Reflexiones de la Caimana: Sonatina funeraria en el 87 cumpleaños de Fifo

La mano de Fifo. Foto: Estudios Revolución.
La mano de Fifo. Foto: Estudios Revolución.
Por Ramón Alejandro*

La Caimana está preocupadísima. Como los saurios no tienen hombros sobre los cuales llevar carga, siente que cuando menos se lo esté esperando, de sopetón y muy pronto, le podría caer de plano sobre el lomo la pesada responsabilidad de seguir reflexionando solita. Porque su modelo, ese Comandante que antaño tan a menudo reflexionar solía, hace rato que solo lo hace de muy esporádica manera.

¿Estará triste el Comandante porque se le murió su querido mentor Alfredito Guevara?
Junto a él, en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

O porque al acercársele un nuevo cumpleaños siente sus propios días más contados que nunca. Parlanchina la dueña dice cosas banales, y vestido de rojo piruetea el bufón.

¿Qué tendra el Comandante?

El Comandante está triste, el Comandante está pálido.

¿Acaso el Comandante sigue por el cielo de Oriente la libélula vaga de una vaga ilusión?

¿Escaparán los suspiros de su boca de fresa, y junto con ellos se le irá a salir de paso su mismísima almita rumbo al Cielo como le enseñaron los jesuítas siendo niño que inevitablemente tendría que llegar a suceder algún lejano día?

Ni el halcón encantado ni el bufón escarlata

Ya no quiere el palacio ni la rueca de plata, ni el halcón encantado ni el bufón escarlata.

¿Habrá perdido su habitual mala leche? ¿Habrá perdido el color?

¿Piensa acaso en los príncipes de Venezuela o de Bolivia, o en el que ha detenido su carroza argentina para ver de sus ojos la dulzura de luz? ¿Quiere ser golondrina, quiere ser mariposa, tener alas ligeras, bajo el cielo volar, ir al sol por la escala luminosa de un rayo, saludar a los lirios con los versos de mayo, o perderse en el viento sobre el trueno del mar?

Sé que este martes 13 de agosto van a lanzarle dos libros en su honor, uno sobre Fifo como soldado de las ideas y de las nuevas tecnologías de la comunicación. Pero el otros es el que me fascina por su título y referencias: El inmortal Castro y el linaje serbio, de la periodista Dragoslava Stefanovic Koprivica, que dicen los panfletos oficiales que será «un repaso literario e histórico» centrado en su personalidad. Y ya se ha anunciado que las celebraciones por su aniversario comenzarán en Santiago de Cuba desde temprano en la mañana, con un carnaval infantil  y las congas de San Pedrito, Veguita de Galo y La Playita.

Y también que el rapero tatuado Baby Lores le ofrecerá un concierto en la explanada del antiguo Palacio Presidencial.

Parece que lo del Mausoleo ya está listo.

Porque con ese tipo de cosa tan oficial como Fifal, en Cuba sí que no hay ningún escache. El Estado Nacional Soberanísmo que es Cuba responderá con todos los hierros debida y responsablemente a esa funeral contingencia. Para eso ha podido confiscar todos los ladrillos y el cemento del territorio nacional con la aprobación por voto unánime de la Asamblea Popular. Ese será el definitivo palacio soberbio que vigilarán los guardias, que custodiarán cien negros con sus cien alabadas, un lebrel que no duerme y un dragón colosal, como diría Rubén Darío.

Advertido por los curas

Pero ahí no para la cosa, porque los curas también le advirtieron siendo niño que cuando llegara al Cielo Papá Dios lo iba a juzgar.

O capaz que fue su institutriz haitiana ambia del cónsul socio del gallego latifundista Don Ángel Castro de Birán, su padre, quién se lo enseñó. ¡Vaya usted a saber!

O habrá sido aquel mismo cura que lo castigó mientras estaba en la escuela en Santiago de Cuba porque Fifo con su fogoso temperamento tuvo la desgracia de fajarse con el alumno del cual ese cura estaba enamorado, según esa consabida mala costumbre que aqueja a tantos curas católicos. Quizás de ahí es que le viene la roña contra los de la acera de enfrente, y la posible y secreta causa intelectual de los campos de concentración para chernas de la UMAP.

Como no pudo desahogarse a fondo en aquella ocasión, en cuanto cogió el poder la cogió con el resto de su calaña.

Parece que siempre terminan por pagar los justos por los pecadores, asere.

