Esther de Cuba

EstherB
Esther Borja (1913-2013)

Por Carlos Cabrera Pérez
Esther Borja Lima vivió 100 años y días consagrados a la cultura cubana y anteponiendo su lealtad a su mentor Ernesto Lecuona por encima de cualquier intento totalitario de vetar determinadas zonas de la cultura republicana en una pueril batalla de ideas que libran unos cubanos contra otros desde 1961.
Esther murió la madrugada de este sábado en su casa en La Habana. Desaparece uno de los mitos de la canción lírica de Cuba y Latinoamericana. Sus restos serán incinerados y velados en una ceremonia íntima, siguiendo la última voluntad de la artista.
Su espacio semanal en televisión Álbum de Cuba fue -durante muchos años- el único espacio dedicado a la cultura cubana, sin exclusiones por motivos ideológicos. Pero sobre todo fue el vínculo popular más perdurable con la buena música cubana de los años 40, 50 y 60 del siglo XX.
Los censores disfrazados de asesores quizás no prestaron mayor importancia a Álbum de Cuba porque en la calle muchos la tildaban de “música de viejos”, pero allí estaba un pedazo del alma cubana; educada, sensible, respetuosa y plural.
Y la apuesta era valiente porque en aquellos años Adalberto Álvarez y José Luis Cortés (El Tosco), entre otros, aprendían en la Escuela Nacional de Arte a tocar a Prokofiev y Debussy, pero les prohibían tocar a Miguel Matamoros y Arsenio Rodríguez, aunque ellos lo hacían de noche y a escondidas.
Con su muerte, Cuba pierde un magisterio vertical de cultura, civismo y coherencia, pero intuyo que ya habrá tenido ocasión de despertar a Bola de Nieve, María de los Ángeles Santana, Ernesto y Ernestina Lecuona para organizar una gran cena antes de salir de gira por Estados Unidos e Iberoamérica, como hicieron tantas veces.
Su bajo perfil y su valentía sin estridencias la convirtieron en la Dulce María Loynaz del pentagrama cubano: “Yo no hago nada extraordinario; solo amar a la música cubana”,me contó una tarde en el apartamento de otro gran amigo suyo, Luis Carbonell que -a partir de hoy- se sentirá un poco más solo, porque acaba de morírsele otro de sus grandes afectos y cómplice en la defensa de la cultura cubana.
Pocos disfrutaron tanto como ella del éxito de Buena Vista Social Club en el mundo; en aquellos días estaba feliz; “y no solo por lo que ganarán esos compañeros al final de sus vidas -aclaraba- sino porque Cuba ha recuperado una parte esencial de su música,  y eso no tiene precio”, me dijo en su casa habanera, tras llevarle un detalle musical español; que un coleccionista madrileño y ex amante de Pasolini me había regalado poco antes en Madrid.
Ella pensaba que Juan de Marcos González, ex director de Sierra Maestra y coordinador del proyecto Buena Vista Social Club, se merecía un gran premio; no dejó de elogiar su sensibilidad durante la conversación.
Aproveché para recordarle que también era un éxito suyo, y salió a escena Doña Esther Borja Lima: «¡Ay, muchacho, si yo no soy nadie…!»

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