
El actor cubano Javier Fernández Jure decidió quitarse la vida ejerciendo su voluntad artística en el mismo escenario donde había forjado sus más recientes espectáculos teatrales.
Fernández, de 45 años, se ahorcó el pasado 30 de junio en una céntrica sala teatral, en la ciudad de Cienfuegos. Antes del trágico desenlace realizó un ritual con velas, fotos y atuendos teatrales, explicó los motivos de su decisión y dejó grabado un poema para Luna, su hija pequeña. Todo quedó filmado por una cámara de video.
Un actor del grupo Velas Teatro encontró el cuerpo sin vida en la sede de la institución, en el boulevard de Cienfuegos.
Fernández dejó todas las evidencias posibles, pero su muerte sigue siendo un misterio para amigos y colegas una semana después de conocerse el hecho. La policía allanó el local, retiró el cadáver y todas las pruebas. Los restos fueron llevados hacia Santa Clara, su ciudad natal, para darles sepultura.
«Por mucho que trato de buscar razones, no acabo de explicarme esta muerte», comentó el teatrista José Oriol González, director del grupo Teatro de los Elementos. «Javier estaba en el mejor momento de su carrera profesional, con un proyecto encaminado, una sede fija para sus espectáculos y buenos actores en el grupo… no había motivos aparentes para desencadenar esta tragedia».
La información sobre las circunstancias de su muerte ha ido saliendo a la luz a cuentagotas en los últimos días. Fernández acababa de retornar de Colombia, adonde viajaba regularmente para realizar proyectos teatrales junto al director cubano Ricardo Muñoz.
Al parecer, el retorno a Cienfuegos le trajo la noticia de que la esposa, también actriz de su agrupación, quería poner fin al matrimonio.

«Fue algo planeado y con mucho valor», agregó González. «Por eso es que no se puede entender, porque Javier era un hombre amoroso, soñador, inconforme, que había enfrentado ya otros retos muy difíciles en su vida».
Nacido el 25 de diciembre de 1966 en Santa Clara, provincia de Villa Clara, Fernández tuvo pasión por la literatura y la actuación desde su adolescencia.
Estudio Actuación en el Instituto Superior de Arte (ISA) en una época de efervescencia para el movimiento teatral cubano. Fue discípulo de Vicente Revuelta, maestro de varias generaciones de teatristas en la isla, y desde los años de estudiante se vinculó a proyectos de renovación y experimentación estética como la trilogía de teatro norteamericano, dirigida por Carlos Díaz a finales de la década del 80.
Graduado del ISA en 1989, trabajó con Teatro del Centro, en Santa Clara, y luego pasó a integrar el legendario Teatro Escambray, en las estribaciones montañosas del centro del país. Con Teatro del Centro dirigió Hijo del alma y Viejos Pánicos; de la etapa en Teatro Escambray se recuerdan sus puestas en escena de Petición de mano, Los equívocos morales y Sin Tener.
Durante su estancia en el Escambray enfrentó un problema por tenencia y consumo de marihuana, y cumplió prisión.
Tras varios años de alejamiento y silencio, pasó a laborar con el Centro Dramático de Cienfuegos y se convirtió en una de los principales figuras de Teatro a Cuestas, bajo la tutela de Muñoz. De ese núcleo creativo surgió Velas Teatro, su proyecto personal, convertido en pocos años una agrupación de primera línea en el ámbito escénico nacional.
Con Velas Teatro realizó La Balada de la Cárcel de Reading, El dulce amargo de las vaginas, La noche del pez luna, El otoño del cerdo Antonio y Shakespeare en confesión. Su última creación, estrenada en febrero, fue La Salvación, una versión de las prosas líricas del volumen Fuegos, de Marguerite Yourcenar.
La noticia de su muerte ha creado conmoción en la comunidad teatral cubana y entre los creadores de la diáspora que lo conocieron.
«Tenía una muy particular manera de ver el teatro, fruto de la mezcla de sus maestros y sus lecturas, era mitad ángel y mitad diablo», recordó el teatrista Rubén Darío Salazar, intergrante del grupo Papalote, en Matanzas. «Todo en Javier era convulso, sus amores y su teatro».
Salazar calificó al artista fallecido como «un hombre que amó el teatro con locura, con la pasión desmedida de los poetas».
La actriz Lili Rentería, quien compartó con Fernández en las aulas del ISA, escribió: «Estoy muy triste por la perdida física de un ángel azul, para el que este mundo le fue hostil. Te deseo Javier Fernández Jure, toda la luz posible, para que así encuentres cobija entre los tuyos».