
El agravamiento del presidente venezolano Hugo Chávez pudiera desencadenar la aplicación de un plan B por parte del gobierno cubano en sus empeños por salir adelante ante el nuevo e incómodo escenario.
Las señales de la operación quirúrgica y las apelaciones de Nicolás Maduro a «la oración y la serenidad» de los venezolanos no hace pensar en un panorama fácil para Venezuela y mucho menos para Cuba. La victoria de Chávez en las recientes elecciones fue un alivio temporal a la tensión que vive tras bambalinas el gobierno cubano, potenciada con la sucesión de malas noticias de los últimos días.
Al menos, dio tiempo para poder designar un sucesor de la misma línea de Chávez ante una eventual incapacidad para dirigir el país, ya sea por inhabilitación física o mental, o por la muerte del mandatario. Sin embargo, eso no exonera al gobierno cubano de la aplicación de un plan B para profundizar las reformas económicas y evitar el colapso nacional.
La recién anunciada reforma migratoria, que entrará en vigor el próximo 14 de enero, es el primer paso del plan B que tiene oculto bajo la manga el gobierno de Raúl Castro.
Resoluciones silenciosas
En los meses recientes hemos observado un sinnúmero de resoluciones y movimientos que, sin mucho ruido, se están poniendo en práctica por el gobierno. Algunas de estas medidas se han ido publicando en la Gaceta Oficial y otras se están ejecutando lejos del visor de la prensa y los medios de comunicación. En ambas casos no son más que medidas para estructurar el futuro que se acerca inexorablemente.
Entre esas disposiciones destacan la disminución de impuestos para ejercer el trabajo privado, medidas para estimular la producción agrícola y la entrega de locales para ejercer servicios que no funcionan bajo la administración del Estado.
A ese grupo se suma la reciente autorización a los dirigentes de los organismos centrales del Estado (Resolución 372/2012 del Ministerio de Finanzas y Precios) para reglamentar los precios en moneda convertible de las carreras universitarias que ya se ofertan a estudiantes extranjeros. No solo en el campo de la Medicina, sino extensivo a todas las áreas académicas afines a esos organismos gubernamentales.
El deporte no se queda atrás dentro de los planes de apertura del gobierno. La entrada de peloteros cubanos desertores en Grandes Ligas empuja inevitablemente a una decisión que el régimen no digiere fácilmente, pero que resulta inaplazable si es que quiere mantener un béisbol competitivo. Para el año próximo se espera que muchos peloteros cubanos engrosen ligas profesionales de Japón y Taipei de China.
Antes se autorizó el trabajo privado para 183 modalidades, así como a la venta de casas y autos, rubros prohibidos por más de 50 años. A pesar de que más de 500,000 personas ya estén laborando en el sector privado (sumo los campesinos a los 395,000 cuentapropistas registrados por el gobierno), la práctica ha demostrado que no es suficiente.
En el limbo estatal
Casi dos millones de cubanos siguen insertados en la estructura del limbo estatal, una especie de lastre de huelga de brazos caídos, totalmente improductiva. A estas alturas el gobierno ha sido incapaz de crear los espacios apropiados para poner a producir a esa masa de cubanos en el sector privado. Las reformas han resultado hasta el momento poco profundas y muy inflexibles.
El ABC de un eventual plan B tendría que ser la apertura profunda, con leyes flexibles y oportunidades para todos.
Pero habrá que volver a la pregunta clave que enfrenta el castrismo como sistema totalitario e irremediablemente centralizado. ¿Cómo el gobierno cubano enfrentaría la pérdida del suministro de petróleo y la bolsa que significan 50,000 profesionales trabajando en Venezuela a precio de primer mundo y que hoy constituyen uno de los tres rubros principales que apuntalan la economía cubana?
No será con tanques en la calle como se acallaría una situación extrema, porque los tanques, en última instancia, no dan de comer a la población. Se impone una apertura verdaderamente profunda mediante la que los cubanos puedan importar y exportar, los profesionales producir, y los ciudadanos emprendedores convertirse en el motor de la economía.
Una apertura en la que la propiedad privada sea respetad y la gran masa de población incomunicada se conecte con el mundo a través de internet. Una apertura, en fin, en la que el Estado deje de ser el dueño y juez supremo de todo.
Remesas, turismo y níquel
El país no puede seguir dependiendo de las remesas, el turismo y el níquel. El desarrollo tiene que ser paralelo en todas las áreas. Recuperar la industria azucarera significa en estos momentos trabajar duro para atraer el capital extranjero y estimular a la fuerza laboral.
