Luis Fernández (1951-2026): Las pérdidas cubanas profundas

Fue un experto constitucionalista y un abogado litigante que enorgulleció la tradición de la jurisprudencia cubana y cubanoamericana.
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Luis Fernández en su oficina del suroeste de Miami. Foto: LF/Facebook.

La muerte del amigo Luis Fernández, abogado estrella en asuntos penales y constitucionales y cubano de pura estirpe, me llega en un momento de sucesivas pérdidas de las que toma tanto tiempo recuperarse como asumirlas.

Perder a Luis es perder a otro amigo entrañable de esos que también son consejeros, interlocutores severos, refugios seguros para escuchar la recomendación en la hora más difícil, con quien además compartía la pasión por el béisbol y las preocupaciones arraigadas sobre la suerte de Cuba.

Luis falleció la noche del sábado 31 de octubre en el Hospital Mercy de Miami, aquejado de una afección cardíaca. Un lugar muy especial, porque está flanqueado por la Ermita de la Caridad, remanso de espiritualidad donde generalmente acudimos cubanos de todos los credos a buscar serenidad y alivio en trances dolorosos.

En ciertos momentos en que transitamos por la etapa otoñal de nuestras vidas, el sentimiento de pérdida es una dimensión que nos acecha con perturbadora frencuencia. Me cuesta pensar que hay personas esenciales, en Cuba o en la diáspora, que ya no van a estar más y que son insustituibles en sus aportes profesionales, sus conocimientos o en sus afectos, como Luis.

Conocí a Luis hace 30 años, cuando acababa de comenzar mis laboreos periodísticos en el exilio. Desde entonces fue una fuente de información confiable y valiosa, siempre dispuesto a ofrecer una perspectiva esclarecedora sobre el tema que abordaba. Sin alardes ni exaltaciones, solo con las certezas que emergen de la sabiduría. También esas destrezas comunicativas emanaban cuando la consejería iba al plano personal y familiar.

Luis fue un experto constitucionalista y un abogado litigante que enorgulleció la tradición de la jurisprudencia cubana y cubanoamericana. Y desempeñó un papel crucial en la defensa de los derechos humanos de presos políticos, y en el enfrentamiento en tribunales estadounidenses y foros internacionales a los desmanes represivos del régimen cubano.

Su huella está en muchísimos proyectos y litigios que representó legalmente, sin percibir beneficios, desde casos de balseros, prisioneros políticos, los reclamos del Movimiento Democracia de Ramón Saúl Sánchez, el desempeño de Nueva Prensa Cubana bajo el liderazgo de Nancy Pérez Crespo, o la iniciativa pionera de Cuba Represión ID, en 2010.

Del acervo familiar provenía su compromiso con las causas justas. Su padre, Luis Fernández Caubí, fue un ilustre abogado y profesor de Derecho en la Universidad Santo Tomás de Villanueva, cuyo bufete había sido establecido en Cuba en 1949.

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Luis Fernández junto a su amigo, el abogado Willy Allen. Foto: Ismael Requejo.

Luis nació en Sagua La Grande, antigua provincia de Las Villas, el 23 de octubre de 1951. La familia emigró en los primeros años de la revolución de Fidel Castro y Fernández Caubí pudo restablecer su firma de abogados en Miami, en 1976.

Luis se graduó de una Licenciatura en Ciencias por la Universidad Atlántica de Florida (FAU) y luego obtuvo el título de Leyes por la Universidad de Florida (sentía orgullo de ser un Gator incajeable como mismo era un seguidor empedernido de los Cardenales de St. Louis). Su labor como jurista en el exilio comenzó el 12 de abril de 1979, cuando fue admitido por el Colegio de Abogados de Florida.

La historia reciente de Miami, los diferendos legales en torno a Cuba y su gente, no podrá escribirse sin colocar a Luis, junto a su colega y socio Willy Allen, en un capítulo destacado.

Luis fue uno de esos hombres que cuentan, aportan y dignifican la vida de sus contemporáneos, de su comunidad y su familia. Que su recuerdo sea siempre una luz en nuestro escabroso camino hacia las metas justicieras en este mundo.

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