O a lo mejor fue que le dió uno de esos trances como el que le dio en medio del ataque al Moncada, que confiesa inocentemente que no sabía de nada de lo que alrededor de él durante aquel tiroteo pasó pero que se quedó como en blanco, y por supuesto bien al seguro durante como media hora, mientras sus subalternos se hacían balacear como soplatubos a causa de él y en beneficio exclusivo suyo.

Sin pecado mortal

Tremenda cara de corcho que tiene este Comandante Araña.

Él sabe muy bien allá en el fondo de su conciencia cristiana que no es pecado mortal desguabinar la economía de una islita del Caribe tan insignificante como la suya. La Iglesia Católica desconchinfló la de la peninsula española en cuanto pudo desalojar a moros y judíos, sin pecar gravemente por eso. Destruir riquezas no llega ni a pecado venial para sus teólogos. Para eso está la Apologética, que se ocupa de justificar todo lo que le convenga a la política del Vaticano.

Las muertes inútiles causadas por las guerras de África y la de algunos miles de balseros ahogados, y otros miles más fusilados por diversas supuestas razones de Estado, tampoco es muy grave. Solamente en París, La Noche de San Bartolomé los católicos asesinaron a 3,000 protestantes sin ninguna consecuencia para ellos. Dios perdona todo ese tipo de cosa con mucha facilidad, sobre todo cuando se asesina luchando por defender los intereses del Papa. Vean como en estos mismos días está canonizando a los curas occisos durante la Guerra Civil española. Los republicanos muertos no les interesan, ni aunque se llamen Federico Garcia Lorca. Los guajiros reconcentrados por Valeriano Weyler en Cuba tampoco les interesaron, porque también bendecían las armas de los soldados españoles y las de los Voluntarios que asesinaban a inocentes estudiantes de Medicina. 

Lo que sí pudiera crearle a Fifo un serio problemita con Papá Dios es aquello que publicó Le Monde en primera plana hace ya algunos años. Esa correspondencia personal con Nikita Jruschov de aquellos días de la crisis de los cohetes cuando solamente la feliz dependencia política en la cual había subordinado él mismo a Cuba respecto a la URSS, salvó al Mundo de la primera y última Guerra nuclear.

Según esa correspondencia, a Fifo el Malcriado, le dio tremenda perreta cuando Nikita le impidió apretar el botón que hubiera arrasado a Norteamérica, y con ella a Cuba y buena parte de Centroamérica sin olvidar que la reacción Yuma hubiera borrado del mapa a casi toda Europa. Las radiaciones resultantes hubieran sido probablemente suficientes como para extinguir definitivamente a la especie humana.

Ni Josef Bigotón, ni Adolfo Bigotico habían logrado tanto, porque reuniendo entre ambos sus esfuerzos solamente lograron matar en Europa 60 millones de seres humanos.

Solito frente a la Pelona

Si Fifo hubiera podido salirse con la suya, en esa crucial ocasión hubiera podido extinguir la Vida misma, eliminando de paso a la misma Muerte que es su correspondiente corolario. Ni el mismo Guiness de los récords hubiera sobrevivido a la hecatombe para poder consignar su hazaña.

Entonces hoy, Fifo el Consentido, no estuviera delante de la Pelona él solito como en efecto se halla.

Teniendo además, para mayor suplicio, que aguantar que su hermanito, La China de Pamela, le vaya poquito a poco sacando del poder a sus favoritos para ir poniendo a los suyos casi delante de sus propias narices. 

A Papá Dios sí que no le gusta para nada que le trastoquen su cosmología. Matarle a la Muerte con la cual le está metiendo miedo hace tanto tiempo a la gente, y que es el esencial fondo de comercio de su multinacional respaldada financieramente por el truculento Banco del Santo Spiritu, eso sí que no lo puede permitir.

Tremendo berrinche que debe tener el barbudo Pantocrator.

La inmaculada Concepción debe estar todavía con el soponcio que le dio cuando parecía que ya no podría aparecérsele más a ningún pastorcito en alguna aldea apartada de Portugal o de Francia, o mucho más cerca de nosotros en el mismo cerro del Tepeyac en medio del Distrito Federal mexicano, por falta de seres humanos a quienes aparecérsele.  

Que los dioses también necesitan de nosotros para rendirles culto y encenderles velitas, y Fifo se quiso coger todo para él solito, hasta a la misma Muerte, compadres.

*Reflexiones de la Caimana es una sección de crónicas y testimonios que publica semanalmente el pintor cubano Ramón Alejandro en CaféFuerte.

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