A su vez, el sector inmobiliario requiere de leyes más profundas. No basta con autorizar la venta de las viviendas, sino conformar un inventario de casas nuevas para poder mover el mercado. Actualmente se anuncian más de 100,000 viviendas para la venta en internet, pero el mercado permanece prácticamente inmóvil.
El Estado tiene además que liberar la construcción de viviendas, facilitar la venta de terrenos y abrir el mercado para que los cubanos puedan formar empresas constructoras. También los sectores de turismo, agricultura, viales y producciones industriales requieren del desarrollo de un liderazgo empresarial privado que dé respuesta a las necesidades del país, permitiendo emplear a decenas de miles de profesionales y no profesionales del ramo que hoy están sin producir (arquitectos, ingenieros civiles, contadores, informáticos, albañiles, plomeros, electricistas).
La economía necesita salir de la doble moneda y del racionamiento sustentado. Pero para ello se requiere estimular la producción agrícola. Entregar las tierras sin poner límites productivos. El control del Estado debe ser solo a través de los impuestos y la producción controlada espontáneamente por un mercado regido por la ley de oferta y demanda. Su distribución debe ser ejecutada por un sistema de logística privado, que garantice que las cosechas no se pierdan en el campo y que las entregas se distribuyan puntualmente sin trabas burocráticas.
Señales de confianza
El gobierno cubano tiene que dar señales de confianza para que se hagan realidad las inversiones extranjeras que necesita el país. Se impone crear mecanismos y leyes más flexibles y verdaderamente atractivas.
Una nueva ley de inversiones pudiera aparecer en cualquier momento, impulsada por las nuevas y cambiantes circunstancias.
Pero las inversiones no pueden ser solo oportunidades para los extranjeros. Tanto los cubanos que viven fuera como dentro del país tienen derecho a invertir, pues Cuba es prioritariamente para los cubanos. El desarrollo de un sector empresarial autóctono es vital para el desarrollo futuro del país.
La sociedad necesita reeducarse en el espíritu empresarial, pero para ello no puede haber límite para el emprendimiento, como ha sucedido por cinco décadas en la isla. El único límite debe ser el éxito individual y cada empresario tiene que superarse a sí mismo. El empresariado cubano que ahora se cobija bajo el manto del cuentapropismo necesita aprender a usar los créditos, a implementar estudios de mercado y análisis de factibilidad para para evaluar las inversiones, lo que significa, en otras palabras, desprenderse del tutelaje del Estado paternalista y paralizante.
Y los inversionistas extranjeros requieren de un ambiente seguro para desembolsar el capital. Ese clima significa tener garantías para la repatriación del capital, permitir a las empresas extranjeras radicadas en el país pagar directamente a sus empleados los salarios que ellos consideren, sin la necesidad de agencias empleadoras intermediarias.
La economía necesita la apertura al desarrollo de los sistemas de franquicias, tanto nacionales como internacionales, lo que permitiría la entrada de capital, tecnología y competitividad del mercado.
¿Qué hacer?
¿Parece un relato fantasioso apuntar el camino inevitable? ¿Jugará el gobierno cubano con todas estas cartas para dar respuesta al nuevo mapa político y económico que se recompone ante sus ojos? ¿Están conscientes los cubanos de que el gobierno no podría pagar a precio de mercado los 100,000 barriles diarios de petróleo que llegan desde Venezuela a cambio de la colaboración establecida?
Leyendo hoy las versiones periodísticas oficiales sobre las declaraciones de Raúl Castro en el V Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, llama la atención la prioridad anunciada en la preparación económica de los dirigentes a todos los niveles, y la advertencia de que se valoran «propuestas de nuevas políticas o medidas de superior profundidad y alcance”.
Quisiera pensar que quienes detentan el poder -muchos de ellos octogenarios aferrados a dejar el mando- estén muy preocupados en estos días de cirugías urgentes y reajustes a marcha forzada, y se pregunten qué harían ahora ante un recorte de suministros vitales como el que atravesó el país tras el colapso socialista, con una población joven descreída de promesas y cada dirigente histórico con 20 años más en las costillas.
Esperemos que al menos se lo hayan cuestionado, en las reuniones partidistas, los consejos ministeriales o en la soledad del despacho. De lo contrario tendremos que cruzar los dedos.
*Economista cubano. Ex jefe de planeación estratégica de mercadotecnia en la corporación CIMEX y autor de los libros Cuba: ¿tránsito silencioso al capitalismo? y Marketing without Advertising, Brand Preference and Consumer Choice in Cuba. Es presidente de Havana Consulting Group, en Miami.