Jon Lee Anderson: No habrá transición suave al capitalismo en Cuba

El periodista e investigador estadounidense Jon Lee Anderson
El periodista e investigador estadounidense Jon Lee Anderson

Jon Lee Anderson, el avezado periodista de temas internacionales, responde a una entrevista del conglomerado mediático brasileño  O Globo sobre el presente y el futuro de Cuba. Anderson respondió las preguntas por correo electrónico, desde las montañas de Nuba, Sudán del Sur, donde cumple una de sus intrépidas coberturas periodísticas.

CUBA, AL FINAL DE UNA ERA

Por O Globo

Autor de una biografía es considerada por muchos como el relato definitivo de la vida de Ernesto Che Guevara, Jon Lee Anderson estima que Cuba está llegando al final de una era.

Para contar la historia de la guerrilla, el periodista pasó tres años en la isla, donde tuvo acceso a documentos no publicados, y además viajó por Bolivia y Argentina. En los últimos años ha escrito al menos tres ensayos sobre la situación política en Cuba.

Famoso por hacer una inmersión profunda en escenarios que retrata en  sus libros y reportajes para la revista The New Yorker, el periodista estadounidense de 55 años, se distinguió con la cobertura de los conflictos en países como Irak, Afganistán, Angola y el Líbano, entre otros. También es reconocido por sus perfiles de líderes políticos como Hugo Chávez, Fidel Castro y Augusto Pinochet.

Anderson tiene una fuerte relación con América Latina, donde comenzó su carrera en 1979 en el Lima Times, en Perú. En los años 80, cubría la región para la revista Time. En 2009, publicó un largo reportaje sobre las acciones de los traficantes en Río de Janeiro, que incluyó visitas a Morro do Dende y la entrevista con el traficante de Fernando Gomes de Freitas, Fernandinho Guarabu.

Nacido en California, el periodista es hijo de un diplomático y fue criado en países como Corea del Sur, Colombia, Taiwán, Indonesia, Liberia y el Reino Unido.

Con el lanzamiento de una edición actualizada de la biografía del Che por la editorial Objetiva, Anderson reflexiona sobre el alcance de ese mito en la política latinoamericana y el futuro de la región en un contexto de ascenso de gobiernos de izquierda. En una entrevista con O Globo realizada por correo electrónico directamente desde la región de las montañas de Nuba, Sudán del Sur, Anderson analiza el papel de la Iglesia en colaboración con el Estado después de la visita de Benedicto XVI al país, la situación económica de la isla y los efectos del final de Hugo Chávez en Venezuela y Cuba, además de defender una postura más activa del gobierno brasileño en relación con el régimen de los hermanos Castro con el fin de lograr más progresos en el ámbito de los derechos humanos.

O GLOBO: Usted dijo que Cuba está muy cerca del fin de una era. Para la nueva generación de cubanos, más que un ícono en camisetas o en afiches en La Habana, ¿qué significa todavía el mito del Che?

JON LEE ANDERSON: En Cuba la juventud está dividida en cuanto al Che Guevara. Para algunos es el aborrecido símbolo de una revolución pregonada por viejos que aún dominan el país usando la retórica del socialismo. Para otros, a pesar de todo, él permanece como una figura potente, admirable, como un George Washington revolucionario o la figura de Gandhi, un padre fundador del sistema único de nacionalidad determinista de Cuba, alguien para imitar en sentido abstracto, con una sensación de inalcanzable. Algo como Cristo.

O GLOBO: ¿Cómo reconocer la influencia del Che en la política de Latinoamérica?

ANDERSON: La influencia puede ser vista en una generación de líderes -más notablemente en Hugo Chávez y Evo Morales, pero también Daniel Ortega, Fernando Lugo, Rafael Correa y hasta Néstor Kirchner- para quienes el peligro de una invasión militar estadounidense disminuyó, a pesar de cualquier política de confrontación que hayan adoptado. De la misma forma en que Fidel siempre fue visto como una fuente de orgullo nacionalista para Latinoamérica por su actitud de desafío en relación con los EEUU, incluso entre políticos conservadores, el Che es un Santo Patrón conveniente. Él tambien puede ser usado astutamente como señuelo por políticos cuyas credenciales revolucionarias son prácticamente nulas, como forma de apelar a la juventud inquieta.

O GLOBO: ¿Un gobierno socialista puede tener una transición suave hacia el capitalismo?

ANDERSON: ¿Transición suave? Lo dudo. Solamente la cuestión de la propiedad en Cuba es altamente complicada. Existen muchos cubanos viviendo en casas compartidas con otros y que no fueron compradas. Son legados de las confiscaciones de bienes de los que huyeron. Desde el colapso de la Unión Soviética existe un floreciente mercado negro de inmuebles que se extiende hasta a extranjeros “comprando” casas y usando inquilinos cubanos como testaferros. Dependiendo de las garantías que la revolución exija, existe la posibilidad de que redes criminales surjan en ese mercado. Por otra parte, las vicisitudes del socialismo cubano en las últimas décadas prepararon a sus ciudadanos para un mundo emprendedor donde cada uno se vale por sí mismo. Con control, eso debe permitir la aparición de una nueva clase media. Pero uno puede preguntar cómo los jóvenes y los viejos saldrán adelante.

