Reflexiones de la Caimana: De la incertidumbre de nuestro destino nacional

Sintitulo-display
Sin título (Figura negra que carga una blanca), 1996, Colografía de Belkis Ayón (1967-1999).

Por Ramón Alejandro*
Es imposible discernir con suficiente nitidez una idea directriz que pudiera definir la actual manera en que el conjunto de los cubanos concibimos el porvenir de nuestra nación, tanto entre los que aún están sujetos al régimen como en aquellos que ya hemos escapado a su control.
Lo más grave es que lo mismo le sucede al equipo gobernante, cuyos miembros -aparte de aferrarse a sus privilegios personales y familiares- parecen no lograr decidir qué rumbo darle a la economía, la parte más enferma del cuerpo nacional. Todos concordamos en que hay que cambiar el actual estado de cosas, pero ninguno coincide con su prójimo en cuanto a la forma en la cual habremos de construir el futuro.
Solapadamente, una mayor parte desea, en su fuero interno, volver al estado anterior a la revolución, pero pretende, por amor propio, disimular este deseo culpable fingiendo mantener vigentes ciertos principios igualitarios que, de hecho, con donaire abandona de reforma en reforma el gobierno de Raúl Castro. Quisieran al mismo tiempo liberalizar la economía y conservar el control centralizado del mercado, lo cual precisaría una irrealizable cuadratura del círculo. Les será difícil coger ese trompo con la uña.
Dos viejos pánicos
El bienestar económico ofrecido por el liberalismo a la norteamericana parecería ser la mayor tentación de todas aquellas que abiertamente seducen a las diversas capas de la población. Aunque una consciente minoría también añore mayores libertades cívicas.
Dos atávicos miedos provocan un clima de falta de confianza generalizada en buena parte del pueblo; el primero es el que provoca el crecimiento imparable de la población negra, que puede llegar a convertirse en hegemonía numérica en pocos años. Los blancos parecen seguir asustados por el ejemplo dado hace dos siglos por Haiti. No menor suele ser el miedo causado por la frecuente homosexualidad entre los varones criollos, la cual al chocar contra la moral predicada por la Iglesia Católica que nos dejó de regalo el difunto Imperio Español, provoca una fuerte homofobia. Ambas fobias se suman a la frustración generada por el fracaso en el terreno de los ideales igualitarios que llevaron al poder a la revolución. Tan grandes fueron las esperanzas como amargo el desengaño.
¿Cómo homogeneizar una sociedad mulata reacia a reconocerse como tal? ¿Cómo extraer del corazón de cada mulato, negro y blanco ese racismo latente y, a duras penas, disimulado con las usuales bromitas con las que tratamos de soslayar esta dura realidad?
¿Cómo dar paz, y sentimiento de seguridad de no ser agredido en su antoestima, a tanto miembro de la mayoría heterosexual tan sofocado como obsesionado por la jacarandosa agresividad que tan irreverentemente suelen manifiestar los gays cubanos?
La cosa se pone seria
¿Cómo pretender ser católicos y consultar a un babalao cuando la cosa se pone seria de verdad, y tener -por si caso- un Elegguá escondido detrás de la puerta?
A Cuba parece resultarle muy difícil aceptarse tal cual es, y de diversas maneras quiere seguir soñándose otra. Todos quisiéramos ser extranjeros, para ser  ricos y tener un pasaporte decente, pero sin dejar de ser cubanos y gozar nuestra sabrosura. No queremos sufrir del colesterol y la diabetes, pero queremos seguir comiendo platanitos fritos a gogó, arroz blanco a burujones y mandarnos un flan con coco rallado en almíbar para terminar.
Cuba no se atreve a bajar de su nube y poner pie en su propia realidad social, humana, cultural, espiritual y económica. No hay peor ciego que quien no quiere ver.
Si según Platón la perplejidad era la condición esencial de la filosofía, la curiosidad parece ser la motivación de todo conocimiento científico de la realidad. Cuba nos deja perplejos a los propios cubanos. Necesitaríamos una filosofía que nos permita conocernos más adecuadamente, y no la tenemos. En nuestras mentes, la imaginación parece ser más  poderosa que la razón y por eso somos más a menudo artistas que científicos, más individuos entregados cada uno a lo nuestro, que pueblo.
Los caracoles de Newton
Al final de una vida coronada por los excepcionales descubrimientos que sabemos, Isaac Newton confesaba sentir que había vivido como un niño que se había divertido jugando a recoger algunos caracoles de más bellos colores que otros, o alguna piedrecita más suavemente pulida, en las arenas de una playa, mientras que el inmenso océano de la verdad se extendía desconocido e inexplorado más allá de esa orilla.
¿Qué sabemos nosotros, y qué sabe el equipo de veteranos que hoy gobierna, de la profunda y compleja realidad de la nación cubana?
El sabio doctor Schweitzer, quien tan paternalista compasion manifestó hacia los negros africanos dejó dicho: «The best cure for any illness is a combination of knowledge of the task in hand, and a sense of humour».
¿Tenemos nosotros el necesario conocimiento que necesitarán aquellos que tendrán entre sus manos la responsabilidad de dirigir la reconstrucción de lo que quede de Cuba una vez que los actuales gobernantes hayan desaparecido de muerte natural?
Con Álvarez Guedes muerto, ¿quién tendrá la sandunga que el doctor Schweitzer consideraba necesaria como ingrediente para efectuar esa cura que devuelva la salud a toda una nación tan profundamente enferma?
*Reflexiones de la Caimana es una sección de crónicas y testimonios que publica semanalmente el pintor cubano Ramón Alejandro en CaféFuerte.

Compartir: