Canibalismo deportivo o el negocio de los mercaderes indignos

Los peloteros cubanos Aroldis Chapman y Yoennis Céspedes.
Los peloteros cubanos Aroldis Chapman y Yoennis Céspedes.
Por Alberto Aguila

La noticia del caníbal de Miami ha transitado por el mundo entero y continúa siendo la “comidilla” diaria por estos lares floridanos. Pero los medios periodísticos locales parecen virar el rostro a otros “energúmenos”, generalmente de cuello y corbata, de camisitas o de cualquier tipo de atuendo, que pululan bajo el sol radiante de esta ciudad: los caníbales deportivos.

Conforman una fauna devoradora de bolsas y bolsillos. Entre estas fieras hay una especie muy peligrosa, mezcla de pantera con caimán, que intenta engullir una jugosa parte de los contratos obtenidos por peloteros y boxeadores cubanos, que escapan de la isla en busca de llegar a Grandes Ligas o se subir a escenarios boxísticos de máximo calibre.

En cuanto al béisbol, la gran cantidad de equipos y la necesidad de contar con atletas de clase ha motivado que los propietarios de organizaciones, ofrezcan jugosos convenios a jugadores de diferentes nacionalidades, incluidos nuestros paisanos.

Existe la diferencia con japoneses, coreanos o latinoamericanos que vienen a Estados Unidos como héroes de sus respectivos países. En cambio, los nuestros tienen que valerse de mil artimañas para llegar a la Meca de la Pelota. Algunos tienen que salir a escondidas, otros cuando compiten en torneos en el exterior y son considerados traidores por los dirigentes del paisito de los Castro.

Oportunistas de circunstancia              

De esa situación se aprovecharon y se aprovechan algunos mánagers de peloteros, scouts de todo tipo, entrenadores y también un grupo que nunca ha tirado un “chícharo” en un terreno de pelota: los que ven en los atletas un filón para intervenir en un negocio del que lo desconocen casi todo, menos el color del dinero.

Estos últimos señores ofrecen villas y castillas, les prestan unos -quizás miles- dólares al cubano recién llegado, desconocedor del inglés y de asuntos de contratos, y casi siempre desprotegido de la mano de un familiar que le “abra los ojos”. Así se desencadena todo: firma por aquí y por allá cuanto papel le pongan enfrente. Así van contrayendo compromisos leoninos que luego lo obligan a dar millones de dólares por la “ayuda” que le brindó su taimado compatriota.

Algunos de estos tigres-pirañas, han querido hacer negocios con jugadores que llegan a México, donde van pocos, porque los tiburones aztecas pueden atacar no solo a los deportistas, sino también al que intente quitarle la presa.

Por eso, desde hace unos pocos años enfilaron sus colmillos hacia República Dominicana, donde no pueden arrebatarle el botín completo a los merengueros, pero sí compartir ganancias con ellos.

En el ecosistema miamense, algunos que desean “ganar más que los demás”, se aventuran a meterse en la jaula de los leones y van a Cuba para obtener -en vivo y directo- a su futura víctima. Prefieren a quienes hayan intentado salir y no lo hayan logrado. Se aparecen en un carro rentado a un pueblito cualquiera donde vive el pelotero. Y allí mismo sin tapujos, le dicen hasta donde ellos planean llevarlo de su mano.

El Gran Hermano que vigila

Pero no se dan cuenta, que en ese pequeño rincón, por muy remoto que sea, está el Gran Hermano. Una parte de sus moradores están observando cederistamente todos los movimientos del atleta, con quién se reúne, con quien habla, a que tienda de divisas entra. No hace más que marcharse el vivo de la película y ya están las autoridades hablando con el atleta:

¿Qué te dijo el tipo ese? -le cuestionan los muchachos segurosos.

El jugador, cogido entre primera y segunda, no tiene mucha escapatoria:

Me propuso que si quería irme pa las Grandes Ligas…

Mira, firma aquí esta declaración y mira a ver con quién te juntas, si es que quieres volver a jugar pelota…

Así las cosas, al toletero Kendry Morales le robaron 300 mil dólares. Alexei Ramírez, un excelente torpedero, le quieren desvalijar 450 mil y Yoenis Céspedes está siendo  demandando por $7 millones.

El otro caso que está en la palestra concierne al estelarísimo zurdo Aroldis Chapman, a quien le quieren “tumbar” $18 millones por una demanda que apela a un estatuto legal de tortura. De ser viable, Aroldis pasaría a la historia no sólo por su lanzamiento de 106 millas, sino por ser el primer pitcher torturador en los anales de Grandes Ligas. Allá va eso.

Punto de partida

El espinoso problema comienza con el régimen de Cuba, que niega permisos a peloteros y boxeadores para actuar en el sector profesional, pero no está vedado a artistas, músicos, médicos internacionalistas, y deportistas de atletismo y voleibol, quienes se quejan todos por igual de la exigua cantidad de dinero que les dejan las autoridades, convertidas también en felinos monetizados.

El colmo de la desvergüenza cubana es que mientras se ponen por televisión y hasdta en una gran pantalla en el estadio Latinoamericano los partidos de ligas mundiales de fútbol, se prohibe viciosamente acceder a juegos de Grandes Ligas, rompiendo una tradición arraigada en el pueblo cubano.

Esta semana el oficialísimo diario Granma se hizo eco del arresto y desmontaje de un grupo dedicado al tráfico de jugadores en República Dominicana, y denunció que “se mantiene el acoso, el robo de talentos y el ataque” al béisbol de la isla por  los “mercaderes del deporte” que favorece la política de Estados Unidos.

“A pesar de los cintillos, el despliegue y de la puesta en libertad provisional del grupo, el hecho no es nuevo, persiste la idea de flagelar, de atacar al béisbol cubano”, afirmó el artículejo del Granma.

El papelucho cita los nombres de los siete encartados por la Dirección Central de Inteligencia Delictiva (DINTEL) y la Procuraduría General de la República Dominicana, que se dedicaban a  establecer contacto con peloteros de Cuba, sacarlos del país y negociarles un contrato en Grandes Ligas.

Manipulaciones propagandísticas

Hasta ahí estaría de acuerdo con la perorata cubana porque realmente los personajes involucrados carecen de escrúpulos y sobre todo de humanidad. Lo que mueve a risa es que los propagandistas cubanos alegan como causas de la actuación de los mercachifles: que molesta el orgullo y la alegría de los cubanos en torno al pasatiempo nacional.

No hay que repetir por qué se quieren ir los peloteros y los boxeadores cubanos. Se van porque la política se ha metido en sus vidas y en la administración del valor de sus talentos, que no se los dio Papá Fidel. ni tío Raúl. De ahí que entre las regulaciones del embargo estadounidense y la propia renuencia del gobierno cubano han hecho florecer esta penosa estirpe de mercaderes acémilas e inescrupulosos que ahora nos amenaza a todos.

Con relación al grupo de “cocodrilos” del condado Miami-Dade, son personajillos que evitan hacer proposiciones a  jóvenes peloteros que estudian en universidades, colleges y high schools de este país. no son del todo tontos. Saben que sus padres, conocedores de las leyes estadounidenses, les pondrían fuera de circulación.

Y hay otros peloteros cubanos a quienes nunca se les ocurriría inventarles una demanda. Son los jugadores que quedaron en el camino y desbordan su pasión entrenando y jugando en los campeonatos en el Tamiami Park, en el suroeste de Miami.

Ahí hay suficiente dignidad deportiva y espíritu de competencia, pero no comida para los antropófagos del béisbol cubano.

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