Por Carlos Cabrera Pérez
El gobierno cubano acaba de hacer una habilidosa jugada política de cara a la próxima Cumbre Iberoamericana y las elecciones presidenciales en Estados Unidos.
Aunque el régimen sigue conservando el control sobre quiénes entran y salen, consigue poner la pelota en el tejado de Estados Unidos, Europa y otras naciones, y refuerza su mano tendida a los emigrantes sinflictivos.
La tan llevada y traída reforma migratoria es uno de los cambios más notables de los asumidos por Raúl Castro desde que heredó el poder de su hermano enfermo en julio del 2006, porque revierte la tendencia histórica de expropiar a los emigrados, rebaja los costes de tramitación y deja de penalizar mensualmente a los que quieran vivir fuera de Cuba hasta por dos años.
Y aunque son justas y atendibles las críticas que ha levantado el anuncio por la discriminación en que sigue manteniendo a médicos, deportistas de élite, científicos y opositores políticos, entre otros segmentos de población, estamos ante un primer paso que entreabre una puerta corroída por la telaraña de la lógica, pero que hasta ahora estaba cerrada a cal y canto por el candado de lógica totalitaria.
Otra manera de vivir
La mayoría de los cubanos –incluso los castristas más consecuentes- saben que hay otra manera de vivir, que hay otra manera de hacer las cosas y que pese a la dura experiencia que es emigrar y vivir en tierra ajena, sobre todo en épocas de crisis como al actual, al final el lazo familiar y amistoso ha mostrado que por muy jodidos que estemos en el capitalismo, siempre queda algo para socorrer a los seres queridos y amistades en Cuba.
Con ese mero anuncio, Raúl Castro tiene garantizado un posible viaje tranquilo a Cádiz, el próximo mes, en ocasión de la Cumbre Iberoamericana, y no es descartable incluso que -si se decide a viajar- antes expatrie a Ángel Carromero. De paso, como los electores norteamericanos tienen que elegir entre Barack Obama y Mitt Romney, también en noviembre, pues La Habana intentará vender el favor al demócrata, menos complicado que el republicano para sus intereses inmediatos.
Pero el anuncio también tiene una lectura interna: el raulato necesita construir un consenso nacional implícito -y cuanto más amplio mejor- antes de abrir el banderín de que usted también puede ser rico, siempre que sea revolucionario. Eso permitiría a la gerontocracia hacerse inmensamente rica, con la ironía de que el Hombre Nuevo (pitusa, gafas y cerveza de marcas) ajeno a la política porque es “muy cochina”, aplauda con las orejas el new deal made in Viet Nam.
Si mañana los gobiernos extranjeros -ya el Departamento de Estado avisó que no hará cambios en su política de visados- deciden denegar la entrada a muchos cubanos, la culpa ya será de otros y no de la maquinaria represiva del régimen. Pero esta alegría duraría poco, pues el escenario menos deseable para el raulato es que haya muchos descontentos sobremuriendo en la isla.
Lo que se avecina
Esteban Lazo y Bruno Rodríguez avisaron recientemente de que lo que se avecina. El primero dijo que es lícito ganar dinero trabajando bien, en alusión a un agricultor holguinero que cobró unos $15 mil dólares por su cosecha de arroz; el segundo, en un encuentro con «emigrados respetuosos» en Nueva York, avisó que están hartos de intermediarios, que los cubanos exiliados no aplicamos para las grandes inversiones que demanda el país y que están deseosos de llegar a acuerdos con grandes empresas.
La medida de sustituir a robagallinas de todo el orbe con discursos rosaditos para agradar a Fidel Castro por empresarios de verdad, no es mala, pero choca con la memoria de expropiaciones castristas a los legítimos dueños, con la norma legal de empresas mixtas donde-hasta ahora- Cuba pone la dignidad y los extranjeros la pasta, y con los jubilados del FARINT (MINFAR y MININT), prohijados por la dictadura del proletariado en corporaciones extranjeras, que ahora se resisten a los cambios porque ellos se quedan fuera del juego.
Curiosamente, Bruno Rodríguez ha sido tal vez la primera víctima política del anuncio migratorio de su propio gobierno, porque el canciller dijo hace menos de un mes que el sello habilitando el pasaporte era suficiente como reforma migratoria, aunque no descartaban seguir profundizando en las relaciones de la emigración con la patria. Desde el martes 15 de octubre, el canciller es un venido a menos en real política de la transformación castrista, pues entonces le mintió a sabiendas a los emigrados respetuosos con que se reunió en Nueva York, o simplemente no estaba en el ajo. Vamos, como para irse a tomar un café con un señor así.
Sin pasaje al paraíso
Por tanto, se trata de un camino que debe comenzar a transitarse casi de inmediato, aunque si fuera después de Fidel Castro enterrado y/o cremado con todos los honores mejor aún, y que ahondará la fractura social de Cuba, porque ya hay casi tres generaciones que se quedaron sin pasaje al paraíso. Está claro que no podía iniciarse con una política migratoria injusta, sobre todo, cuando una parte del consumidor final de los bienes y servicios a crear serían los exiliados sinflictivos, sus familiares subsidiados en la isla y los “mercenarios del imperio”, que desde la escena del aguacate en la ventana amenazan con convertirse en las nuevas estrellas de Gedosiana Films.
El poder a corto y medio plazo en Cuba se jugará en 2013, y hay indicios de que Raúl Castro y sus allegados han desechado pactar con los fidelistas un reparto proporcional de la piñata. Los cachorros de GAESA ya han descubierto el olor del dinero duro en abundancia y, cual tigres cebados, no quieren compartir la presa con notables del ancien régime.
Y en este escenario, no es ocioso recordar que los principales recursos del país están ya en manos de Sociedades Anónimas, registradas convenientemente en el mapamundi. Aunque de momento desconocemos a los titulares de las acciones, de seguro que estarán en manos revolucionarias que acudieron a esa execrable fórmula del capitalismo para burlar el criminal bloqueo yanqui y preservar el futuro que -como bien sabemos- pertenece por entero al sociolismo (no es una errata).
Un horizonte de marinas, helipuertos, hípicas, hoteles, urbanizaciones de lujo y campos de golf, cercanos a los polos turísticos, es un boccato di cardinale como para ponerse a repartir con otros que llevan años de ventaja, lucrándose con la pobreza y hasta de la miseria de la mayoría de los cubanos. Pero antes de pegar el primer bocado había que intentar tranquilizar a la parroquia emigrada, ofrecer señales al mundo de que el cambio va, y de que va, va, no como los Diez Millones de 1970, y anunciar a los cubanos de dentro el espejismo de que se abre el casino y que hagan juego.
Eso sí, sin faltar a la guardia del CDR ni a los domingos de la defensa. Ni cesar en la batalla por el regreso de los Cinco Héroes.
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