Cuba: Hegemonía del silencio

Ilustración: omar santana
Ilustración: omar santana
Por Javier Montenegro*

Fools said i, you don’t know, Silence is like a cancer grows.
“Sound of silence”, Simon & Garfunkel

Casi estoy listo para ser un periodista, solo me queda un año de estudios y luego a comerme el león en El Artemiseño. Aún no sé si todo lo aprendido en la academia me será útil, y tampoco me importa mucho, solo estoy emocionado por mi futuro, por ver mi nombre en la prensa y por las crónicas triunfalistas que escribiré; quién sabe si seré buen periodista; quizás sea respetado, y cuando las personas tomen un periódico en las manos digan “¿viste lo último de Montenegro?” “no, ¿qué escribió?” “Un reportaje espectacular sobre la necesidad de mejorar el transporte de Guanajay a La Habana”. Se me eriza la piel.

Gracias al momento histórico que me tocará vivir, seré de los primeros en hablar de las hazañas agrícolas de la moringa, de cómo cultivaremos más de la necesaria, eso sí, sin caer en las especulaciones de su destino. No entiendo cómo algunos integrantes del gremio se preocupan por la distribución de los productos, para eso está el Estado. También me sentiré orgulloso de anunciar la pronta reparación del Teatro “Vicente Mora” de Guanajay  junto a todos sus puentes; y por supuesto, mencionaré la necesidad de restaurar algunos inmuebles, en manos de guanajayenses, que no deberían ser víctimas de la desidia pues forman parte de nuestra historia local; tampoco presionaré mucho, hay que comprender los problemas que enfrenta nuestro país.

Tampoco tocaré esos temas escabrosos con los que algunos compañeros de trabajo pierden el tiempo. ¿Alguien puede explicarme cuál es el punto de sacar a la luz casos de corrupción o investigaciones sobre ilegalidades? El pueblo y el mundo podrían llevarse una opinión equivocada de nuestro país.

Eso sí, no cejaré ni un instante en dar a conocer todas las privaciones que padecemos a causa del bloqueo, no podemos ceder ni un ápice ante el enemigo, ni permitir a la disidencia ciertas acusaciones infundadas con las que atacan a nuestro país.

Está bien, basta de sarcasmo, la prensa cubana es un gran chiste que algunos no entienden, como las películas de Monty Python. Cuando leo el yate o el oxímoron, me gustaría vivir en el país que ellos me muestran, y no en la Cuba sin medios de prensa que yo conozco. Al parecer, el silencio es la forma de resolver nuestros problemas; si no hablamos de la caída en picada que sufre la educación, esta se solucionará. Si nos mantenemos al margen de los problemas económicos, las personas tendrán un salario real acorde con sus necesidades. Pero no, alguien dictó en algún sitio que a nosotros no nos corresponde hablar de lo negro o lo gris, solo de lo blanco. La labor de los periodistas es encubrir, desviar la atención, demeritar los valores foráneos según nuestra conveniencia. Conozco la cortina de acero o la cortina de bambú de oídas, pero vivo día a día la cortina de papel bagazo, y les puedo asegurar que es insufrible.

Rafa se quedó traumatizado con la trilogía Millenium, y descargó su insulto con la prensa nacional comiendo limones, por mi parte, me conformaría con leer, escuchar o ver alguna historia interesante en nuestros medios. ¿Quién no ha soñado con ese famoso palo periodístico donde desenmascaramos toda una red de ilegalidades? No es el palo ni sus posteriores premios, no es el minuto de gloria, es poder contar lo que el resto no sabe, sacar a la luz lo desconocido.

Por ahora, tanto el cable, como las máquinas que rellenan las latas de refresco y cerveza, como los policías corruptos y todos los villanos de esta Isla están a salvo. Los periodistas los protegemos. Somos una lanza de punta obtusa que protege a la sociedad cubana.

*Javier Montenegro es estudiante de Periodismo en la Universidad de La Habana. Este artículo fue tomado de su blog Uno de Guanajay.

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