En el mapa trovadoresco de Cuba hay siete –y no cuatro– nombres imprescindibles que marcaron la ruta de todo lo que vino después. Ellos son Patricio Ballagas, Pepe Sánchez, Sindo Garay, María Teresa Vera, Alberto Villalón, Rosendo Ruiz y Manuel Corona.
Hay otras voces geniales, duetos y tríos que alcanzaron una enorme popularidad, pero estos fijaron la esencia del género, definieron principios estéticos y se convirtieron en referentes fundacionales.
Sin embargo, la historiografía musical dentro y fuera de Cuba sigue en deuda con varias de estas figuras. En ese pulso entre música popular y la música académica a muchos y muy notables investigadores les ha interesado más lo sacro y la capilla que la guitarra y la calle.
En el caso específico de Manuel Corona (1887-1950), el desinterés académico ha sido casi absoluto. Exceptuando las aportaciones de Odilio Urfé, Ezequiel Rodríguez, Cristóbal Díaz Ayala, María Teresa Linares, Marilyn Bobes y Rosa Marquetti, entre otros pocos, las investigaciones en torno a su vida y obra son escasas y dispersas.
Al sol de hoy no existe una biografía oficial de Corona, un estudio riguroso de sus contribuciones que sirva tanto al estudiante de música como al profesional consagrado o al más viejo de los melómanos.

Esto no constituye una crítica a quienes persiguen otros intereses entre archivos y hemerotecas. La música, como el mar, es profunda y diversa, pero conviene recordar que estudiar a nuestros trovadores es tan necesario como adentrarse en el universo sonoro de Esteban Salas, por ejemplo. La guitarra no denigra, enaltece.
Pero la deuda con Corona no es de ahora: es necesario volver a enero de 1950.
El día que murió Corona: una herida nacional
Según consta en el libro de bautizos, tomo 1 de pardos y morenos (F-231 y N-1265), archivado en la parroquia de la Inmaculada Concepción de Caibarién —Diócesis de Santa Clara—, el viernes 30 de septiembre de 1887 el presbítero Hilario Roldán bautizó al niño Manuel, nacido el 17 de junio e hijo de la morena Teodora Corona y nieto de Mercedes Corona.
No consta el nombre del padre, mambí de la contienda independentista, pero sí los de los padrinos, Andrés Quirós y Belén Peláez, quienes sirvieron de testigos.
Si nos atenemos entonces a la veracidad de estos registros, el trovador murió con casi 63 años, aquella fatídica noche del 9 de enero de 1950.
La herida nacional que provocó la muerte de Manuel Corona, vIctima de tuberculosis y abandonado en un inhóspito cuartucho de Marianao, empieza a manifestarse en la prensa. Periodistas de gran prestigio aprovechan lo sucedido para exponer la desidia estatal y el desamparo que sufren artistas de todos los niveles.
Al morir en tales condiciones, el caso de Corona saca a la luz el profundo clasismo existente en esa Cuba de los años 50, que algunos olvidadizos prefieren convenientemente ignorar.
La noticia recorre toda la isla y varios medios de prensa anuncian lo sucedido. Hagamos un repaso por algunas de esas publicaciones:
Martes 10 de enero: el diario Noticias de Hoy publica en su portada el fallecimiento de Corona, aclarando las condiciones en que fue encontrado. “Corona era una gloria de la canción cubana; su original estilo tenía de música como de poesía. Ningún familiar estaba presente a la hora del deceso”, aclara la nota.

Miércoles 11 de enero: En su columna Radiofilia en Noticias de Hoy, el redactor Sergio Nicols muestra, sin tapujos, la hipocresía política de entonces: “Ahora que ya no hay nada que hacer, llevarlo al autor de tantas melodías criollas que forman parte de la historia musical nuestra, un poco de consuelo y auxilio en sus tristes días, el Ayuntamiento de Marianao publica a bombo y platillo que ‘correrá con todos los gastos del sepelio’. Dinero que irá a parar a manos de gentes sanas y que pudo haberse empleado en prolongar un poco más la vida del músico y poeta que no muriera en la desesperación que da el olvido, el abandono, la miseria y las enfermedades”.
Jueves 12 de enero: Desde su columna Panorama en el influyente Diario de la Marina, el gran poeta y periodista Gastón Baquero, dedica al bardo una de las crónicas más hermosas. Así lo expresa: “Murió Corona en lo suyo, que era la vida de ensueño, sin seguridad, inventada cada mañana por el nuevo espejismo. Comido por la fiebre, rodeado de sus fantasmas sempiternos, el autor de “Santa Cecilia”, murió como había vivido, fiel a ese auténtico espíritu de libertad que solo anima a los artistas”.
