La guayaba de la semana: ¿Por fin Romney saboreó papaya en Miami?

Detalle de Le Gout de Pouvoir (1991), pintura de Ramón Alejandro.
Detalle de Le Gout de Pouvoir (1991), pintura de Ramón Alejandro.
Aunque se la quitaron de la boca en el aire, el candidato presidencial republicano Mitt Romney terminó saboreando papaya en Miami.

Fue sin dudas el espectáculo de la semana: dos días después de anunciar su compañero en la boleta como candidato a la vicepresidencia, Romney desembarcó en Miami para tratar de buscar el espaldarazo del voto cubano y, por añadidura, latino.

El acontecimiento de la parada del candidato no transcurrió esta vez el sacrosanto Restaurante Versailles de la Calle Ocho, sino que sus organizadores movieron la función un poquitico más al suroeste, y lo llevaron al flamante Palacio de los Jugos de Westchester.

Sobre las razones de cambiar el tradicional cafecito del Versailles por la ensalada de frutas de Westchester se especuló ampliamente. Tal vez los asesores de Romney pensaron que si Felipe Vals, el dueño del legendario restaurante de la Ocho, está aportando contribuciones a la campaña de Barack Obama, pues no estaría bien poner al Hombre en esa encrucijada.

Pero el motivo fundamental es muy sencillo: los mormones no toman café y hubiera sido un desaire tremendo rechazar la tacita allí, entre exiliados de buen aroma.

Descartado está que los sabuesos de campaña no supieran que el propietario del Palacio de los Juegos, el señor Reinaldo Bermúdez es un convicto por narcotráfico que cumplió tres años en cana por operaciones de cocaína vinculado a delincuentones colombianos.

Con esos antecedentes, pues el Servicio Secreto se esmeró en desplegar desde helicópteros hasta francotiradores en la zona, no precisamente para cuidar las deliciosas frutas y comidas del establecimiento. La plana mayor del republicanismo miamense estaba allí, incluyendo al senador Marco Rubio, a quienes los cubanos soñaban ver en la fórmula republicana. Pero eso será para otro cuento.

En última instancia, Romney, que ha tenido muchos contactos latinoamericanos y caribeños mediante sus empresas y negocios, es un fanático de las frutas tropicales, como le confesó al periodista Carlos Santana, de Radio Mambí, en una entrevista previa al acto en el palacete de Westchester.

Una traductora muy recatada

La entrevista salió al aire mientras Romney viajaba en el ómnibus rumbo al Westchester miamense. Santana, mediante una traductora, lo abordó por teléfono desde el Palacio de los Jugos, donde aguardaba la multitud.

Lo que no le dijeron a Romney sus asesores es que la pasión por cierta fruta que los cubanos llaman fruta bomba puede derivar en chistes de contenido erótico. Y así venía transcurriendo la entrevista para Radio Mambí, con mucho violín para la comunidad cubanoamericana, hasta que el entrevistador tocó el tema de las frutas que le aguardaban al candidato.

Los que estaban presenciando la entrevista, vieron una reacción inesperada de la apacible traductora, como quien recibe un corrientazo, mientras el periodista Santana no podía aguantar la carcajada, como buen guajiro de Ciego de Avila que no ha dejado de ser.

Resultó que Romney confesó a Santana su predilección por la papaya, pero la señora que traducía censuró la fruta en la versión de sus palabras y le añadió el mamey, como para tratar de apaciguar la sensualidad que pudiera desprenderse de semejante declaración. A fin de cuentas, el Hombre pudiera llegar a la Casa Blanca y está demasiado cerca el tabaco de Bill Clinton y la tal Mónica.

Al final, Romney terminó luego saboreando papaya en el Palacio de los Jugos, a pesar de que la buena fe de su traductora tratara de corregir, al aire, su desvarío tropical.

Esta es la transcripción del papayoso incidente que salió al aire por Radio Mambí:

Periodista: Gobernador, lo están esperando con un mamey, una guayaba… frutas cubanas aquí en Miami. Le gustan?

Romney: I’m a big fan of mango, papaya and guava.

Periodista: (Risas)

Traductora: Soy un gran partidario del mamey, los mangos y las guayabas.

Periodista: Allí también hay mangos. Gracias, señor gobernador.

Romney: Thank you, Bye bye.

Poniendo aparte su filiación política, dígame usted: ¿verdad que estuvo bien Romney en no ocultar sus gustos?

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