Fallece en Miami el cineasta Alberto Roldán

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Alberto Roldán (derecha) durante los rodajes de La Ausencia, en La Habana de 1967.

Por Wilfredo Cancio Isla

El cineasta cubano Alberto Roldán falleció este lunes en Miami, víctima de cáncer. Tenía  81 años.

La noticia de la muerte de Roldán fue confirmada a CaféFuerte por fuentes cercanas a su familia en Miami.

Nacido en La Habana en 1933 en el seno de una ilustre familia de músicos, era hijo del celista Alberto Roldán (1902-1942) y sobrino del célebre compositor Amadeo Roldán (1900-1939), ambos pilares del movimiento de renovación musical cubano de comienzos del siglo XX.

Cursó la primera enseñanza en el Columbus School del Vedado, pero tras la inesperada muerte de su padre, Roldán se vio obligado a dejar los estudios de bachillerato y comenzar trabajar desde muy joven.

Laboró primeramente como locutor, operador de audio y musicalizador en CMBF-Radio Musical Nacional y luego pasó a la emisora CMQ,  donde llegó a ocupar una posición de prominencia como musicalizador de televisión, en la década del 50. Allí en CMQ creó junto a Jorge Fraga un cine-club, que sirvió para canalizar sus intereses en la creación cinematográfica.

Una vez en el puerto

En 1960 se incorporó al naciente Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y pronto descolló entre los pilares de un grupo de jóvenes creadores que hizo del documental una de las expresiones más vitales y atractivas de la época.

En el ICAIC laboró como productor, asistente de dirección y finalmente como director, bajo la influencia de Theodor Christensen y Joris Ivens, dos de las personalidades que asesoraron la arrancada del ICAIC. Entre sus documentales figuran Médicos de la Sierra (1961), Colina Lenin (1962), Primer carnaval socialista (1962) y Una vez en el puerto (1963).

Pero su momento de máximo esplendor como director -y a la vez su temprana despedida del cine cubano- fue con La ausencia (1968), el único largometraje de ficción de su carrera.

Con guión de Roldán y Sergio Corrieri, el filme aborda el tema de la responsabilidad individual e histórica a partir de la historia de un paciente, víctima de un accidente automovilístico. Sometido a una discutida cirugía, el hombre termina atrapado en un cuadro de amnesia parcial.

La ausencia y el silencio

«Alberto Roldán fue uno de los más importantes cineastas de la época dorada del cine cubano», consideró el realizador Fausto Canel, quien compartiera con él la etapa del ICAIC «Una vez en el puerto  y La ausencia son dos momentos clave del cine de los años 60″.

El crítico Juan Antonio García Borrero opina que La ausencia es uno de los filmes menos comentados del cine cubano y lo sitúa en el vórtice de los debates que mantenían los cineastas en el plano estético, en la búsqueda de una cinematografía más personal, menos dependiente de las recetas del cine occidental.

«Realizado en las mismas fechas de Memorias del subdesarrollo (1968), de Tomás Gutiérrez Alea, Lucía (1968), de Humberto Solás, y La primera carga al machete (1969), de Manuel Octavio Gómez, conceptualmente estaría más cerca del filme de Titón, si bien en lo formal comparte ese espíritu de experimentación que movilizó a la producción de ese período», escribió García Borrero.

El camino del exilio

En 1969, tras censurársele un guión y sostener varios altercados con Alfredo Guevara, presidente del ICAIC, pidió que lo dejasen marcharse al extranjero. Pero la respuesta de Guevara fue expulsarlo del ICAIC.

Durante 12 años estuvo haciendo trabajos manuales como albañil y enrollador de pelotas de béisbol hasta que finalmente consiguió salir por Costa Rica, en 1981.

Vino poco después a Estados Unidos y trabajó como reportero de televisión en Tampa y realizador de comerciales en Nueva York, hasta que decidió incorporarse a Radio Martí tras su inauguración en 1985. Con posterioridad pasó a Televisión Martí y tuvo la responsabilidad de director del Departamento de Producción hasta su retiro, el pasado año.

Es un dato casi desconocido que en los años 80 Roldán dirigió en el exilio dos documentales, asociado a la empresa de audiovisuales que el, realizador Eduardo Palmer, amigo de la infancia, tenía en Santo Domingo, República Dominicana. Allí filmó comerciales para televisión y cine, y los documentales Los Perseguidos, rodado en Honduras y Nicaragua, y  The Jamaican Decision,  realizado en inglés, Los Perseguidos   aborda la tragedia de los indios miskitos, sumos y ramas, que fueron perseguidos por los sandinistas ante su renuencia a aceptar el marxismo.

En el 2002, publicó su libro de memorias La mirada viva, un intenso testimonio de sus años en el cine.

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