¡El futuro tiene la palabra!
Hoy celebro mi fe en la humanidad, en la capacidad colectiva para ganar conciencia y remontar las derrotas en la eterna batalla por la existencia de los muchos.
Pese a la innegable eficacia de la matriz de opinión con la que la dictadura cubana ha logrado victimizarse ante las fuerzas progresistas de cualquier rincón del mundo, deslindo proyecto social de militancias obcecadas, vengan por donde vengan.
Y los estudiantes de uno y otro lado del Atlántico, mulatos y rubios, han parado las garras a las oligarquías resentidas del Brasil de los coroneles y la Serbia del homosovieticus.
A mi mente viene la perreta de Fidel Castro cuando Lula da Silva firmó los acuerdos con Bush para producir etanol a partir de la caña de azúcar. Era un día sí y el otro también, no se aguantaba la roña, la envidia. Pero el Presidente Obrero, criado en un piso de tierra nordestino, dejó claro que el hambre de su gente no se resolvía con ideologización extrema.

Con los biocombustibles, 15 millones de brasileños salieron de la miseria, hoy son más del doble. Brasil tiene una nueva clase media, tanto que hasta los guiones de las telenovelas tuvieron que empezar a parecerse a la gente del Nordeste, que ya compraba, consumía.
A diferencia de la bestia causante de la extinción de nuestra clase media, el sindicalista que soñaba con sentarse en un aula universitaria convirtió su frustración en 18 universidades federales, en casi 200 nuevos campus entre las instituciones preexistentes y las nuevas, en instituciones de investigación científica y pedagogía. Muchas de ellas han acogido a profesionales cubanos para estudios de tercer ciclo, ninguna es un invento para hacer cifras, tienen laboratorios de verdad, eventos internacionales de calidad y la autonomía universitaria es inviolable.
La inversión en cultura, salud pública, ecología… es descomunal. Brasil salió del mapa del hambre; sí, porque inmenso y rico como es no podía garantizar ni un huevo diario.
El retoño de golpista pensó que la sumisión del pasado ante el amo del norte era garantía, subestimó la memoria del campesino, del negro, del indio, de los muchos cuyos hijos salieron de la indigencia y hoy ocupan cátedras, emprenden, progresan. Ellos saben de donde vienen, mirar hacia atrás los hace valientes.
El colmo ha sido pretender suplantar las raíces de la identidad de una nación levantada sobre espaldas multicolor que se juntan en torno a Nuestra Señora Aparecida, patrona de los millones que, como mis vecinos y yo, confiamos la vida y la muerte a un panteón de orishas que comprenden y acompañan sin juzgar. Regla de Ocha y Candomblé por siempre.
Veo las imágenes del pulmón que comparto hasta con quienes se desperdicia oxígeno, y respiro. La deforestación de la Amazonía en un 70% de regresión, probablemente paralizada para 2030. Con solo esto bastaría para sentir alivio.



Y la fría Belgrado se despide de los nostálgicos del Sóviet en su versión putinesca, criminal y fracasada como la mafia castrista. También la universidad, profesores y estudiantes validando el pensamiento crítico y la cultura política en las calles y las urnas.
Nosotros todavía. La democracia es esquiva cuando no se arriesga juntos. El monte está lleno de palos, pero aún no se reconocen entre sí. Una vez más, no calculamos nuestra fuerza descomunal y miramos hacia afuera cuando el poder está en nosotros mismos. Ya Gómez cometió ese error y por poco nos cuesta la patria. Entonces era «comprensible” ante una reconcentración de Weyler que inutilizaba hasta el valor de los Maceo; ahora tenemos la reconcentración de Marco Rubio, que ni es cubano ni la cabeza de un guanajo, además de leer periódicos viejos y apadrinar a la corruptela patrioterista que causa vergüenza ajena y ralentiza. Para colmo, nos cree tan cretinos que manda al gordito a dar abrazos y repartir migajas, mientras la asfixia deja a cientos sin citostáticos ni agua.
La historia es cíclica, el cretinismo también, y los criminales de La Habana saben, no por genios, por oficio.
Dicho esto, que es poco, felicidades #Serbia, #BoraBrasil, #DespiertaCuba. Que no somos la zanahoria de nadie, que tenemos piernas (flacas, pero nuestras). La única invasión que reconozco es la de la conga entrándole a Santiago de Cuba como si no hubiera un mañana.
La patria la hacemos nosotros, los muchos, los que estamos en medio de dos fuegos inhumanos y miserables por igual. Unos nos matan, los otros nos regalan espejitos de Walmart.
Control con la insuficiencia intelectual porque es #bajanda. Y aquí, sin modestia, hay ejemplo pa comer y pa llevar, alimentado, por cierto, con el hambre de mi madre que la ha pasado a base de la yuca que los pollos rechazan ligada con maracuyá (que pare bastante). Ah, de la corriente no hablo porque en Biogranja El Infierno de Viñales nunca hemos tenido.