Este 10 de octubre, fecha patriótica para todos los cubanos, la comunidad exiliada de Miami fijó un pilar para la recordación permanente de su largo peregrinar por la libertad.
Frente a las olas que bañan el Malecón de la Ermita de la Caridad, en Coconut Grove, fue develado un banco memorial por las 37 víctimas del remolcador 13 de Marzo, la inconmensurable tragedia ocurrida frente a las costas de La Habana hace 32 años, y también en tributo a todos los cubanos fallecidos en el Estrecho de Florida en búsqueda de un futuro de dignidad para sus vidas.
Nunca serán suficientes los empeños para mantener viva la memoria histórica sobre este abominable crimen, perpetrado por el régimen de Fidel Castro en la madrugada del 13 de julio de 1994, detonante de las manifestaciones populares del Maleconazo y de la crisis migratoria de ese agitado verano en la isla. Crimen que a los días de hoy permanece impune, sin que siquiera los responsables de la infamia se hayan dignado a asumir una disculpa o, al menos, un esclarecimiento sobre lo ocurrido.


Gracias a Jorge García, que tuvo la hombradía de reponerse del golpe de perder 14 familiares en la masacre para reconstruir lo sucedido paso a paso, tenemos un documento invaluable de investigación y denuncia. Su libro El hundimiento del remolcador 13 de Marzo (2001) es un registro fundamental para conocer la verdad en torno a la salida del remolcador y de cómo se fraguó la acción criminal, con el apoyo directo del Ministerio del Interior (MININT) y las maniobras de embarcaciones equipadas con mangueras para embestir el remolcador que huía de Cuba con 72 pasajeros a bordo.
El libro de Jorge queda como una contribución esencial contra el olvido del drama cubano y es una asignatura pendiente para el cine de Hollywood. Jorge García murió en Miami en junio de 2024, clamando incansablemente por justicia para las víctimas. Hay que volver una y otra vez a ese texto como recordatorio insustituible de nuestros espantos nacionales.
El banco fue colocado en los terrenos de la Ermita junto a la escultura «Angels Unawares», del artista canadiense Timothy Schmalz, instalada allí en 2025, con un significado profundamente humano y dignificante en torno a los refugiados que llegan buscando amparo en Estados Unidos.



Durante la ceremonia de este sábado, las fotos de los 10 menores fallecidos en el trágico naufragio fueron colocadas en la base de la simbólica escultura. Los nombres de las 37 víctimas fueron leídos y el estremecedor testimonio de María Victoria García, sobreviviente que reveló al mundo los pormenores del crimen, volvió a escucharse entre los asistentes. María Victoria, hija de Jorge García, perdió a su hijo Juan Mario Gutiérrez, de 10 años, y vivió atormentada por la hecatombe familiar hasta su muerte, ocurrida en Miami en enero de 2024.
Dos ramos con 19 girasoles cada uno fueron colocados en el muro del Malecón en representación de las 37 víctimas y los balseros desaparecidos en el mar durante el prolongado calvario cubano.
Tres sobrevivientes de la tragedia, Ivan Prieto, Gustavo Martínez y su hijo Yandy Martínez, quien tenía nueve años entonces, estuvieron entre los presentes en el acto de recordación y también dejaron escuchar su dolor perenne.
Rosa María Payá, líder de Cuba Decide y miembro de la Comisión Interamericana de Derehos Humanos, leyó fragmentos de la contundente denuncia que su padre, Oswaldo Payá Sardiñas, emitió tras entrevistarse con los sobrevivientes y conocer de primera mano los pormenores del asesinato cometido por el régimen cubano.
No puede faltar en el recuento de la jornada la mención al doctor Omar Vento, presidente de la Fundación para la Democracia Panamericana, quien fue el artífice de esta iniciativa y patrocinador de la colocación del banco memorial.
Merece apuntarse de una vez la contribución del doctor Vento en la promoción y defensa de los reclamos cubanos en el exilio. Calladamente, sin alardes ni exaltaciones, con la modestia que no reclama protagonismo, Vento acumula una enjundiosa obra anónima por décadas –y no debidamente reconocida—como pilar de la comunidad cubana, ya sea brindando apoyo de atención médica, enviando suministros a sus compatriotas en la isla, ofreciendo ayuda a prisioneros políticos que ya forman parte de su entorno familiar o incluso financiando con su aporte personal publicaciones de valor histórico- cultural de su natal Pinar del Río. La llamada causa de Cuba le debe mucho a personas de su sencillez e integridad a toda prueba.
«Con la bendición de este banco dedicamos un lugar a la memoria, al silencio, a la oración y a la esperanza… Quienes se sienten aquí mirarán el mar, ese mismo mar que un día contemplaron tantos cubanos soñando con alcanzar una vida en libertad», dijo el padre Ángel Andrés González al bendecir el sitio.
La jornada culminó con una misa en el recinto de la Ermita por el eterno descanso de las víctimas de la tragedia cubana.