Jueves 12 de enero: Noticias de Hoy vuelve a abordar el tema de Corona y en un editorial, afirma:
“La desaparición de Manuel Corona, el gran músico popular criollo, ha servido para evidenciar una vez más el irónico contraste de siempre que existe entre la vida y la muerte de nuestros más genuinos creadores, aplastados por la organización capitalista de la sociedad. Vivos, se les desconoce y hasta desprecia. Muertos, se les exalta y, como si el tránsito fuera un nacimiento, surgen a una nueva vida: la vida que tanta falta les hiciera cuando vivían en realidad. Paradójico, pero cierto (…) Su cuerpo fue acompañado al cementerio por un puñado de fieles, los pocos de cada día. ¿Corona? ¡Bah! Era apenas un mulato “guitarrero”. Sin embargo, él durará más, muchísimo más que los que piensan que durarán toda la vida”.
El diario también incluye un amplio artículo de opinión firmado por el periodista Honorio Muñoz, titulado: “La muerte de Manuel Corona y la crisis de la canción cubana” donde expone: “El drama particular de la vida de Corona, actualiza el drama general de la canción cubana. Pone a la orden del día su crisis. Y es una buena oportunidad para algunas meditaciones circunstanciales”.
Viernes 13 de enero: Diario de la Marina regresa a lo sucedido, esta vez con las opiniones del periodista Juan J. Remos. En su columna Deslindes, escribe:
“La muerte de Corona hace un claro muy sensible en las filas de esa familia aludida (los trovadores), y silencia para siempre una de las guitarras que más conmovieron y animaron la Cuba risueña y confiada, en la que aún el micrófono no había estremecido la paz de las ondas (…) Gloria al pobre cantor que creyó que el mundo era solo armonías, y de armonías murió”.
Domingo 15 de enero: la revista semanal Bohemia publica un reportaje del periodista Ángel Quintero, bajo un título que mezcla resignación y nostalgia: “Ahora solo queda el recuerdo de Corona”.
La reseña de Quintero—uno de los pocos amigos que ayudó al trovador, incluso, económicamente— está acompañado por cinco fotos. En una de ellas se lee: “Cuando yo me muera, que será pronto, procura que me recuerden, Quintero. ¡Cuéntales lo que he sufrido!”
Páginas adelante Bohemia destaca como “Foto de la Semana” una imagen cruda y realmente impactante.
Su autor es el experimentado fotorreportero Delio Valdés, el mismo que en mayo de 1947 entró a la morgue para retratar el cadáver del alcalde de La Habana, Manuel Fernández Supervielle.
Frente al cadáver de Manuel Corona, su amigo y “rival” musical: Sindo Garay.
“Descanse en paz Manuel Corona, y ya que no haya podido disfrutar en vida de las comodidades y la felicidad que se merecía, lleve al menos a su tumba recién abierta el recuerdo emocionado de todos aquellos que se deleitaron con su música, llena de ese fresco encanto de la inspiración popular”, dice el pie de foto.
Domingo 22 de enero: Probablemente motivado por el fallecimiento del célebre compositor, el periodista Mario Kuchilán del Sol sale en busca de Longina O’Farrill, quien para entonces tiene 62 años.
Con siete fotos de Delio Valdés, la “grafoentrevista” evoca a Manuel Corona, sus amores y el origen de la famosa canción “Longina”. Un dato interesante en voz del periodista: “la madre de Corona todavía vive”.
Ese mismo mes y año, desde Caracas, Venezuela, el poeta Nicolás Guillén publica en el diario El Nacional la crónica “Un año que llega y un trovador que se va” en la que recuerda al notable trovador y las fatales circunstancias que lo llevaron a la muerte.
Por tu simbólico nombre
Más de 70 años después del fatal desenlace, Cuba sigue en deuda con Manuel Corona. Cierto que algunos músicos se han acercado a su obra, con el propósito de presentar esas canciones al público contemporáneo.
Ahí están los ejemplos de Beatriz Márquez, Miriam Ramos, Oscar D León, Mayelín Naranjo y Kiki Corona con su excelente material “Corona canta a Corona”, entre otros.
Sin embargo, siento, que todavía podemos hacer más para que esos textos no mueran. Sé que, para determinados grupos y periodistas de la farándula, “lo clásico” pasó de moda. Nos conviene recuperar ese patrimonio, tan siquiera, “un tin”.
Agradecimiento especial a Pedro Manuel González Reinoso por la información brindada para este artículo.