacionalistas” de trabajo en el extranjero las más numerosas, pero no las únicas, son las realizadas por profesionales sanitarios, –el estado cubano es quien cobra/hurta la mayor parte de los sueldos, utilizando al trabajador especializado como mano de obra barata, casi esclava.
Durante años, sanitarios, profesores o ingenieros cubanos han tenido que participar en estas “misiones” en lugares en guerra –Angola, Etiopía y muchos otros escenarios bélicos–, donde muchos murieron o resultaron heridos física o emocionalmente. Después de graduados, todos los profesionales y técnicos (incluidos los sanitarios) deben realizar, durante tres años o más, servicio social, dentro o fuera del país, en los destinos que les sean asignados y no podrán elegir, en la mayoría de los casos bajo condiciones difíciles, y siempre devengando sueldos inferiores con los que normalmente se pagan por el trabajo que realizan –una manera de “pagar” o amortizar los estudios. Los ciudadanos, en general, siempre estarán disponibles para servir donde y cuando señale el estado cubano.
Añádase, que en los últimos años se ha ido imponiendo –para el pueblo– el pago efectivo y directo, como soborno o contrabando, por medicamentos o servicios sanitarios, si se quiere recibir alguna atención –y que ese pago no garantiza la calidad de lo que se consigue.
Considerando todo lo anterior, ¿se puede afirmar que en Cuba hay gratuidad en la salud pública? No creo a estas alturas que ese mito pueda seguir en pie.
*Médico de familia. Máster en Geriatría y Gerontología. Fue director del Centro de Salud (EAP) de Orcasur, en Madrid. Presidió la Unión Liberal Cubana, e integró la Asociación Internacional Liberal y el Comité Cubano Pro Derechos Humanos. Reside en Madrid desde 1981. Su libro Del dicho al hecho. La leyenda de la sanidad en Cuba (1902-2024) se publicó este año y puede adquirirse por Amazon.