
En días recientes se han producido algunos lamentables sucesos que ilustran bien las consecuencias de esa ficción jurídica que hace posible la existencia política de una centena de estados nacionales de opereta que hoy en día gobiernan arbitrariamente a buena parte de la humanidad.
Existe frente a la península de la Florida una enorme extensión de cayos e islotes dispersos por un buen trecho del Océano Atlántico, cuya mayor parte está totalmente despoblada, y solo en algunos pocos de ellos viven unos 300 mil habitantes que nunca se ha distinguido en su inexistente historia por nada en particular, aparte de pescar y procrearse. Hoy viven económicamente dándole cobija a capitales extranjeros que buscan escapar a los impuestos de sus países de origen, o a turistas de países ricos que vienen a solazarse en sus extensísimas y solitarias playas.
Es muy verosímil que también estén interesados en seguir cultivando sus buenas relaciones con el gobierno castrista, y hacerse de la vista gruesa con ciertas operaciones (no precisamente de langosta y camarones) que llegan al Caribe desde Suramérica y les permiten a algunos de residentes hacerse de unos pesitos más.
Pues bien, a eso, la comunidad internacional finge considerarlo como una nación.
Orgullo nacional
Seguramente tienen sus cuerpos represivos y probablemente están tan dispuestos a defenderse de una improbable invasión extranjera al igual que sus colegas de la vecina isla de Cuba. Están tan orgullosos de ser bahamenses como los cubanos de ser cubanos. Al punto que cuando algunos cubanos en fuga pasan por esos oleajes y arenales desolados que constituyen su territorio nacional, aprovechan la ocasión de entretenerse un poco para aprisionarlos como a peligrosos delincuentes y devolverlos sádicamente al abusador de su amo, el vejete gobernante de Cuba con su corte de ancianos generales.
No ven en esos infelices fugitivos de la opresión y la miseria a seres humanos en busca de libertad y oportunidades de vida que les niega su sistema de gobierno, ven a cubanos, es decir extranjeros pobres sin capitales que depositar en sus bancos fantasmas que no tienen ningún derecho a transitar por sus inmensos mares salpicados de cayos infestados por mosquitos.
No ven que son seres humanos como ellos aunque hablen otra lengua y tengan otro color de piel. Gente de paso que no les representan ningún inconveniente real, sino que solamente se ven obligados a transitar por sus territorios para llegar a la Florida de sus sueños. Los desprecian por ser extranjeros a la deriva, sin nadie que responda por sus vidas. Víctimas inocentes de la jiña gratuita de sus propios gobernantes.
Una flaca identidad
Igual pasa en Honduras y Bélice, casi países de flaca identidad nacional, y hasta en México que sí es una verdadera nación con una larga historia de varios estados realmente constituidos con sus respectivas civilizaciones propias aún desde mucho antes de la llegada de los europeos a América.
Cubanito que les cae en las manos, cubanito que atropellan impunemente.
¿Será que esos pilluelos saben lo que pensamos de ellos y como entre nosotros cuando no hay moros en la costa hablamos cáscaras de ellos y de sus países, y que en cuanto les llega la ocasión de vengarse nos cobran nuestro desprecio?
Cuando hacemos una mueca delante de un espejo, éste nos la devuelve. Es la Ley de la Causa y su Efecto, la misma que utilizan las ciencias occidentales modernas para llevar a cabo sus investigaciones y y sorprendentes descubrimientos. Cuando le sonreímos amablemente al mismo espejo, nos devuelve la misma amable sonrisa. Cuba devolvió a la Alemania nazi un barco cargado de judíos en fuga que terminaron asesinados en sus eficaces campos de concentración, ahora los bahameses deportan a los cubanos como antaño nuestro gobierno deportó a aquellos judíos que buscaban su libertad. La Ley de la Causa y su Efecto se cumple invariablemente. Aunque pasen muchos años entre un hecho y su consecuencia kármica.
Según Arnold Toynbee, historiador inglés que estudió seriamente el tema de la decadencia del cristianismo en Occidente durante el siglo XIX, el vacío que dejó en nuestras mentes se llenó con tres venenos, el Nacionalismo, el Comunismo y la fe en el Progreso basado en la ciencia y su consecuente tecnología.
Después de que Nietszche proclamó solemnemente la muerte de Dios, el hombre se fabricó él solito esos otros tres ídolos para ponerlos en los altares, en los cuales hasta entonces había estado entronizado ese Dios inventado cuando el estado romano tardío nacionalizó al cristianismo bajo Constantino el Grande. El Jesús que veneraban los primeros cristianos era otra cosa.
