Historias no contadas: Corruptelas de la misión deportiva en Venezuela

Alberto Juantonera (tercero de pie desde la izquierda) el día del maratón en el estado de Táchira, en el 2001. El autor de este artículo está delante en cuchillas con camisa negra.
Alberto Juantonera (tercero de pie desde la izquierda) el día del maratón en el estado de Táchira, en el 2001. El autor de este artículo está delante en cuchillas con camisa negra.
Por Uberto Mario*

Los cubanos no inventaron la corrupción, pero han aprendido muy bien a diseminarla y afincarla por donde quiera que pasa un colaborador en cumplimiento de misiones fuera de la isla.  He llegado a pensar que debería registrarse como una asignatura dentro de los perfiles de colaboración en el exterior.

En todos los países que visité en funciones de reportero o personal de confianza de la inteligencia cubana, muchos fueron los casos de corrupción que pude comprobar y hasta trabajar como en funciones de agente.

La misión deportiva cubana en Venezuela no es la excepción.

El movimiento deportivo cubano fundó a inicios de la década del 90 la entidad comercializadora CUBADEPORTES S.A., un organismo que se ha encargado de vender entrenadores, científicos y metodólogos  por los cinco continentes, especialmente en Africa y Latinoamérica.

Esa oficina ha sido un manjar para muchas corruptelas, pero a la vez la guillotina para ex presidentes del Instituto Nacional de Deportes (INDER), funcionarios y enviados al exterior, quienes se han enriquecido a manos llenas con el dinero supuestamente destinado al pueblo. Por la presidencia de CUBADEPORTES han pasado muchos cuadros del INDER, hoy sustituidos por mal trabajo o desvío de recursos.

Si a alguien le asalta la duda, podría preguntarle a Conrado Martínez Corona, Humberto Rodríguez, Reinaldo González, Vinicio Quevedo, Roberto González o al mismísimo Alberto Puig de la Barca (aunque se infiltró en la contrarrevolución,  es oficial de la inteligencia y fue de los más corruptos en CUBADEPORTES). No importa que Puig de la Barca fuera Comisionado Nacional de Boxeo en Cuba, lo cierto es que lo tuvieron que «bajar», porque ya era mucho y podía perjudicar a su «padrino» José  Ramón Balaguer Cabrera.

Desde la izquierda, el autor de este artículo junto a Juan Carlos Selva Martínez, jefe de misión en Maracaibo, y Temistocles Cabeza en una emisora radial, en el 2001..
Desde la izquierda, el autor de este artículo junto a Juan Carlos Selva Martínez, jefe de misión en Maracaibo, y Temistocles Cabeza en una emisora radial, en el 2001.
Desde que llegue a Venezuela como periodista deportivo, enfrente a estos malechores, que detrás de un cargo, un carné del Partido Comunista o la confianza depositada en ellos, fueron robándose de a pedacitos el país.

Durante el verano del 2000 viajé a Venezuela como enviado de Radio Rebelde para darle seguimiento informativo a 27 entrenadores cubanos que desde antes de la llegada de Hugo Chávez al poder venían laborando en ese país, especialmente en Valencia y Caracas. Allí me encontré con uno de los personajes más corruptos que ha tenido el movimiento deportivo cubano en todos los tiempos, Lázaro Costa, ex jugador de polo acuático. Nunca ha sido sancionado y de Venezuela pasó  a Ecuador como “medida disciplinaria”.

Llegué al Instituto Nacional del Deporte de Venezuela (IND) a trabajar directamente   con el entonces presidente de ese organismo, Raúl Enrique Salmerón, un militar chavista y golpista, de formación comunista adquirida en la Habana durante los años 60. Fue así que conocí al señor Costa y durante tres meses trabajamos  juntos. La orientación de CUBADEPORTES fue que yo viviera en el apartamento que tenía asignado Costa, pero se negó rotundamente.

Era muy sencillo explicar su negativa. Costa tenía allí viviendo con él a su amante,  una entrenadora de gimnasia rítmica, lo que estaba prohibido por  los cánones oficialistas. Fui ubicado entonces en una suite del Hotel Uslar, la misma que compartiría con Alberto Juantorena durante sus intermitentes visitas a Caracas.

Sueldos retenidos

Nunca pude ni siquiera llegar al  apartamento de Costa, porque en uno de sus cuartos tenía un almacén con lo que compraba con el dinero que le negaba a sus entrenadores, quienes al momento de mi llegada cumplían cinco meses sin recibir sueldo alguno.

