
Todavía exultantes después de la conquista del III Clásico Mundial de Béisbol (ocho triunfos de ocho posibles, tres sobre Puerto Rico, incluido el partido final) los peloteros de República Dominicana se desperdigan ahora por los campos de entrenamiento de las Grandes Ligas.
La labor de esos hombres se correspondió esta vez con su fama… y sus chequeras. Cinco de ellos integraron el equipo All Stars del torneo, el segunda base y MVP Robinson Cano (promedio de bateo de 469, 2 HR, 6 RBI) el inicialista Edwin Encarnación (250, 6 RBI), el short stop José Reyes (314, 1 HR, 3 RBI, 7 anotadas), el outfielder Nelson Cruz (303, 6 RBI) y el implacable cerrador Fernando Rodney (7.1 innings, ninguna anotación permitida, siete salvados).
No tuvo la tierra del merengue esta vez en sus filas a David “Big Papi” Ortiz ni a Adrián Beltré, dos toleteros de la lid precedente, ni pudieron enrolar a Albert Pujols, pero el grupo que vistió la franela nacional fue suficiente para arrollar al resto del mundo.
Puerto Rico, que a menudo en este 2013 debió nadar contra la corriente, mereció su segundo puesto y clasificó a tres estelares, el catcher Yadier Molina (.259, una base robada), el jardinero Ángel Pagán (.364 y 447 promedio de embasamiento) y el pitcher Nelson Figueroa (2 triunfos, 1.80 ERA).
Del resto de los finalistas, la mayoría de los entendidos esperaba que Japón acudiera al programa de clausura, pero los samuráis olvidaron su ofensiva en algún terreno del spring training, donde jugaron partidos de preparación. Y sobre todo dejaron perplejos a quienes les vieron ejecutar erróneamente un intento de doble robo, con dos corredores aglomerados en segunda base y con ello el aborto de un posible rally ante Puerto Rico.
Los demás en el equipo ideal fueron la tercera base de Estados Unidos, David Wright (438, 1 HR, 10 RBI), el outfielder Michael Saunders de Canadá (727, 1 HR, 7 RBI), el bateador designado Hirokazu Ibata de Japón (556, 4 RBI, 6 R) y su conterráneo, el pitcher Kenta Maeda (15 IP, 1 ER, 0.60 ERA, 18 K).
Cuba volvió a concluir por detrás de los cuatro grandes, y si el nombre de la isla fue mencionado en el AT&T Park, sede de la final en San Francisco, se debió a la dolorosa pérdida del pitcher artemiseño Yadier Pedroso, cuya imagen se proyectó en la pizarra como póstumo homenaje.
Han quedado para los libros los resultados de las Copas Mundiales de la IBAF (Federación Internacional de Béisbol), antigua rectora del deporte aficionado. La coronación de República Dominicana se correspondió esta vez con el cetro del orbe, y los cubanos seguirán bogando con el viento en contra si no le dan un vuelco a sus rígidas normas de participación.
Todavía aturdidos por la eliminación a manos de Holanda -de ganarle a los tulipanes, se hubieran dado de narices con esa roca llamada Quisqueya-, y por la muerte de uno de sus ídolos, los peloteros de Cuba volverán al terreno el domingo, con la disputa en Sancti Spíritus del juego de las estrellas, Occidentales-Orientales.