Ese sabio esclavo
Conviene aquí recordar aquella fábula de Esopo en la cual ese sabio esclavo cuenta como Júpiter había dado a las ranas de cierto estanque un rey hecho de palo. Antojándoseles poco operante, esas ranas inconformes con su suerte fueron a ver a Júpiter para pedirle otro rey más interesante, y Júpiter complaciente les mandó a una garza que se las fue comiendo a todas una por una.
Como hemos podido observar por las consecuencias que esta evolución tuvo durante todo el subsiguiente siglo XX en Europa y el resto del Mundo nos resultó peor el remedio propuesto por este y otros pensadores bienintencionados que la terrible enfermedad de la que pretendieron curarnos.
Salimos de Guatemala para entrar en Guatepeor. Nos sucedió igual que a las ranas de la fábula de Esopo. Porque hay que ver que esos filósofos y cuentistas griegos ponían mas sabiduría en cada una de sus fábulas y mitos que todos los profetas del antiguo testamento jamás pusieron en sus famosas escrituras supuestamente inspiradas por el mismo Jehová.
El Nacionalismo es una religión que adora al Poder Colectivo de una etnia particular. Poder colectivo es otra forma de nombrar al Estado.
Según Toynbee, tanto el comunismo como el nazismo y las diversas formas de fascismos coinciden en ese culto al Estado. El individuo se convierte en un sencilla pieza dentro de esa monstruosa maquinaria estatal. Dentro del mítico Leviatán, como lo nombró Hobbes, el ser humano se vuelve una simple herramienta al servicio de quienquiera que sea quién gobierne su nación. El ego hipertrofiado del estado anula su individualidad. Eso lo reconforta y le hace sentir fuerte, parte de un todo poderoso con el cual se identifica de cuyos beneficios goza y al que sacrificándose parecería darle cierto sentido a su vida.
El arte de disimular
Otra peligrosísima característica de ese ego estatal es que logra justificarse disimulando muy sutilmente su carácter deleznable al nombrar de las maneras más diversas a sus víctimas y enemigos. Manipulando hábilmente el lenguaje. Cuando el yo se disuelve en el nosotros, la persona pierde totalmente su responsabilidad, así ya no es Fritz Schultz quién asesina a una familia judía, sino que es el pueblo alemán quien justamente elimina a esos maléficos seres inferiores, de manera que cuando al ser transferida la autoría del mismo crimen que reconocería como abominable cometido por él solo a un sujeto plural, el sujeto autor del hecho, por muy atroz que este sea, queda libre de pecado.
Las víctimas ya han sido previamente deshumanizadas al cambiarles el nombre, de manera que se pueden asesinar sin escrúpulos. Los hermanos Pérez Pérez ya pueden tumbar a la avioneta de los Hermanos al Rescate sin problemas morales. Los gusanos no merecen vivir, por lo tanto hay que no solo tumbarles esa avioneta invasora sino también hundirles el remolcador en el cual intentan huir de la Noble Patria cubana para refocilarse indignamente con bienes de consumo en la feroz Yuma. Los soldados japoneses que asesinaban a mujeres y niños chinos, coreanos, filipinos o malayos no lo hacían ellos por su cuenta propia sino que era el Japón Imperial, personificado en el Mikado Hiroito, descendiente de nada menos que Amateratsu Omikami la Diosa del Sol quién legítimamente ejercía su superioridad sobre esos pueblos.
Los esbirros rusos que asesinaban a los campesinos para imponer la catastrófica reforma agraria en Ukrania lo hacían por su gran Patria Rusa y el Padrecito de los pueblos Josef Stalin. Igual que los conquistadores castellanos y extremeños asesinaban a los indígenas americanos tan campantes por amor a Jesús y a la Virgen María, dudando que esos ingenuos y desnudos personajes, ataviados con plumas de aves y fumadores de tabaco por los agujeros de sus narices, tuvieran o no almas en sus cuerpos. Así le dieron candela al pobre cacique Hatuey aquellos curas tan cristianos que acto seguido cubrieron púdicamente los senos a sus mujeres sobrevivientes para no ofender a su orden moral.
¡Josú, qué cachondas que eran esa indias…chaval!
¡Ajustadores con ellas y fuego en el sitio de su pecado, como si fueran las mismas hijas de Bernarda Alba!
