La pregunta es dolorosa porque Venezuela ya tuvo ese dinero. Durante los años del boom petrolero chavista ingresaron al país cientos de miles de millones de dólares. Diversos economistas han señalado que Venezuela recibió varias veces el equivalente al Plan Marshall que permitió la reconstrucción de Europa después de la Segunda Guerra Mundial.
Con esos recursos se pudieron construir hospitales, reforzar escuelas, modernizar carreteras, levantar viviendas, actualizar los sistemas eléctricos, fortalecer la infraestructura pública y preparar las ciudades para enfrentar cualquier desastre natural. No ocurrió. Hubo corrupción. Hubo contratos sospechosamente turbios. Hubo inspecciones que nunca se hicieron. Hubo permisos otorgados por amiguismo. Hubo negocios inmobiliarios fraudulentos. Hubo obras inconclusas. Hubo dinero público que desapareció.
Las investigaciones internacionales sobre corrupción venezolana hablan de entre US$30.000.000.000 y más de US$70.000.000.000 vinculados a redes de corrupción, lavado de dinero y desfalco.
Setenta mil millones de dólares. Eso equivale a más que el producto interno bruto anual de varios países latinoamericanos.
Hablemos de algunos nombres conocidos.
Alejandro Andrade, extesorero nacional y antiguo guardaespaldas de Hugo Chávez, admitió en Estados Unidos haber recibido aproximadamente US$1.000.000.000 en sobornos. Mil millones de dólares.
Con esa cantidad podrían construirse decenas de hospitales modernos, cientos de escuelas, miles de viviendas, reforzar puentes, reparar carreteras y desarrollar infraestructura capaz de resistir terremotos y otras emergencias.
El caso PDVSA-Cripto investiga la desaparición de entre US$3.000.000.000 y más de US$20.000.000.000 en ingresos petroleros.
Veinte mil millones de dólares equivalen a la reconstrucción de ciudades enteras. Y eso es solamente el dinero que conocemos.
Todavía quedan preguntas sobre las fortunas de quienes continúan ejerciendo el poder. Nadie conoce el verdadero patrimonio de Diosdado Cabello, Delcy Rodríguez y otros altos funcionarios del régimen. Las sanciones existen. Las investigaciones existen. Las sospechas existen. Pero las cuentas, las propiedades, las empresas y los activos permanecen ocultos.
Ahora vemos colectas, campañas de ayuda, ayuda humanitaria y GoFundMe. Toda ayuda es bienvenida. Pero también hay una pregunta que no puede seguir esperando: ¿Cuánto dinero venezolano permanece todavía en cuentas, empresas, propiedades, yates, aviones y estructuras financieras repartidas por todo el mundo?
No existe campaña de recaudación capaz de sustituir decenas de miles de millones de dólares. No existe donación internacional que pueda compensar un saqueo de esta magnitud.
La discusión internacional sobre Venezuela no puede seguir reducida a planes de transición, cronogramas, mesas de negociación o documentos de varias etapas.
Es hora de que la justicia internacional trate la corrupción venezolana como uno de los mayores casos de saqueo estatal de América Latina.
Es hora de identificar activos, levantar el secreto corporativo, congelar cuentas, investigar patrimonios injustificables, perseguir a los testaferros y recuperar los capitales obtenidos mediante la corrupción.
La reconstrucción de Venezuela no puede depender únicamente de la ayuda humanitaria, de las remesas o de campañas de recaudación.
La primera fuente de financiamiento para reconstruir Venezuela debe ser el dinero que salió de Venezuela.
No puede haber impunidad financiera. No puede haber fortunas inexplicables protegidas por el tiempo. No puede haber una transición política sin rendición de cuentas. Y no puede pedírsele a un país que vuelva a levantarse mientras quienes se enriquecieron con su destrucción conservan intactas sus fortunas.
Este terremoto no fue de 7.5 ha sido de 25 años.
Tatiana Ramos Bosch es una periodista, publicista y profesora venezolana. Doctora en Ciencias de la Información. Reside en Palm Beach, Florida.