O GLOBO: ¿Cuál es la situación de la economía?

ANDERSON: El azúcar está casi muerta como industria en Cuba. Hace poco un poco de petróleo, pesca y turismo pero la agricultura está en pésimas condiciones. No hay exportaciones suficientes aparte de ron, emigrantes y tabacos. Eso es nada. Al final está el turismo y una economía de servicios que, desgraciadamente para los cubanos, incluye una próspera industria de sexo y un modo nacional de hacer trampas como modo para sobrevivir. Es mucho lo que habría que hacer para evitar que Cuba se transforme en un tipo de sociedad criminal organizada que ya hemos visto en otros estados socialistas. Eso va a depender en gran parte de las actitudes y políticas de los propios gobernantes cubanos.

O GLOBO: ¿La Iglesia puede ser esa especie de aliada y al mismo tiempo, oposición amigable al régimen?

ANDERSON: Si, es una posibilidad. Cuando el Papa Juan Pablo II visitó Cuba en 1998, fue un momento significativo en el cual los Castro parecieron estar dispuestos a permitir que la Iglesia actuase como una especie de garante de alguna apertura política. Esa ventana fue cerrada en 2003, cuando Bush invadió Irak y los Castro se sintieron amenazados por un cambio de régimen inspirado en EEUU. La inseguridad aumentó con la enfermedad de Fidel y los primeros años de Raúl en el poder. El hecho de que Chávez haya surgido en la última década como un benefactor hizo viable la represión. Es posible que estemos ante un reinicio de ese proceso, que comenzó bajo Juan Pablo II y que después fue congelado.

Los líderes de la Iglesia cubana claramente se adaptaron a la Revolución y adoptaron una visión de largo plazo. Eso es clave para que ella sea una intermediaria confiable  con adversarios políticos.

O GLOBO: ¿Es posible revisar el modelo económico de la isla sin cambios políticos?

ANDERSON: Eso es un híbrido del modelo de transición en China, Vietnam y otros estados socialistas que optaron por la apertura económica, pero sin concesiones políticas. Al final, va a depender de la percepción de inseguridad, y los Castro pueden permitir que la Iglesia actúe como un garante para algunas limitadas libertades políticas, pero nada que desafíe la suprema autoridad del Partido Comunista. Ellos son altamente conservadores. El tiempo va a decir si pueden reprimir su naturaleza burocrática y tolerar nuevas libertades económicas que comiencen a alterar realmente el escenario social en Cuba.

O GLOBO: ¿Cómo el cáncer de Hugo Chávez puede afectar la alianza entre Chávez, Fidel y Evo Morales? ¿Podemos ver un aumento de la influencia estadounidense?

ANDERSON: El cáncer de Chávez y su posible muerte en un futuro próximo, representarían un cambio radical en el escenario político de Latinoamérica. Sin hablar de la propia Venezuela. Si el sucesor no continúa con la generosidad financiera regional, los países que la reciben, como Cuba, se verán fuertemente afectados. Eso puede tener un efecto similar para la isla al de corte de subsidios de la Unión Soviética en la década de los 90. Y también va determinar el nivel de influencia de EEUU en la región. Habrá una oportunidad de resurgimiento del poderío estadounidense con una nueva configuración, más respetuosa tal vez, pero en mucho depende de cuán sabiamente el presidente de EEUU y sus emisarios vayan a proceder. En el pasado, la sabiduría no fue la principal característica de Washington en Latinoamérica. Otra cosa: el poder estadounidense ha disminuido como resultado de los errores de los años de Bush, el ascenso de China y el declive de la economía de  EEUU. Brasil ahora tiene lugar en la mesa de negociaciones en el hemisferio, un lugar merecido y bienvenido. La política exterior de EE.UU. hacia la región tendrá que tener esto en cuenta.

O GLOBO: ¿En cuál escenario sería posible el fin del embargo de EEUU a Cuba?

ANDERSON: La eventual muerte de Fidel puede ser una oportunidad para acabar con ese embargo anacrónico. Si EEUU juegan duro de verdad, como lo han hecho hasta ahora, entonces puede ser que esperen concesiones económicas reales y algunas políticas también. Pero nada antes de la reelección de Obama como presidente. Él precisa de los votos cubanoamericanos de la Florida.

O GLOBO: La primera visita a Cuba de Dilma Rousseff como presidente fue objeto de controversia después de la muerte de otro disidente. ¿Puede Brasil influir en el gobierno cubano para ofrecer más libertad de expresión?

ANDERSON: Creo que Brasil tiene un papel muy importante en el hemisferio y que el líder brasileño puede y debe utilizar su influencia para conseguir calmadamente algunas concesiones a los cubanos. Será más fácil para ellos aceptar las peticiones procedentes de Brasil que las de los americanos. Se puede optar por trabajar con discreción, ahora, pero si es necesario, hablar si la situación lo requiere. La liberación de los presos políticos podría compensar cualquier inversión brasileña o de crédito financiero. No debería ser tan difícil y debe hacerse.

*Traducción: Café Fuerte

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