Torturadores y torturados
El torturador que en Cuba maltrataba a desafectos que las autoridades le ponían entre sus manos, ahora vive muy contento en Estados Unidos. Abusaba de sus compatriotas por gratitud a la revolución que se lo había dado todo. Ahora se sentirá igual de agradecido a Estados Unidos, y no me extrañaría para nada que cuando tenga derecho al voto vote por la extrema derecha belicista y se convierta en un antimusulmán visceral. Su adoración por el Estado seguirá siendo la misma que cuando vivía en Cuba. ¡El Estado Yuma es mucho más sangandongo y poderoso que el cubiche, por lo tanto cuanto más adorable! El caso es abusar del débil y lamerle las botas al fuerte. Pisotear al caído y guataquear al poderoso. Estar siempre del lado del más fuerte.
Son maneras de ser que no se cambian con facilidad. Muchos batistianos se transformaron en revolucionarios fervientes después del primero de enero de 1959.
A quien le gusta abusar, cualquier causa que se lo permita hacer sin pagar consecuencias legalmente le viene igual de bien.
El Nacionalismo es la ideología que les da carta blanca a cualquier mequetrefe para dejarse ir a sus más bajos instintos. Y también a alguna gente muy instruida como esos científicos nazis alemanes que trabajaban en el proyecto termonuclear ideado por Hitler, quienes unos meses después del derrumbe del Tercer Reich fueron los mismos que se pusieron alegremente a confeccionar las bombas atómicas simultáneamente para los rusos y los americanos.
La ciencia también tiene doble filo igual que la moral, es la calidad humana del individuo la que determina su actitud ante el Poder. Es su corazón lo que lo hace actuar noble o indignamente. Como Oswaldo Payá o Miguelito Barnet. Las Damas de Blanco o Mariela Castro. Los Pérez Pérez o los Hermanos al Rescate. José Martí o los Voluntarios españoles.
Diplomáticos con contenedores
Yo vi con mis propios ojos como en el aeropuerto del Distrito federal los funcionarios de la embajada cubana en México viajaban a Cuba acompañados por unos contenedores descomunales, llenos de bienes de consumo, para hacerse unos pesitos vendiéndolos en La Habana con la mayor buena conciencia de estar en su legítimo derecho de ejercer ese privilegio ganado defendiendo en el extranjero los intereses de la camarilla que agobia al pueblo con sus arbitrariedades legales.
¡Lo están haciendo por La Patria, asere!
Todo eso es falta de desarrollo de las cualidades propiamente humanas inherentes a nuestra especie. El hombre nace como un animalito y solamente se convierte en ser humano cuando se le educa adecuadamente. La prueba la dan los niños criados entre lobos u otros mamíferos que nunca llegan a ser plenamente seres humanos. Las dictaduras educan como les conviene a esos individuos en el culto del divino poder estatal. Son los perros de los que habla Georges Orwell en su Rebelión en la Granja.
Cuando el país es rico por su propia naturaleza el banquetón es de película, como sucede actualmente en Venezuela.
Vacío espiritual y vulgaridad naterialista
El vacío espiritual que se ha creado en los países más desarrollados de Occidente con el final de la fe en un Dios, por muy falso que este fuera, y el consecuente culto del exclusivo Bienestar Material, el Becerro de Oro prefigurado en el antiguo testamento, o el Materialismo vulgar del que hablaba el propio Marx, pronto nos va a llevar a vivir muy desagradables sorpresas. Porque seguimos creyendo en el Progreso irreversible aunque alrededor de nosotros lo que veamos sean las terribles secuelas de ese desarrollo ilimitado de nuestro deseo de gozar a pierna suelta la opulencia presente y reirnos a mandíbula batiente que las consecuencias de nuestra golosa manera de vivir tendrán para nuestros eventuales descendientes.
El individuo de hoy no tiene ninguna razón de portarse bien. Porque los valores morales se han disuelto en la conveniencia inmediata de cada uno en lucha contra todos los demás. En cualquier régimen que sea, las personas viven al día y para sí mismas, en la inconsciencia voluntaria más autocomplaciente. Tanto tirios como troyanos están en la misma despreocupada cogioca.
En Cuba o en Nueva York, la misma gozadera.
Mientras tanto el respetable estado Soberano Bahamense rige orgullosamente el ejército de aguamalas y caballitos de mar de las aguas de su oceánica república y maltrata como mejor le parezca a cualquier náufrago que sin la más mínima intención de quedarse en Bahamas encalle en sus desolados arenales. Ejerce su derecho soberano, sí señor, y hasta se hinchan de orgullo al ver flotar al viento su curiosa e insignificante banderita.
Que Dios los bendiga por darnos en nuestras propias narices esta lección de obtusa política y escasa humanidad. ¡Y que viva la Pepa!
*Reflexiones de la Caimana es una sección de crónicas y testimonios que publica semanalmente el pintor cubano Ramón Alejandro en CaféFuerte.