La urgencia de confluir: Liuba María Hevia con Almas Comunes en Madrid

¿Cuánto importa y cuándo adeuda un artista que pretende mantener su fidelidad a un camino muy suyo, de entrega apasionada, trabajo febril y apego irrestricto al legado de la tradición musical de su tierra?
Liuba María Hevia, momento de plenitud. Foto: RM/Facebook.

Ya eso lo sabía, pero en tiempos convulsos, ante tantos vaivenes, estremecimientos perennes y esperanzas canceladas, una a veces ha dudado de la verdadera utilidad del arte, la música incluída; qué tanto puede ser el arte todo lo polisémico que pretendemos que sea, como palabra y como hechos concretos; qué tan decisivo puede ser para un país, para una nación, para una vida individual.

La noche de este sábado, en el Ateneo de Madrid, mientras asistía al excelente concierto, a sala repleta, de Liuba María Hevia, presentando su más reciente disco Almas comunes, el primero grabado por ella enteramente fuera de Cuba, me hacía éstas y otras preguntas: ¿Cuánto importa y cuándo adeuda un artista que pretende mantener su fidelidad a un camino muy suyo, de entrega apasionada, trabajo febril y apego irrestricto al legado de la tradición musical de su tierra?

Sin dudas, Liuba sigue fiel a ese camino, conjurando cualquier duda y confirmando la pertinencia de ese arte que con su guitarra convierte en canciones, sin importarle demasiado costes y deudas. Con un repertorio y una discografía validados por años de aceptación y popularidad, donde por igual han triunfado temas como el amor, la infancia, la familia, la nostalgia, la esperanza, y símbolos que hablan de querencias perennes –el alma, la luna, la naturaleza, la belleza, la música como categoría vital–, Liuba ahonda en Almas comunes su reflexión filosófica acerca del tiempo, la soledad, la patria, e introduce aristas que considera indeludibles, como la esencia y el efecto del poder, o el amor compartido entre ciudades y países que terminan por unirse en identidad e influencias.

Sobre el escenario Liuba desnudó su verdad y nosotros nos decíamos, con ella, nuestras propias verdades en interiorizada catarsis, desatada por sus canciones y su emocionado encuentro con su público, recorriendo el espectro de sus más de cuatro décadas pulsando la guitarra y compartiendo voz y pensamiento. Asentir, cuestionar, vibrar, disentir, estremecerse, recordar, recorrer el camino de vuelta desde la nostalgia, buscar desesperadamente las confluencias para sanar: así nosotros, los cubanos, transitamos esta noche la alegría y el desgarramiento de un viaje a varias Cuba: la que fue y la que es, la que nunca volverá a ser, la que soñamos. Del mismo modo en que recorríamos con Liuba un camino a nuestro interior, donde cada vez más, el lugar adonde llegamos se hace más nuestro, más comprensible, más entrañable.

Era el efecto de un concierto diseñado no solo para presentar un nuevo disco, un disco más, sino para conectar zonas comunes en cada uno de nosotros, reflexiones, nostalgias, angustias y esperanzas también comunes, que transitan por cada individualidad, cada experiencia personal ante los hechos, cada vivencia disfrutada, cada angustia.

La cantante durante el concierto en el Ateneo de Madrid, el pasado 19 de septiembre. Foto: RM.

Para los cubanos, en particular, y para los que en España siguen desde hace décadas el trabajo sostenido de quien es un ícono de la canción de autor en el ámbito iberoamericano, no podía ser de otro modo, quizás, lo esperábamos, y Liuba y sus músicos no defraudaron: Yibran Rivero, guitarra y tres; Cristopher Simpson, violín; Eilyn Marquetti, percusión; José Ernesto Hermida, contrabajo; fueron un excelente respaldo que, junto a su impecable ejecución y el acertado diseño de sonido en sala, aportaron al concierto el tono exacto para arropar el protagonismo de Liuba.

Los arreglos de Arnulfo Guerra, Lino Lores, Pepe Ordás, Miguel Núñez y Cristopher Simpson merecían –y lo tuvieron– ese refinado entorno instrumental, coronado por el acertado diseño de producción de Espectáculos y Ediciones, liderada por Mayda Bustamante, a cargo también del management de la artista.

Grabado, mezclado y masterizado entre julio y agosto pasado en Cezanne Estudios, en Madrid, con producción de la propia Liuba, Christopher Simpson y Javier Monteverde, la participación de importantes instrumentistas, como Miguel Núñez, en el piano; el percusionista Yuvisney Aguilar, el notable gaitero asturiano José Ángel Hevia, la cellista Mariana Núñez, Lino Lores en el contrabajo, entre otros no menos importantes, y las colaboraciones especiales de Marisa Valle Roso y la gran Ana Belén, con el disco Almas comunes Liuba María Hevia redirige las miradas a quién es hoy, en esencia, al mundo en que habita y le compromete, y lo hace sin traicionar los pilares de su obra autoral, los mundos sonoros que le influyen y el amor, que no abandona.

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