
Pues sí, la sacrosanta emulación entre las provincias por agenciarse el 26 quedó en el camino como otras tantas cosas que la Revolú ha ido soltando a lo largo de su existencia, y ahora estará en las manos del Buró Político designar el territorio donde se hará cada año la celebración patriótico-veraniega.
¿Interesa realmente esta «novedad» política entre la población cubana? ¿Quiénes participaban de esta «emulación» por arrebatarse la sede del 26, como si fuera una providencia celestial? Se trata de un chiste macabro, porque desde hace rato que la designación de la sede por esta efeméride forma parte de los estereotipos exhaustos del castrismo, y nada cambia para la gente si se la dan a Tamarindo, Calimete o Carraguao.
Total, en definitiva «siempre es 26», según acuñó la propaganda oficial y la canción de Carlos Puebla.
¿Contra quién emulamos?
Seamos honestos: ¿A quién le importa hoy en Cuba este tema del otorgamiento? ¿De qué emulación estamos hablando? Ni en los tiempos de mayor efervescencia revolucionaria, obtener la sede del 26 tenía sentido emulativo para el ciudadano de a pie -incluso ni para los propios partidarios del régimen. Sencillamente porque nadie emula para ganarse algo que no representa nada para sus vidas, mucho menos ahora cuando la retórica del sacrificio ha sido remplazada por la realidad del cuentapropismo y el peso convertible.
Lo único que marcaba acaso alguna diferencia para la población por este «honor territorial» era la pavimentación de una calle, el arreglo de un olvidado problema de alcantarillado o la repartición de un cuarto de pollo adicional por lo que va quedando de libreta.
Fuera de eso, salga a preguntarle a alguien -a manera de encuesta- dónde se celebró el 26 el pasado año y sabrán lo que recuerda la gente. Sería como preguntar sobre la última guardia cederista.
Como sucede con la costumbre y los viejos achaques del castrismo, la noticia fue anunciada en la primera página de los órganos de propaganda oficial. «Cambios en el método para otorgar la sede por el Acto Central por el 26 de Julio«, tituló el Granma. Cambios, una palabra que en tiempos de la perestroika soviética y el desconchuflamiento de los satélites comunistas de Europa del Este fue prohibida en los medios cubanos por «recomendación» del Departamento Ideológico y de… ustedes saben quién.
Cambios a la vista
Hoy el acontecimiento de la designación de Guantánamo como sede del 26 es sazonado en una nota de Juventud Rebelde, como en los buenos tiempos del realismo socialista: «Un ambiente de júbilo y responsabilidad crece en la oriental provincia de Guantánamo (…) la determinación fue acogida con entusiasmo por los habitantes del Alto Oriente, que se aprestan a corresponder con un esfuerzo supremo en la ejecución de las tareas en que se encontraban enfrascados antes de hacerse pública la designación».
Por cierto, que el diario local El Nuevo Herald parece entusiasmado con el acontecimiento y tituló el reporte de la agencia EFE como lo hubiera hecho el Victoria de Isla de la Juventud: «Cuba celebrará su Día de la Rebeldía Nacional en la provincia de Guantánamo«. Los títulos de El Nuevo Herald resultan cada vez más sorprendentes, pero nada comparable con aquel que nos regaló meses atrás: «Joven calcinado tomará tiempo en recuperarse».
Pero volviendo al anuncio del 26 rotatorio, ya sabemos que los abuelos del Buró Politico se encargarán de pasarlo de provincia en provincia y -cada cinco años- será en Santiago de Cuba, escenario del dramático suceso aquel 26 de julio de 1953.
¿Durarán tanto para rotar el 26, aunque sea una ronda, por todas las 15 provincias y el municipio especial Isla de la Juventud?
Por lo pronto, los últimos cambios de Raúl son ostensibles mientras se cocina la reforma migratoria: cerraron el Ministerio del Azúcar, designaron al octogenario Samuel Rodiles Planas para presidir el Instituto de Planificación Física, los teléfonos fijos podrán heredarse, la sal fue liberada y la gente tendrá que pagar por los alimentos que entra al país a partir del 18 de junio… ¿No ven que la cosa está funcionando?