Arribé  en julio del 2000 y desde el 1ro de marzo los entrenadores no cobraban mientras Costa viajaba, con los bolsillos llenos, junto a su amante y Salmerón a la isla Margarita, casi todos los fines de semana. Cuando los entrenadores le preguntaban por su salario, alegaba que estaba con el Presidente del  IND recorriendo los estados y preparando la llegada de los primeros 300 colegas para principios del 2001.

Informé sobre las tropelías de Costa a la dirección de CUBADEPORTES y también a los oficiales de la Inteligencia que me atendían en Caracas y en La Habana, pero las cosas siguieron igualitas.

Un día coincidí en Caracas con Juantorena y le comenté sobre el asunto. Me respondió: “Periodista, no te metas en eso, lo tuyo es entrevistar a nuestros entrenadores y disfrutar aquí en Caracas… Recuerda que tú eres de provincia, ¿te imaginas cuántos de los titulares de Radio Rebelde quisieran estar aquí por ti?”

Ese mismo año, Salmerón dejó la presidencia del IND para lanzar su candidatura como alcalde del municipio Guaicaipuro, en el estado Miranda,  puesto que ganó en las elecciones.  Por cierto, en el 2005 fue acusado por el ministerio público  por altos incidentes de corrupción probada.

Malos pasos y otras andanzas

No sé si en estos malos pasos de Salmerón tuvo responsabilidad Costa. Pero lo que sí descubrí fueron pruebas de que el apartamento donde vivía Costa con su amante (y que era propiedad del  gobierno chavista), fue vendido por Salmerón en $125,000 dólares, repartiéndose el dinero entre ambos. El ex polista partió con su tajada a La Habana y aquí no ha pasado nada hasta los días de hoy. (El informe sobre esta transacción lo entregué a La Habana de inmediato gracias a la colaboración de una fuente cercana a Costa).

Fue entonces que me pasaron a cubrir la Misión Médica cubana y me limitaron mis recorridos con Juantorena.

El 9 de abril del 2001 llegó a Caracas  el primer grupo de 300 entrenadores cubanos que trabajaría en Venezuela. La bienvenida oficial les fue dada por el presidente Hugo Chávez, quien ordenó encadenar a los medios de comunicación para transmitir la bienvenida.

Unos días después llegaron al estado del Táchira los 30 colaboradores deportivos que trabajarían allí. En la comitiva viajaron Juantorena, Costa y varios de sus asistentes. Ambos hicieron hasta lo imposible para que yo me fuera del Tachira, pero no pudieron, considerando que yo tenía una misión de inteligencia asignada. No estaba presente cuando ellos hablaron, pero le debo la información al colega Jorge Alvarez, quien llegaba de nuevo jefe de la misión deportiva cubana.

A finales de abril del 2001 me fui a Maracaibo, enviado a trabajar  al Instituto de Deportes del estado Zulia (INDEZ). Ya era gobernador allí Manuel Rosales, quien perdió las elecciones presidenciales contra Chávez en el 2007 y hoy vive exiliado en Perú.

Juantorena, con el corazón y las manos

El Presidente del INDEZ  era nada menos que Temistocles Cabeza, comunista venezolano y joya de la corrupción venezolana. Un hombre que además de gran amigo de Juantorena, fue su más fiel compinche en los acciones corruptas del niño mimado de Fidel Castro, sí el mismo que corrió en Montreal con “el corazón en la mano” en la Olimpiada de 1976.

Por esos días de mayo del 2001, Raúl Castro autorizó a través del entonces vicepresidente Carlos Lage que Juantorena se mudara a una casa en el municipio Playa, pero resultó que el inmueble tenía serios problemas de plomería y construcción.

Entonces sucedió que el ex campeón tomó “prestado” el dinero de los entrenadores cubano del Zulia y lo empleó  para llenar un contenedor de materiales constructivos y muebles de todo tipo para su nueva casita en Miramar.

Un PC (personal de confianza de la inteligencia) me entregó todos los detalles del escandaloso  desvío de recursos. Pero como siempre sucede, no se podía manchar a una gloria del atletismo cubano y lo informado a La Habana todavía debe estar guardado o fue tirado al cesto de la basura por alguno de los beneficiados. Porque en ese contenedor también iban buenos regalos para Puig de la Barca y Humberto Rodríguez.

Mientras tanto, nuestros 27 entrenadores en Venezuela no vieron un bolívar hasta diciembre del 2001.

En una próxima entrega les contaré sobre la corrupción en las misiones médicas en Venezuela, que no es poca cosa.

*Periodista radial y ex agente de la inteligencia cubana  bajo el alias de «Marcos». Fue captado por el MiNINT en febrero de 1987, labor que desarrolló hasta su deserción en Venezuela en el 2003. Actualmente reside en Miami.

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