Grandes Ligas: José Fernández se impone a los Dodgers… y a Yasiel Puig

El cubano José Fernández, noche de gloria en el estadio de La Pequeña Habana.
El cubano José Fernández, noche de gloria en el estadio de La Pequeña Habana.
Por Eric Reynoso

Fue una noche de lujo para el béisbol de Grandes Ligas. En Miami, con una concurrencia entusiasta de 27,127 aficionados. Y el balsero cubano José Fernández salió como el gran triunfador frente al jugador bujía de los Dodgers de Los Angeles, su compatriota Yasiel Puig.

La atención de la jornada estaba puesta en Miami. Sí, en Miami, la ciudad que otras veces es noticia por corruptelas, muertes violentas y espectáculos de circo político. Pero esta vez la Ciudad Mágica fue el epicentro de la pelota en Estados Unidos y en otras partes del mundo. Menos en Cuba, claro está.

Victoria histórica de 6×2 para los sotaneros Marlins frente a los imparables Dodgers, que llegaron aquí un ritmo de victorias que se remonta a récords establecidos en 1900. Los Dodgers encabezan actualmente la División Oeste de la Liga Nacional con 72-52, a 7.5 de ventaja sobre los Diamondbacks de Arizona, y todo parece que estarán en la postemporada de octubre.

Los ingredientes estaban sobre el terreno y flotaban en el espíritu de la ciudad desde bien temprano. José Fernández, el novato de los Marlins de Miami con una electrizante historia de éxito tras fugarse de Cuba con su familia en una embarcación, se enfrentaba al desertor cubano más espectacular de los últimos años.  Yasiel Puig, el hombre que ha llevado sobre sus hombros el resurgir de los Dodgers en una temporada que comenzó con presagios funestos.

Dos novatos en pugna

Para más razones seductoras en el juego de este lunes, los dos cubanos, que luchan por el título de Novato del Año en la Liga Nacional, coincidían sobre el terreno con otro de sus contendientes en la carrera por alcanzar el galardón máximo entre los debutante: el coreano Hyun Jin Ryu, que llegó al partido de anoche con récord de 12-3, 121 ponches y promedio de efectvidad de 2.91.

Fernández con 21 años, de Santa Clara y con seis años de jugosa adaptación a la vida norteamericana. Puig con 22, de Palmira y apenas un recién llegado, con la mano de Dios sobre su camino.

La expectación por el partido y la presencia de Puig en Miami obligó a los Dodgers a convocar una insual conferencia de prensa para que el cienfueguero -el cubano mejor pagado en Grandes Ligas- cumpliera de una vez y por ahora las incontables peticiones de entrevista. Una rueda de prensa en la que Puig ensalzó nuevamente a su antiguo compañero de equipo en el Cienfuegos, el toletero José Dariel «Pito» Abreu, quien hace pocos días tomó el camino de la estampida para probar suerte en el mejor béisbol del mundo. También demostró lo que le falta para madurar en expresiones inadecuadas para un aleta profesional que se enfrenta a periodistas con derecho a preguntar.

No pudo ser mejor juego. Un partidazo, aderezado por una atmósfera de entusiasmo que recordó los días gloriosos en que los Marlins eran un conjunto competitivo y se disputaban sendas series mundiales con diferencia de apenas seis años. Para ser justos, este equipo de los Marlins, desmantelado por enésima vez por el peor dueño de Grandes Ligas, el mentiroso de Jefrey Loria, está haciendo una hazaña con un roster preñado de prometedores superjóvenes. Y anoche dio una lección de vergüenza deportiva, competitividad y respeto por sus empecinados seguidores.

Su victoria más importante

Fernández no lanzó tan vez su mejor juego, pero sí se alzó con su victoria más importante en el torneo. Estuvo otra vez dominante y fue también la chispa que prendió la llama con un hit en el tercer inning, cuando el coreano Ryu estaba tirando juego perfecto con absoluto dominio.

En contraste, Puig se fue de 5-0, con dos ponches y sin el brillo que esperaba una afición que vino a ver alguna de sus espectaculares batazos, atrapadas, tiros y velocidad sobre las bases. 

Fernández lo dominó el fly de foul en el primer episodio, le obligó a rolatear por el cuadro en el tercero y le sirvió después suculento ponche en el momento más complicado que tuvo en todo el juego, con hombres en tercera y primera con un out. Un rectazo de 97 millas a la altura del pecho. Fue un momento grande para Joseíto, que metó el brazo y algo más para recetarle otro ponche al toletero Adrián González y cerrar la única amenaza seria de los visitantes.

Tal vez nunca se le había visto tan molesto a Puig que con ese ponche. Llegó al dugout totalmente descontrolado y tuvo que ser apaciguado por el veterano Juan Uribe. Su average bajó anoche hasta 351 tras ceder el último out del partido en elevado al jardín central.

Pero la suerte soplaba definitivamente a favor de Fernández. El villaclareño lanzó seis innings, permitió cuatro hits, dos carreras (una sola limpia) y ponchó a ocho. Su promedio está ahora en 2.41. Tuvo que salir con el juego empatado tras completar 109 lanzamientos, la mayor cantidad que ha hecho en toda la temporada. Sus compañeros le respondieron con una carrera en ese mismo inning para que al final pudiera anotarse la victoria y elevar su foja a 9-5.

¿Y de mi Cuba qué?

Noche de orgullo cubano en el Marlins Park de La Pequeña Habana. El encuentro de Fernández y Puig capitalizó no solo los espacios del periodismo y la televisión local, sino que acaparó la atención de los medios de comunicación y las cadenas estadounidenses.

Tal vez en La Habana, en el edificio del ICRT, alguien haya tenido el placer de ver el juego y grabarlo para un futuro que llegará alguna vez. Por el momento es una bofetada a los cubanos haberles privado de esta maravilla beisbolera cuando era una jugada cantada para todo el que sigue la pelota de Grandes Ligas dentro de la isla.

¿Pero no era que había cambios y una nueva política informativa en Cuba después de un congresito de la UPEC y la arenga de un personaje que se vistió de José Martí para empujar a los periodistas a tomar sus proipias iniciativas?

¿No era que ahora los jugadores cubanos pueden jugar sin problemas en ligas profesionales y la afición disfrutar por televisión los juegos de Grandes Ligas?

¿No sirven acaso cosas como este juego para unir a los cubanos en torno a un sentimiento nacional, más allá de la política y la politiquería?

Fernández lo expresó mejor que nadie tras su encuentro con Puig: “Conversamos bastante durante la práctica y nos contamos cosas de Cuba, de lo que nos ha costado llegar aquí… Creo que este es el comienzo de una buena amistad».

Anoche pude entender mejor que nunca el miedo a Miami.

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